OPINIÓN
En Bolivia se ensaya la insurrección oligárquica

Marco Villarruel Acosta | mava5@hotmail.com
El ascenso de un indígena de filiación izquierdista a la presidencia de Bolivia, en la persona de Evo Morales, desquició la geopolítica norteamericana en América Latina.
Cuándo se pudo pensar que un hombre cuyos antecedentes no estaban precisamente en Harvard sino en las minas y en el campo boliviano, que fuera además indio y pobre; que alentara y defendiera el consumo de la coca, tal como lo habían hecho sus antepasados durante miles de año, llegara nada menos a que a la Presidencia de la República de uno de lo países más pobres del mundo: Bolivia.
La historia de ese país no puede ser más triste. Su nacimiento se debió a un arranque nacionalista después de la guerra de independencia del Perú, y desde allí arrancó la inequidad y el desgobierno.
Tal como en nuestros países andinos la presencia militarista, la corrupción política y económica, el nefasto papel de la iglesia, y la ambición de las grandes potencias con el estaño y ahora con el gas de petróleo, anularon una vía democrática al desarrollo y a la equidad. Para mal de males hasta cobre se ha descubierta en esta nación azotada por los desgobiernos de los burgueses y de los terratenientes. Ya en 1789 el pueblo fue arrastrado a una cruenta y onerosa guerra contra Chile. Los resultados se sufren hasta hoy.
La Agencia Internacional Rebelión informa que: “Pese a que la ley y los acuerdos internacionales prohíben expresamente el trabajo infantil, más de 300 mil niños y niñas de Bolivia sufren condiciones de explotación en el mercado laboral con grandes perjuicios para su desarrollo integral”, sin que Morales pueda remediar de un tajo esta lacerante situación por la acérrima oposición separatista y autonomista.
La situación en el campo, en las minas y en el sector educativo tiende a deteriorarse. De manera sangrienta un grupo de prefectos separatistas y que llevan la tesis de la autonomía hasta la misma desmembración territorial, han encabezado una auténtica rebelión institucional que lleva ya una larga cuenta de muertos y heridos.
Bolivia está herida por la asonada oligárquica que no puede tolerar a un gobierno que ha hecho profundas transformaciones sociales y económicas. Más que en otos países donde han llegado gobiernos progresistas o de izquierda, en Bolivia la oligarquía que tan buenas relaciones tiene con el gobierno norteamericano, ha tomado las armas y se ha ido por el camino de la conspiración.
El domingo 10 de agosto se desarrolló un refrendo revocatorio para poner frente a la voluntad popular la presidencia de la república y otros altos cargos. Es una enorme prueba de fuerza, inédita en ese país y en América Latina, y a ella se oponen los grandes empresarios porque no quieren que el pueblo reitere el respaldo a Evo Morales y con ello una total desautorización a los golpistas. “No tengo miedo al pueblo: que diga su verdad y que nos juzgue” ha dicho el presidente Morales.
El tema medular radica en la feroz oposición de derecha a la expedición de una Constitución Política innovadora, que busca la justicia y el progreso. Este sector social ha sido extremadamente conservador y no ha tenido miramiento al apoyar a gobiernos militares corruptos e incluso alegrarse cuando los militares asesinaron al Che Guevara por orden de la CIA. Pero también está lo que Eduardo Galeano ha dicho: “en los últimos tiempos, meses, años, este país vivía en perpetuo estado de insurrección popular. Ese proceso de continuos alzamientos, que dejó un reguero de muertos, culminó con la guerra del gas, pero venía de antes. Venía de antes y siguió después, hasta la elección de Evo contra viento y marea.
Con el gas boliviano se estaba repitiendo una antigua historia de tesoros robados a lo largo de más de cuatro siglos, desde mediados del siglo dieciséis: la plata de Potosí dejó una montaña vacía, el salitre de la costa del Pacífico dejó un mapa sin mar, el estaño de Oruro dejó una multitud de viudas”.
Es decir, lo de siempre: Bolivia encontró gas y los grandes propietarios en criminal colusión con los yanquis le dieron guerra, que es lo que se vive virtualmente en estos días.
Toda América Latina observa el caso boliviano porque a todas luces es el globo de ensayo del Pentágono para ser empleado en Venezuela, Ecuador, Argentina o Chile. La violencia será la mecánica irremediable contra los gobiernos que están nacionalizando el petróleo y poniendo nuevas reglas de juego en la industria minera, telefónica o en los aspectos agrarios. La burguesía no tolerará que le quiten o toquen sus privilegios, hasta se valdrá de la iglesia y sus vetustos obispos, ya agotó a los viejos políticos y a sus partidos, hoy apuesta al separatismo y a la asonada violenta. No les importará violar las constituciones, ya lo han hecho mil veces.
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