¡Qué eminencias!

POR Juan Ramón Cevallos Viteri
Tuve la oportunidad de ver algunas de las carpetas presentadas por profesionales para participar en los llamados concursos de oposición y merecimientos y con tal motivo pude darme cuenta que Manabí, el Ecuador está lleno de “eminencias”!!!.
Concursantes que presentaron curriculum sorprendentes y que por su “modestia” pareciese que no lo fuese!!!. Diplomas que acreditan asistencia a muchos seminarios de especialización de larga y corta duración, maestrías, de varios doctorados, cursos de pos-grados, PH, y todo invento para demostrar grandes conocimientos y que en realidad solo dan puntajes para ganar los concursos.
Mi comentario no va a criticar la asistencia a cursos y seminarios para capacitarse y actualizarse en conocimientos sino a los deprimentes comportamientos de ciertos profesionales que pagan para inscribirse en los referidos seminarios pero no asisten, o asisten irregularmente sin asimilar los nuevos conocimientos y que lo hacen con el único fin de tener un documento que acredite un mejor puntaje en el momento de concursar y esto es lo grave porque se da el caso que estos fantoches con buen puntaje, demuestran en el papel ser verdaderas “eminencias”, desplazando a los que no tienen títulos y diplomas a granel pero sí saben porque leen y estudian y tienen experiencias.
No son menos numerosos los casos de profesionales que piden prestados títulos, diplomas a los amigos, y suplantando los nombres en las copias los incorporan en las carpetas con los que concursan sin haber asistido a los seminarios, cursos y que la comisión que califica las carpetas no investigan el origen del titulo o diploma o se hacen los de la vista gorda por compromisos. Estas realidades son las que hacen decidir a los profesionales honorables y capaces a no concursar.
Estos problemas son tan antiguos como el hombre, que se dan con diferentes matices a medida que avanza la ciencia y la tecnología, y lo paradójico está en que es el hombre mismo el que tiene que dar el cambio con una dirección diferente sin encuentros personales que son de donde arrancan los problemas y la corrupción de hoy.
El Hombre dotado de inteligencia y capacidad de reflexión es el que tiene que usar sus facultades para los fines superiores y satisfacer sus necesidades siempre en busca de la excelencia, por tanto, está en nosotros mismos la solución de estos problemas o mejor dicho, de todos los problemas que nos asedian individual y colectivamente. Si bien es verdad que no hemos pedido venir al mundo, no es menos cierto que llegamos con magnificas cualidades y brillantes oportunidades que debemos aprovecharlas, a viva cuenta que éstas si dependen de nosotros saberlas ejercer aunque nuestra existencia continúe siendo un misterio en el origen y fin.
Si el Gobierno por reiteradas ocasiones ha prometido hacer el cambio, aprovechemos el momento histórico para hacerlo partiendo del hombre, para el mejoramiento y superación constante en unión y solidaridad para vivir con dignidad, libertad y justicia. No nos engañemos forjando títulos que responden a prejuicios con manifiestas intenciones de engañar y engañarse así mismo, terminando en la muerte moral.
Hay un reto para el cambio que lo aceptó el Presidente Correa pero el reto no es solo para el gobierno, es para todos los ecuatorianos que si no los enfrentamos los malos resultados, no echemos la culpa a nadie porque somos nosotros los responsables de la desidia y la indiferencia, y si ahora, a la crisis no le salimos al paso, peor será cuando el mal tome fuerza y se encuentre arraigado en el cuerpo social donde toda solución democrática será imposible. Todavía estamos a tiempo para remediar comenzando con la justicia, el derecho y la equidad que es la trípode de donde se levanta la sociedad estable, bien organizada y con aspiraciones a una colectividad con seguridad jurídica y seguridad social.
Obtenidos estos resultados positivos podemos decir que hemos avanzado, venciendo los medios y prejuicios que son los obstáculos que ha impedido alcanzar un buen desarrollo en conocimientos y eficiencia, que permitiría proclamar que el triunfo se ha iniciado porque ha comenzado el hombre a dominarse así mismo frente a las ambiciones partidistas, a las amenazas de quienes se resisten a ceder sus privilegios y a dejar las ambigüedades por falta de carácter y decisión, dejando la pesadilla de aparentar maravillas cuando a conciencia sabemos que todo anda mal porque aparentamos lo que no somos engañándonos a nosotros mismos.




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