El Autonomista.com

Marzo 28, 2008

PENSAMIENTO DE LA JUVENTUD

Clasificado bajo: Opinión, Edición 235 — El Autonomista @ 6:31 am

Los fundamentos

de los Derechos Humanos


POR María Belén Farfán Muentes
Est. 6to. Semestre de Jurisprudencia
Universidad San Gregorio de Portoviejo

Los Derechos Humanos se fundamentan en la naturaleza humana, tales derechos le son inherentes al hombre.
Hay otras fundamentaciones diversas entre las cuales tenemos la Tesis estatista: concibe al Estado como fuente originaria de los derechos del hombre, se entiende como entidad suprema y absoluta. Esta concepción es propia de los gobiernos totalitarios, y configura un endiosamiento al Estado, Habbes sostenía que las leyes legítimas, imperando hacen las cosas justas, y los que prohíben las hacen injustas. Rousseau con su “contrato social” creyó salir de este modo del absolutismo de Estado, salvando la libertad irrestricta e ilimitada de los individuos, pues estos, al obedecer las leyes que prescriben obligaciones y establecen derechos, no están haciendo otra cosa que obedecerse a si mismos.
Por otra parte, la soberanía “absoluta” del pueblo lo constituye en la fuente primaria del orden jurídico. Escribió Rousseau: “Cualquiera que rehusé obedecer la voluntad general, sea obligado a ello por todo el cuerpo (…)
La posición de Kant y Kelsen: es que los derechos y obligaciones son productos de la mente humana, ellos tienen la postura de que el derecho carece de contenido axiológico y ético, es solo un producto de la razón del hombre. Desvinculan al derecho de toda moral y ética objetiva, y lo reducen a una norma, a la ley positiva.
Los derechos humanos son universales porque pertenecen a todos los hombres por igual, en todo tiempo y lugar; asimismo, esa la universalidad es una de las características de la ley natural, de la cual los derechos humanos se encuentran en dependencia Universal.
Santo Tomas de Aquino dice que la ley natural es común a todos; “en cuanto a los primeros principios comunes, es lo mismo en todos los hombres, tanto por la rectitud de su inteligencia, como por el conocimiento que de ellos se tiene. En cuanto a los preceptos particulares, que son a modo de conclusiones derivados de los principios comunes, la ley natural es la misma en la generalidad de los casos, pero en su aplicación pueden darse excepciones por razón de las circunstancias; y en cuanto a su conocimiento, este puede fallar en casos concretos, bien por fallo en el razonamiento, bien por ignorancia a causa de la perversión de la razón debido a las pasiones o a los malos hábitos”. Bidart Campos concluye que los Derechos Humanos además de ser innatos e inherentes a la naturaleza del hombre; son inmutables, eternos, supratemporales y por supuesto universales.
Respecto a la universalidad de los derechos humanos podemos señalar que comienza a partir del siglo XVIII, con la Independencia y la Revolución americanas de las Colonias Inglesas, y con la Revolución Francesa. En este tiempo comienza el constitucionalismo moderno y comienzan a surgir las declaraciones de derecho. Este movimiento adquiere gran difusión en el mundo.
Con universalización de los derechos se expresa que se vuelven generales en todo el mundo, sostiene Campos.
Durante esta época, comienza la formulación de los derechos de la primera generación, los derechos civiles y políticos, los cuales en ese entonces fueron también denominados derechos públicos subjetivos y derechos individuales. La universalización se funda especialmente en la difusión de estos principios, porque cada estado fue introduciendo y formulando en sus constituciones los derechos del hombre.
Con relación a la universalidad, hablamos de la internacionalización, esta comienza en la segunda mitad del siglo XX, es un fenómeno que acontece en el plano internacional; por el cual el problema de los derechos ya no es exclusivo resorte de cada estado en su jurisdicción interna, sino además del derecho internacional público. A la vez el derecho internacional público se ocupa y preocupa de ellos, y formula su propia declaración de derecho en documentos internacionales, como el de las Naciones Unidas de 1948 y en demás tratados, pactos y convenciones.
Con esto, el hombre ha adquirido la calidad de un sujeto del derecho internacional, ya que todo hombre puede llevar denuncias o quejas ante las organizaciones supraestatales, para que sus derechos sean respetados y defendidos.
Cuando decimos que los derechos están cargados de historicidad, es porque dependen de la situación de lugar y de época, de cultura, creencias y valoraciones sociales.
La noción de historicidad es incompatible con la de su universalidad, porque esta última haría pensar que siempre, en todo tiempo y lugar, el hombre tiene Principios de Derechos Humanos y Garantías dicen Daniel Herrenford y Bidart Campos. Los mismos derechos sin ninguna conexión con el ambiente en el que convive. Lo histórico sucede, se transforma, cambia, retrocede o progresa.
Aunque los derechos se consideren los mismos, no son siempre iguales en el modo de su realización.
Remontándonos a los siglos pasados, hemos podido apreciar el maltrato y la violación que se le ha dado a los derechos humanos, a la desigualdad, la trata de personas, a la libertad que nos corresponde, a reclamar nuestros derechos callándonos y privándonos de los privilegios de expresión que por ley toda persona merece.
Es que sin duda alguna hemos soportado este tipo de maltrato por “personas de poder” que por este “poder” creen ser los dueños del universo, y venir a humillarnos y a coartar nuestros derechos humanos que son tan necesarios para nuestro convivir. Basta ya de esta humillación, basta ya del maltrato, tenemos derecho a vivir como personas decentes, como personas normales, como seres humanos que somos.
Estamos en el siglo XXI necesitamos mejorar nuestra manera de pensar, actuar, vivir, y no permitir el maltrato de estas personas que al fin de cuentas hacen tanto daño a la sociedad, desde nuestro punto de vista, creemos que la solución a este problema sería empezar por cambiar nosotros mismos, demostrar que cada uno de nosotros somos capaces de actuar y vivir sin que nadie maneje nuestras vidas, debemos dar el ejemplo a nuestras futuras generaciones para que en los años siguientes cambie la forma de pensar de nuestra sociedad, dejando atrás la corrupción, las violaciones que se nos han cometido, los malos valores que se nos han impuesto, para así lograr lo que todos anhelamos, un nuevo Ecuador, una nueva nación y un nuevo porvenir.

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