El Autonomista.com

Mayo 1, 2008

Simplifiquemos

Clasificado bajo: Opinión, Edición 237 — El Autonomista @ 12:55 am


POR Juan Ramón Cevallos Viteri

Sin dudas que todos quieren hacer algo y muchos entrar a la Historia. Hay oportunidades para aprovecharlas en un mundo complejo y saberlas cumplir con los compromisos, obligaciones o derechos con procedimientos, mecanismos que permiten atenderlos pero siempre habrá que dejar para mañana algunos asuntos porque es imposible cumplir con todo en el día, además que no hay cuerpo que los aguante. Entonces es cuando la facultad más preciada que dio la naturaleza al hombre, pensar y razonar, induce a resumir los hechos y a simplificar trámites y procedimientos para solucionar los problemas pero en el medio pareciese que se actuara en sentido contrario porque todo se complica.

Si nos ubicamos en el campo burocrático las gestiones se entorpecen y enredan por un mar de requisitos y papeleos previos que se exigen cumplir para extender un simple certificado, y si a esto le sumamos la pesadez del burócrata que atiende esa oficina, encontramos que la incapacidad, la irresponsabilidad o los prejuicios acaban por entorpecer la administración hábil y eficiente porque hay un personal burocrático excesivo e improvisado que para justificar su presencia, crea un inútil papeleo, mientras por otro lado, exprime las escuálidas arcas del estado. Así piden: ¡Traiga un certificado de buena conducta! ¡Presente el último recibo de pago del consumo de energía eléctrica! ¡Un certificado de la central de riesgo! Saque la última cédula de identidad cuando ya le han hecho sacar una que en la parte inferior de la misma dice: “Esta cédula es válida hasta la muerte”, y otras boberas más, y para rematar, cuando todo se ha cumplido y el tiempo apremia le sale el jefe burócrata con la bobera mayor: ¡Señor, no lo podemos atender porque el sistema está interrumpido! El usuario necesita el documento, angustiado le pregunta: ¿cuándo arreglarán el sistema? Señor, no sabemos porque escapa a nuestro control. Mientras tanto, el usuario ha perdido tiempo, paciencia y dinero y es posible que la oportunidad de viaje o negocio hasta lo pierda por culpa de una adiposa y torpe burocracia que a nadie le interesa tecnificar, capacitar, en definitiva, mejorarla.

La pregunta que la ciudadanía se hace: ¿qué clase de gobernantes hemos tenido y tenemos? Antes se responsabilizaba a los kikuyos… y ahora ¿a quién tenemos que culpar? Esto es responsabilidad de una burocracia numerosa propiciada por los politiqueros de turno que poco o nada les interesa el bienestar y progreso del país.

Si queremos referirnos a la Función Judicial el problema es más grave. Antes, un profesional por la mañana quedaba al día en el conocimiento de trámite de sus juicios. Hablaba con el juez, sacaba copias, etc.; ahora todo es posible, sí pero con el “dolarito” de lo contrario no aparece el auxiliar para sacar las copias. En los Juzgados le exigen a los abogados acompañar a la demanda copia de la credencial de abogado para ejercer la defensa cuando hay profesionales que toda su vida en el medio han ejercido la profesión y están por colgar los botines cuando debía ser lo contrario, esto es, que los nuevos empleados que aparecen de la noche a la mañana con concursos o sin concursos y no saben qué hacer, presenten sus credenciales para saber por qué están ahí.

La presentación de las credenciales es una soquetada porque esto no evita que se presenten falsos abogados con falsificadas credenciales porque nadie verifica si son auténticas o no, ¿para qué estas boberas? Lo grave es que al falso abogado, cogido en el delito existen profesionales que se prestan para el testaferrismo, cometiéndose en esta forma otro delito. Pregunto ¿para qué tanta payasada?

Existen Magistrados, Jueces y Judiciales que con sus iniciativas pueden encontrar o dar pautas o caminos que permitan tener éxito. El juez o magistrado debe ejercer su creatividad y con libertad, dentro de la ley dejar el camino expedito para una justicia ágil y eficiente sin condiciones ni condicionamientos impuestos por el centralismo despistado de nuestra realidad, convencido que al hacerlo está sirviendo a los demás.

En la función pública se debe actuar en sana competencia, tratando de ser el mejor y así tendríamos una nueva sociedad sin las tan cacareadas promesas de los políticos en épocas de elecciones.

El mejor burócrata es el que más creatividad exhibe y más capacidad y responsabilidad tiene para superar los inconvenientes que se presentan.

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