El Autonomista.com

Septiembre 17, 2007

Revolución Justiciera Alfarista

Clasificado bajo: Opinión, Edición 226 — El Autonomista @ 6:25 am


POR Juan Ramón Cevallos Viteri

Aquí en nuestro valle de Portoviejo con gente abierta, impetuosa y risueña, vio la luz primera, Mauricio Montesdeoca Martinetti. Creció entre los niños de la ciudad, jugando en las vegas pobladas de mangos y algarrobos y entre los claros de los caminos y trillos, recibió los rayos del sol que se expandían sin preferencias y a medida que avanzaba el tiempo entre la algarabía juvenil y la indiferencia al azote social que amanecía y que más tarde recrudeció, desbrozó caminos tarareando canciones montubias al aire libre como los recogedores de café que marcaban sus mejillas con el gesto del cansancio y el temor.

Los poetas y pintores concentrados en la ciudad inician su inspiración con el verso y la palestra entonando la lucha social, retratando la realidad con el verso y la pintura para la protesta social. Mauricio, ya adolescente entra a vivir hechos que procesados en la escuela y el colegio comienza a entender el mundo de las desigualdades sociales donde la vanidad invade a la meditación que se aleja y las palabras se convierten en la demagogia que engrandece o minimiza respondiendo a los claros intereses de un materialismo decadente, frustrante y agotador. Las costumbres, compañeras del tiempo van perdiendo su prístina transparencia remplazándolas con la ambición desmedida. El sentimiento va perdiendo su fuerza convincente, fraterna y solidaria, y su debilitamiento da paso a la hipocresía, que aliada al temor es el cuerpo que aparece en el nuevo escenario comunitario, escondiendo las aviesas intenciones de una sociedad, tal vez opulenta pero negativa para las grandes empresas de solidaridad humana y el bien común.

Los conceptos se renovan y en medio de estos cambios, la personalidad, la psicología, las ideas toman diversos matices y la vida es un eterno desafío, un permanente reto a la muerte llevada por los cobardes sin conciencia, sin metas, cobijados en las cavernas de la traición, protegidos por el miedo de vivir con libertad, dignidad y con justicia, agazapados y empujados por la fuerzas del mal se lanzan a la caza de los que triunfan en el presente civilizado.

Mauricio lleno de sentimientos fraternos con su mirada puesta en el horizonte sigue creciendo entre amigos y familiares, intelectual y espiritualmente alternando entre la campiña y las yodadas costas manabitas. En el campo con la imaginación de nuestros hermanos campesinos con la presencia del Duende, la Taconasa donde la imaginación vuela y las creencias llevan a diversos comportamientos, y luego la fértil imaginación del hombre del campo que estaba golpeado con la perdida de sus bienes y la vida de sus seres más queridos, sus padres e hijos, el miedo comenzó a cundir en sus hogares, y ahí, es cuando surge la imagen de EL JUSTICIERO que con hondo sentido de comprensión, justicia y solidaridad, aparece en nuestras comarcas haciendo justicia, dando protección y garantías a nuestros agricultores, a los comerciantes, a los artesanos que eran presa de una terrorífica obsesión de salir a la ciudad, dejando desolado los campos para más tarde en la ciudad ser víctimas de los asaltos, secuestros, violaciones, de la inseguridad que los atenaza sin poder salir por las noches con la tranquilidad de otros tiempos, donde antes la vida nocturna, romántica y bohemia, que daba contenido a la vida, ahora campea el miedo porque se sale de la casa sin saber si regresa.

Las calles solariegas de ayer, hoy son la senda del miedo y la muerte. El miedo que se apodera de mujeres y hombres; el miedo que no los deja actuar porque los ha hecho perder la decisión de ejercer sus derechos.

Miedo a casi todo hasta lo que significa ejercer el derecho de defensa a la vida, a la justicia, y en medio de este laberinto, surge EL JUSTICIERO, ese ser mítico que encarna el valor, la justicia, el derecho, la comprensión para volver aquellos momentos del ayer que añoramos con los aportes de la cultura y civilización de ahora. Es aquí cuando ese ser mítico se encarna en Mauricio Montesdeoca Martinetti para devolver la confianza ciudadana, la seguridad social que tanto ansiamos, y surge como candidato Asambleísta con un proyecto de seguridad social que no es un enunciado sino un Proyecto Integral que comprende el eje de la educación, la salud y el desarrollo; Un segundo eje, la Seguridad Jurídica que brinde garantías a la vida y al patrimonio; y en Tercer lugar , el eje de la Seguridad Económica, todo esto va a dar lugar al cambio de la sociedad que todos anhelamos para trabajar, tener bienestar y progreso para seguir adelante viviendo en un ambiente de confianza, alegría y sentido humano para enfrentar y solucionar los problemas que acosan todos los días y que el miedo no los deja actuar, y a los políticos les quita la pasión por la lucha por los demás sin más metas que sus propios intereses y los de sus entornos, reestableciendo el orden, la paz y tranquilidad ciudadana, desterrando el miedo.

El aparecimiento de “EL JUSTICIERO”, hasta ayer un ser mítico, hoy lo sentimos y comprendemos por su valor, solidaridad y su gran calidad humana.

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