Primavera, verano, otoño, invierno y otra vez primavera
Más vale tarde que nunca, pensé que jamás iba a llegar a nuestras salas de cine, pero llegó; les hablo de una de las obras maestras del joven realizador coreano Kim Ki Duk, “Primavera, verano, otoño, invierno y otra vez primavera” o resumido “Estaciones de la vida”, aunque para ser sincero prefiero el primero tíulo.
Es primavera y observamos un templo budista que flota sobre el lago Jusan, y al rededor un espléndido paisaje, en el templo un maestro budista con su niño discípulo, a quien en una de sus travesías por el lugar ve cómo se divierte atándole una piedra a tres animales (pez, rana y serpiente) impidiéndoles seguir su camino, el maestro lo reprime y le dice que libere del peso a sus víctimas, pero que si una de ellas llegase a estar muerta llevaría la piedra en su corazón por toda su vida.
La película narra cómo aquel discípulo cumple el karma qué el mismo se había señalado, pasando por todas las etapas de la vida, la primavera que representa la niñez, la florescencia de las cosas, luego viene el verano, la adolescencia, el descubrimiento de la sexualidad, del amor, etc. el otoño corresponde a la mayoría de edad, el deseo de poseer que trae malas consecuencias; le sigue el invierno, la madurez ya alcanzada, y finalmente otra vez primavera, la vejez, ahora es maestro y tiene a su discípulo, y así termina como empezó, y así es la vida misma, un ciclo que se tiene que cumplir.
Kim Ki Duk con una fotografía excelente nos muestra la majestuosidad de los paisajes del continente asiático a través de estos saltos en el tiempo, como si estuviéramos en una exposición de pintura, la imagen nos atrapa ya que los personajes carecen de diálogos, pero lo poco que dicen y lo que hacen nos dejan una enseñanza, nos invita a reflexionar. En fin es una película excelente que no podemos dejarla pasar por alto, “Primavera, verano, otoño, invierno y otra vez primavera” es arte, es cine.





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