OPINIÓN
El líder encarna el requerimiento colectivo

Lenin Manuel Moreira Moreira
El triunfo de Barack Obama en la elección presidencial de Estados Unidos, el país más poderoso de la Tierra, es uno de los acontecimientos políticos más sobresalientes de los que va del presente siglo por una serie de connotaciones de causales históricas, culturales, económicas y raciales, inmersas en esa nación, aunque su condición de primer y más grande núcleo mundial de los inmigrantes vislumbra la asunción al capitolio de uno de ellos.
Como antecedentes del ingreso de un negro –eufemísticamente dicen de color o afroamericano- como inquilino de la Casa Blanca, hay varios hechos notables en el contexto internacional tales como, la caída del Muro de Berlín, la Perestroika en Rusia; el inexorable avance tecnológico de la era digital que ha desmitificado la conciencia mágica para valorar el cerebro humano a través de la educación, la investigación y la ciencia que debe respetar la naturaleza, han sido los factores de una nueva visión que tiene de potencial el ser humano y la condición de liderazgo ya no es patrimonio de determinado grupo social.
Al margen de esa tipología enunciada lo que pesa en la selección o inclinación a un líder es la necesidad colectiva y eso implica el requerimiento de economías estables como soporte de una adecuada utilización y preservación de los recursos naturales que conllevan a procesos industriales en mercados competitivos en ofertas y demandas equitativas.
Ecuador vive una nueva era dentro de su rutina política, aplicada en el camino, por un Ejecutivo con estilo irreverente que sintoniza el requerimiento del llamado pueblo profundo y de la clase media baja no alienada, que aún, con cierta reserva, que mide, todavía, el factor tiempo le sigue depositando confianza soslayando los improntus que el Jefe de Estado emite, involuntaria o con calculada estrategia para eliminar – o “aniquilar” – la popularidad de caudillos de lo que él llama rezagos de la partidocracia.
Para cualquier líder – por muy bueno que sea – el pelear contra la historia, contra la cultura de un pueblo que ha vivido atomizado por diversos factores étnicos, económicos, geográficos, religiosos, educativos y políticos, supeditado a un sistema unidireccional donde ha predominado una casta de depredadores del erario nacional de acuerdo a las épocas gubernamentales en una sucesión de élites dinástica -no por razón de “nobleza de sangre” sino de eslabonamiento de exacción de los recursos naturales que pertenecen a todos- es una difícil tarea que requiere ser un verdadero estadista.
¿Estará actuando el Gobierno con el sentido de Patria más allá del socialismo que predica? ¿Serán los caminos acertados imponer su modelo económico no sólo como el bueno, sino como el mejor? ¿Reconocerá que no se puede depender del mayor porcentaje de los recursos no renovables? ¿Estará dispuesto a la concertación con toda la sociedad civil sin imponer única y exclusivamente su modelo de país?
La gran masa ciudadana, que votó por él y que ve diluirse sus ingresos –medios o pequeños– en los mercados de abastos y el alto número de gente y profesionales sin trabajo, a pesar de ese panorama sombrío, todavía creen en su Mandatario.
Del Presidente depende no romper el delgado hilo que lo conecta a la última esperanza de un pueblo afectado por muchos problemas; de darse lo contrario se podría llegar –ojalá no ocurra– a una insurgencia social de imprevisibles consecuencias.
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