OPINIÓN
Inauguración del ferrocarril

Isauro Intriago Basurto | isaurointriago33@yahoo.es
No es tan cierto cuando se afirma que la educación y la salud son los ejes principales para el desarrollo humano y por ende de todas las sociedades. De qué sirven estos dos pilares si no tiene el complemento para hacer evolucionar y dinamizar a la economía si no se cuentan con las vías de comunicación y por supuesto con las herramientas o vehículos para hacer desplazar al ser humano desde o hacia los centros de producción.

Por eso, el General Eloy Alfaro dentro de su cosmovisión como estadista pensó que para unir a los ecuatorianos de sierra y costa, y hacer que estas dos regiones se unan en un gran abrazo fraternal y por ello propender a la unidad y el progreso fue a través del ferrocarril, obra que fue iniciada por Gabriel garcía Moreno la misma que quedó trunca por su muerte, circunstancias que lo motivaron hacia una profunda obsesión de continuar con tan majestuosa obra en la que decía: “El ferrocarril será el mejor maestro”, es decir, su posición era ver al tren salir de Guayaquil a Quito, para que se convierta en el Ferrocarril Transandino, sueños que fueron combatidos por sus enemigos políticos e inclusive lo calumniaron de la manera más infame, afirmando que el General tenía “intereses personales”. Nadie se imaginaba que la audaz empresa de Alfaro era inclusive desafiar a la naturaleza al pretender penetrar por las órbitas selvas y pantanos tropicales hasta llegar a las estribaciones de la cordillera y luego ascender hasta la culminación de la obra, rompiendo rocas y montañas casi imposibles de perforar o demoler por la maquinaria utilizada. En otras palabras Alfaro venció con su estirpe de manabita bravío a las inaccesibles condiciones naturales y a sus enemigos políticos que provocaban la intranquilidad, la seducción, la anarquía y la incertidumbre, cuyos protagonistas eran la iglesia y los conservadores.
Oscar Efrén Reyes, en su breve historia del Ecuador nos dice: “todavía recuerdo con indignación –escribía el propio General Alfaro en una parte de sus memorias, que el Congreso de 1898 levantó la bandera de la insursección contra el contrato ferroviario, calificándolo de pretexto para saquear la Nación, sin perjuicio de calificarle de traidor a la Patria, porque de esa manera iba a entregar el país a los yanquis, aseguraban, y sobretodo, que con su anulación se salvaba la Santa religión de nuestros mayores”. Con todos estos antecedentes, es importante para nuestra época que se conozca algunos apuntes que reseñan de lo que Alfaro fue capaz de hacer por nuestra república, en la que jamás escatimó esfuerzo alguno.
La famosa locomotora N° 8 entró en Quito el 25 de junio de 1908, con la inauguración del tren Quito - Guayaquil, dándose cita en la estación de Chimbacalle el presidente Eloy Alfaro Delgado y el contratista de la enorme obra Archer Harman, representante de grandes capitalistas de Nueva York.
En abril de 1879 la Asamblea Nacional Constituyente aceptó la propuesta de Harman, y autorizó al jefe del ejecutivo para que mande a celebrar el contrato por escritura pública, de acuerdo con las 37 cláusulas y las especificaciones contenidas en la propuesta, firmaron dicha autorización los allegados a Eloy Alfaro: Abelardo Moncayo, Presidente de la Asamblea; Luciano Coral, diputado y Celiano Monge, Secretario - Diputado.
Alfaro puso el “Ejecútese” con la firma del Ministro del Interior, Dr. Rafael Gómez de la Torre. El costo de la obra era de 17′532.000 dólares, para una extensión probable de 390 millas. Los 12 millones al 6% de interés anual y el 1 % para fondo de amortización, garantizó el gobierno a base de las rentas provenientes de la aduana; Harman se comprometió a obtener el dinero restante mediante bonos. La construcción debía terminar en 6 años el 14 de junio de 1897, ante el escribano Francisco Valdéz se firmó el contrato, actuando de intérprete Ramón Vallarino. Hubo muchas objeciones sobre todo de contrarios al gobierno pero se reformaron algunas cláusulas del contrato y la obra siguió adelante. Cabe señalar que en la realización de esta obra murieron algunos nacionales y extranjeros (jamaiquinos) quienes fueron atacados de fiebre a consecuencia de mosquitos que se posaban sobre sus cuerpos sudorosos; entre ellos murió el Ing. Jhoan Harman, que se desempeñó muy bien pero también fue víctima de la fiebre maligna.
Deje un Comentario