Tormenta verbal

POR Karla Intriago Zambrano
kainza84@yahoo.com
El país hoy más que nunca necesita reencontrarse con la paz y la armonía. Los ecuatorianos en los últimos 27 años de democracia hemos sido víctimas de las implacables guerras verbales de quienes han ostentado el poder político con el único fin de disputarse a dentelladas las inmensas riquezas económicas que genera nuestra hermosa geografía. Por ejemplo, somos un país petrolero, sin embargo no sabemos por qué los pobres no han disfrutado por igual del famoso “oro negro”. Por el contrario, los humildes, los que no tienen trabajo, educación o salud han tenido que emigrar de su tierra porque han sido abandonados por los gobiernos de turno.
Como nunca la sociedad ecuatoriana está siendo espectadora de los hechos más bochornosos producidos por las principales funciones del Estado, es decir, por quienes lideran el ordenamiento jurídico, normativo y ético de una nación. No es posible aceptar tanto despropósito de las mentes de los que, se supone, deben ser los paradigmas de las presentes y futuras generaciones. Daría la impresión que han entrado en una competencia de quien grita más, del que insulta más y del que más tribunas tiene para lanzar una hemorragia de palabras hirientes y lesivas al honor y la dignidad de las personas, gremios e instituciones que sustentan la vida organizacional de los seres humanos dentro del marco social, político y económico de un Estado jurídicamente constituido.
La historia luminosa, ejemplar y sabia no la escriben los torpes, los inciviles y los imbéciles. La escriben los grandes estadistas, los estudiosos, los filósofos y los responsables que aman a su patria, a sus semejantes y a la humanidad, de tal manera, que las líneas maestras por donde podamos transitar sean las de la prosperidad, el desarrollo, el progreso y el bienestar común, para que nadie sufra de tantas limitaciones que provoca precisamente la brutalidad y la sinrazón, por no tener la suficiente serenidad, tolerancia y sapiencia en timonear la nave.
Nadie discute que los protagonistas de los enfrentamientos políticos del Ecuador del siglo XXI, tienen malas intenciones. No de ninguna manera. Lo que esta ocurriendo es que se están dejando llevar por un exacerbado afán de hacer las cosas demasiado rápido y eso no esta bien. Que es necesaria una consulta popular para irnos a una Asamblea Constituyente, perfecto, muy bien. Se sobreentiende que es para remozar a las leyes y mejorar el nivel de vida. Pero la gran pregunta sería para qué hacerlo, si la vamos a irrespetar como actualmente se lo esta haciendo, donde quiere gobernar el que más grita e imponer la ley del más fuerte.
La Biblia en Eclesiastés señala que “hay un tiempo para cada cosa, y un momento para hacerla bajo el cielo”. Lo que quiere decir que cada cosa llegue a su tiempo, sin atropellar a nadie, respetando los espacios que tienen cada una de las funciones del Estado. Sin apresurarse y sin perder el objetivo noble y justo que tiene cada aspirante a construir una nueva sociedad. Eclesiastés mismo remarca “… Pues en los largos sueños hay muchas ilusiones, y lo mismo en las muchas palabras. Por eso, teme a Dios”.
Por favor, no más leña al fuego. Es la hora de reflexionar. De meditar. De no lesionar. Los políticos de la vieja guardia y los nuevos deben ponerse de acuerdo para enrumbar al Ecuador por nuevos senderos. El pueblo-pueblo lo que quiere es paz y seguridad para poder trabajar y llevar el sustento diario a sus familias. Entonces, nuestra sencilla solicitud es que a partir de ahora, se inicie una nueva etapa en la lucha política, con claridad mental y limpios espíritus para avanzar hacia nuevas metas donde podamos todos cristalizar nuestras positivas ideas hacia el bienestar de la humanidad.
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