El Autonomista.com

Marzo 12, 2008

OPNIÓN

Clasificado bajo: Opinión, Edición 234 — El Autonomista @ 7:52 pm

Los grandes medios no contribuyen

en esta etapa de desastre

POR Marco Villarruel Acosta

La terrible situación de las poblaciones golpeadas por el invierno a lo largo de todo el país requiere de la movilización nacional. NO puede haber un solo ecuatoriano que desde su puesto de trabajo o desde su vivienda no haga algo para mitigar el sufrimiento de miles de niños, mujeres, ancianos y hombres en general.
Por ahora nos vamos a ocupar del papel que están cumpliendo los medios de comunicación en la cobertura de las inundaciones, deslaves, rompimiento de los oleoductos y particularmente en el inmenso y doloroso drama humano.
Como era de esperarse el componente sensacionalista no falta en algunos de los noticieros televisivos. Aquella mezcla de poesía y narración, matizada con imágenes de llantos, animales ahogados y casas destruidas, hacen la composición de unidades informativas aparentemente profesionales.
La táctica es decir lo del momento y lo ahora, lo inmediato, lo perecible al minuto, el pantallazo efímero, la imagen de impacto, lo que produzca espectáculo, entretenimiento aunque sea macabro. Lo que buscan estos malos periodistas es lo que lesione al ojo, lo que lleve al morbo, el mensaje que lleve a la conclusión más fácil.
Entonces lo que reina en el país es la desesperanza, la frustración, el miedo, que terminan en la más absoluta apatía social. Movilizar en términos de solidaridad a un pueblo que ya fue apaleado con grandes dosis de soporíferos deportivos, farandulescos o reportajes estremecedores, es tarea muy difícil.
De lo que estamos hablando en realidad es de la doble representación mediática. Por un lado el inmanente ejercicio del poder ideológico a donde llegan todos los mensajes por más inocentes que sean, y por otro una práctica profesional mediocre.
Decimos esto porque el sector menos preparado para enfrentar las etapas de desastres es justamente el de la prensa. Nos preguntamos si quienes van a cubrir periodísticamente las inundaciones, los terremotos, han recibido formación en periodismo preventivo o especializado en desastres naturales. Porque resulta obvio que informar sobre la erupción de un volcán y sus terribles consecuencias humanas y naturales no es lo mismo que narrar un partido de fútbol. La historia del periodismo ecuatoriano está llena de anécdotas de la acción tragicómica de locutores y presentadores que no solamente han salido corriendo abandonando y echando por el suelo los micrófonos y cámaras, sino que han manifestado en ese momento cualquier dislate mayúsculo que crea pánico, incertidumbre y desorganización.
Los medios de comunicación deben estar supeditados a las determinaciones de los líderes que a su vez deben ser preparados científicamente en todos los órdenes y disciplinas. No puede ser que la primicia informativa sea la que determine las urgencias de movilización humana y de recursos por parte de los medios de comunicación. Claro que ya la ley de seguridad nacional habla de esto, pero para los casos de guerra o de conmoción mayor, pero esa frontera, por ejemplo lo que pasa ahora en el país, es muy frágil, entre la alarma naranja o roja, y el resultado es la acción aventurera de medios y periodistas que se dan el lujo de instalar parabólicas o alquilar helicópteros, pero que ignoran la esencia de la naturaleza humana.
Es bueno recalcar la vileza de algunos medios al politizar la catástrofe, la de encontrar en el último cajón del escritorio de una asustada funcionaria unos quesos a punto de expiración y hábilmente decir que aquí este gobierno o esta Asamblea Constituyente no hacen nada. O la de esconder las omisiones de los alcaldes que son parte de la componenda política de oposición. Cómo no hubiéramos querido que así hayan reporteado a los anteriores gobiernos. No lo podían hacer porque los dueños de los medios lo eran también de las empresas de pavimentación o de construcción, o de los contratistas con el Estado.
En el centro de las catástrofes hay sufrimiento pero también ejemplos de acciones heroicas de mujeres valientes o de hombres arriesgados. Allí están las obras públicas y las de remediación. Están los testimonios de liderazgo de los maestros o de las nuevas formas de organización humana como las ollas solidarias. Las declaraciones o las tomas de estos acontecimientos casi nunca se ven porque los reemplazan los llantos y los pedidos de ayuda.
Ya que las catástrofes no terminarán, bueno sería que los periodistas nos preparemos de una vez por todas para enfrentarlas. Un pueblo bien informado y bien orientado podrá responder con más eficacia a la adversidad.

Deje un Comentario