SALUD
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| El estreñimiento infantil | ||
| Dr. Carlos Intriago Solórzano | CarlosIntriago.Medic@hotmail.com | ||
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Los niños desde su nacimiento hasta el sexto mes sólo se alimentan del seno materno, beneficiándole de todos los nutrientes requeridos, más los anticuerpos que le ayudan a mejorar su sistema inmunológico. Sin duda la lactancia bien proporcionada, hace que el niño crezca saludable y sin problemas. Poco después las necesidades energéticas van aumentando y el infante requiere de otros alimentos a más de la lactancia y es allí cuando su sistema digestivo comienza a producir con el pasar del tiempo enzimas; además hay que tener en cuenta su función renal la cuales es óptima cuando la alimentación va aportada por suficiente cantidad de agua y una baja carga renal de solutos (sustancias disueltas en líquido tales como sales minerales, glucosa), como es el caso de la leche materna. Sin embargo, la ingesta de la leche de vaca o de fórmulas infantiles mal preparadas en los primeros meses de vida, puede tener efectos más adversos en sus primeros ciclos alimenticios, presentando así vómitos o diarreas persistentes que alterarían ambos sistemas (digestivo o renal) o por separado.
Por ello, es que los padres deben llevar una dieta balanceada en cuanto al consumo de los primeros alimentos, puesto que de no ser así, desencadenarían otros efectos como cuadros alérgicos alimentarios, procesos diarreicos o estreñimiento o constipación a temprana edad. La digestión y absorción de grasas es deficiente en el recién nacido y en el prematuro debido a que la actividad de ciertas enzimas pancreáticas y la cantidad de sales biliares son insuficientes. Esta baja actividad se compensa especialmente por una lipasa específica contenida en la leche materna que se activa al llegar al duodeno (porción del intestino delgado próxima al estómago), lo que no ocurre cuando la leche materna es reemplazada por fórmulas lácteas. La madre que en su conexión con su hijo, es la primera en observar que el tránsito intestinal en el infante ha cambiado cuando su ritmo normal de cambio de pañal es más lento que el de costumbre y puede confundir el diagnostico. Por ello es que debemos definir al estreñimiento Se define al estreñimiento ya sea como disminución en la frecuencia de las deposiciones o deposiciones dolorosas. Los niños entre 1 y 4 años de edad generalmente defecan entre 1 y 2 veces al día, y más del 90% defeca como mínimo pasando un día. Cuando un niño está estreñido por un tiempo prolongado puede comenzar a ensuciar su ropa interior. El término médico utilizado para describir este síntoma que ocurre en niños con estreñimiento crónico es de Encopresis. Al menos en las visitas al especialista gastroenterólogo pediátrico se deben a problemas de estreñimiento. En algunos niños, el esfuerzo y las dificultades para defecar (usualmente con heces fecales blandas) pueden deberse simplemente a un sistema inmaduro, con músculos rectales que no se relajan en el momento preciso. Debe recordarse que algunos niños saludables a los que se amamanta pueden pasar varios días sin defecar. Posteriormente, el estreñimiento puede comenzar cuando la dieta del niño no incluye suficiente fibra o líquidos.
Debemos conocer las causas del estreñimiento infantil y su manifestación clínica, para de esta manera llegar a un tratamiento que tranquilice tanto al niño como a la progenitora que es la que en muchos casos se desespera por encontrar una solución inmediata a esta alteración del tránsito intestinal. |
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Es importante saber que la capacidad gástrica del lactante aumenta de 10 a 20 mililitros (ml) en el nacimiento hasta 200 ml al primer año, lo que le permite consumir comidas más abundantes y menos frecuentes. La velocidad de vaciamiento es relativamente lenta, dependiendo del volumen y la composición de la comida. El páncreas es otro de los órganos que aún no secreta los niveles necesarios de ciertas enzimas para culminar el proceso de la digestión; el hígado está asimismo finalizando la maduración de muchas funciones, como la capacidad de formar glucosa, de sintetizar ácidos biliares (necesarios para la digestión de las grasas), etc.
El bebé estreñido no está molesto en todo el día, ni se queja, pero en el momento que siente deseos de defecar, gruñe, se pone rojo o incluso llora por el esfuerzo y el dolor. Cuando los niños son algo mayores, y sienten dolor, empiezan a controlar los esfínteres. De esta forma, intentarán evitar defecar y el problema empeorará.
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