OPINIÓN
Fobia antiinmigrante golpea
a nuestros ciudadanos ecuatorianos

Marco Villarruel Acosta | mava5@hotmail.com
Nuevamente una joven ecuatoriana es agredida en España por parte de una ciudadana española. Nuevamente la grabación a través del teléfono, y luego por el Internet a todo el mundo.
La brutal paliza va más allá de un ajuste cualquiera de cuentas. No solamente es la ira ciega de la persona que quiere lavar su honor o satisfacer la venganza por algo que consideró una afrenta.
Es aquello que subyace en la mente del europeo colonizador, es la arrogancia del transitorio vencedor, que se sabe superior por ahora pero que ignora que la implacable dialéctica de la historia dará la vuelta y mañana deberá paladear la amargura del atraso y la ignominia.
La soberbia de esta peninsular es parte de la fobia antiinmigrante que alimenta la derecha monárquica y neoliberal europea, debidamente estimulada por gobiernos corruptos y neonazis como el de Francia e Italia.
La ferocidad de la culta Europa se manifiesta en esa especie de documental de la violencia donde una joven española arremete contra una contrincante inerme, en el suelo. Nos viene a la memoria la feroz agresión de otro neonazi catalán contra una joven mujer ecuatoriana en un tren urbano de Barcelona.
Además está la larga lista de agresiones que sufren nuestros compatriotas en la mal llamada madre patria. Algunas de ellas son registradas por la gran prensa, pero muchas más no se conocen por el temor de los ecuatorianos a ser deportados.
Esta inquina inhumana está latente en las estructuras burocráticas de las aduanas y de los aeropuertos. Además de lanzarnos como estigma la necesidad de tramitar trabajosamente la visa, los ecuatorianos somos vejados en los aeropuertos, en esas lúgubres salas de los aeropuertos o en aquellos pequeños campos de concentración que han edificado los Estados Unidos en algunas de sus ciudades.
Pequeñas y grandes mafias acorralan a nuestros conciudadanos en muchas ciudades del exterior. Tras la amenaza y la extorsión, está la vejación física o el continuo asedio moral contra muchos migrantes ecuatorianos.
La terrible diáspora que experimenta el Ecuador y que no cesa porque aún se pueden ver las largas filas en las puertas del Consulado español, es el producto de la implementación de nefastas políticas económicas en el país. Si a eso se suma una pobre valoración personal producto de tantos años de represión sicológica, tenemos una enorme masa de ecuatorianos que tratan de salir o que ya viven en el Ecuador.
No solamente nos golpea hasta la indignación la brutal agresión a la joven ecuatoriana, sino que nos subleva pensar en las terribles consecuencias en ésta y en no menos de tres generaciones venideras, por efectos de la migración que dejó familias incompletas y un profundo dolor.
Actualmente se intenta financiar programas de reinserción, aprovechando la recesión hipotecaria en España y la creciente voluntad de muchos que quieren regresar. Pero es insuficiente por las medidas punitivas en Europa y los Estados Unidos, y por qué no también por la indolencia e ineptitud de algunos burócratas ecuatorianos. Nos viene a la memoria la inicua acción del antiguo defensor del pueblo, que tras sus ilegales actuaciones deja un reguero de indignación e impotencia.
A la distancia nos solidarizamos con los ecuatorianos y ecuatorianas vejados, perseguidos, atemorizados, explotados por la aplanadora del gran capital feudal-capitalista español. Ahora más que nunca entendemos que la mejor ayuda que podemos darles a ustedes que viven allá, y a ustedes que quieren salir de aquí, es justamente bregar por una sociedad ecuatoriana más justa y soberana.
La oligarquía no lo piensa así y no tiene vergüenza en proclamar su discurso explotador, xenófobo, inhumano, que solamente le conviene al gobernante europeo o norteamericano.
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