¿Para qué concursos?

POR Juan Ramón Cevallos Viteri
De una época acá en lo que tiene que ver con la ocupación de los cargos en la función judicial, principalmente, se habla de concursos de oposición y merecimientos para llenar las vacantes, dizque para mejorar la atención de la Administración de Justicia. He allí lo paradójico porque cuando se buscó la eficiencia, ésta decayó.
La ciudadanía, los profesionales del derecho se quejan del avance de la corrupción porque los jueces y fiscales (lógicamente no son todos) se manejan no por capacidad y probidad sino por las conveniencias políticas, familiares o económicas, y aquél que no cuenta con uno de estos “recursos”, lleva la de perder, y si el juez mantiene su integridad, es un obstáculo para las maniobras ilícitas y se buscará la manera de separarlo, lo que significa que en lugar de mejorar con los concursos se ha empeorado la Administración de Justicia, por tanto, hay que considerar en serio esta dolorosa realidad sino queremos vernos abocados a difíciles situaciones con la paz y el orden social.
Es indispensable hacer un análisis profundo e imparcial de esta realidad para tomar los correctivos indispensables para el retorno de la confianza ciudadana a los jueces y consecuentemente a la Administración de Justicia cuya falta repercute también en la ausencia de inversionistas para el sano desarrollo y progreso de los pueblos.
Creemos que los llamados concursos de oposición y merecimientos, en la mayoría de los casos son una farsa pues no ganan los mejores sino quienes afilan mejor la corrupción. Con los concursos no hemos mejorado en nada y hasta podríamos decir, que se ha retrocedido. La Corte Suprema falla, y allá hay mucho que corregir, sancionar o mandarlos a su casa para la tranquilidad ciudadana.
Por otra parte, preguntamos ¿Qué hemos ganado con estos benditos concursos si el jurado está comprometido con tal o cual concursante? o por último para qué sirve el concurso si no se respeta el puntaje del mejor, convirtiendo la convocatoria y el concurso en una verdadera payasada con burla a la ciudadanía.
Los concursos deben ser eliminados porque está probado que ellos no ofrecen una recta y responsable Administración de Justicia, y sí, miniminizan la enseñanza universitaria convirtiéndola en una tomadura de pelo a los concursantes por lo que se imperioso tener sesiones de trabajo con los Rectores de las universidades y los Decanos de las facultades de jurisprudencia para mejorar la enseñanza y exigir más a los estudiantes para un óptimo rendimiento por lo que se entiende que todo profesional del derecho, una vez que ha aprobado todas las materias del pensum, se gradúa y toma experiencia está apto para desempeñarse como juez, por tanto, para nombrarlo se le debe pedir la carpeta con la hoja de vida y de las que se presenten escoger, a juicio de un tribunal idóneo, al que consideren el mejor para ser elegido.
El tribunal debe estar integrado por personas del lugar donde va a ejercer sus funciones el juez porque estas personas están mejor informadas del entorno en donde vivirá el juez y va a desempeñar sus funciones, y luego que es elegido si su desempeño no es responsable, ágil y eficiente se lo separa, evitando así que la corrupción impida una recta administración de Justicia. Sin dudas, que la tarea es difícil porque no está en alcanzar el mejor puntaje para ser probo sino en la conciencia, aptitud y actitud en aplicar la ley y tener carácter y personalidad para juzgar sin ensañarse con el culpable ni proceder con sentimentalismo para aplicar la justicia, esto nos lleva a la conclusión que los pueblos y gobernantes con su propia cultura, ejerciendo la libertad y dando paso a su propia creatividad sin copiar lo ajeno, porque el hombre es el artífice de su propio destino, debe buscar capacidad, conocimientos, ética y el que ha estudiado en la universidad está preparado para ser juez, y están demás los nuevos exámenes como estamos viendo que con otros “ recursos” se burla la ley.
Por otro lado, por esta falta de seriedad, los profesionales honorables no concursan y los que por vanidad tienen llenas las paredes de sus oficinas de pergaminos, certificados, diplomas acreditando su asistencia a los seminarios o cursos, por lo general, no asimilan porque a ellos solo le interesan los puntajes de los diplomas para los concursos razón por lo que muchas veces ganan a los que más saben.
Todas estas experiencias llevan a la conclusión que los tales concursos es la mejor manera de burlar la ley para no elegir a los mejores, y si dudas amigo lector, a las denuncias presentadas y ahora último a la del Doctor Miguel Ángel Camba me remito.
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