El Autonomista.com

Junio 5, 2008

OPINIÓN

Clasificado bajo: Opinión, Edición 230, Edicion 239 — El Autonomista @ 12:21 am

Recuperar lo que hemos perdido


Carlos Fidel Intriago Z. | cfintriagoz@elautonomista.com

La historia cinematográfica de una ciudad o país no sólo se mide por su producción en celuloide, sino también en esa interacción filme-individuo, en ese espacio donde las luces se apagan, el proyector empieza a trabajar y las imágenes emprenden movimiento, en esos minutos sentados en la butaca observando una historia, para luego comentarla y discutir, pero no sólo basta que exista ese nexo sino que tiene que estar bien fortalecido, enraizado en la naturaleza de la gente. Gracias a Dios, Manabí no ha estado excluido del derecho de ver cine, desde hace décadas, no han faltado salas de cine en ciudades como Portoviejo y Manta. Muchos recuerdan en la capital manabita cuando asistían al Cine Acapulco, Central, Victoria, Popular, Montalvo, y Roma cines que por mi corta edad no pude conocer, sólo quedan los relatos que atentamente escucho cuando salen a relucir por algún ‘mayor’ que recuerda con tanto fervor y nostalgia tales añoranzas, a veces no me dicen directamente a mi, sino a terceros y por coincidencia paso por ese lugar y me detengo a escuchar, aunque escuchar conversaciones ajenas esté penado por el régimen de la buena conducta y los mandamientos hogareños, pero cuando oigo CINE o algo referente a esa polisemia, paro mi oreja como antenitas de vinil detectando la presencia del enemigo, y así esa es una de las tantas formas, aunque informal, de las cuales me nutro de la opinión de la gente.
Pero esas famosas salas de cine, solo están vigentes en la memoria de la gente, desaparecieron físicamente hace años atrás, y luego de un tiempo pasamos a depender únicamente de la mayor cadena se cines del país, la afamada ‘Supercines’, ¿solo una opción de salas de cine?, al principio no creí que esto fuera un problema, había al menos una opción y eso era lo importante, pero, ya después, cuando esto del séptimo arte empezó a dejar de parecerme un simple medio de entretenimiento, me di cuenta que no es del todo bueno, al tener una alternativa, dependíamos de tan solo una opción y estábamos “obligados” a ir hacia ellos, sí claro, hay ocho salas, podemos elegir, pero seguimos una misma línea, que casi en su totalidad es comercial, rara vez entre la cartelera se encuentra un film independiente, latino o totalmente alejado de los estereotipos norteamericanos, no somos parte siquiera de una muestra de festival, no vemos documentales, en fin, no formamos parte del comúnmente llamado ‘otro cine’, y no podemos hacer nada, simplemente porque no hay otra opción.

Pero parte de esa historia cambió, en febrero del 2007 se inauguró en la ciudad de Manta el MAAC Cine, una sala de cine arte, creada con el esfuerzo del Banco Central del Ecuador (BCE) y Pacificard, en donde el objetivo era mostrar precisamente ese otro cine, era lo que muchos estábamos esperando (aunque parte de esos muchos seamos de otras ciudades), y al fin fuimos testigos de festivales como: el Cero Latitud, Eurocine, y la sexta edición de los Encuentros del Otro Cine (EDOC), y en la programación regular teníamos excelentes películas de contenido para ver, opinar, discrepar, aprender, etc., y seguramente se preguntarán por qué si aún existe el MAAC lo que estoy diciendo lo digo en pasado, pues por la simple razón que se desarrolló desde cuando Ocho y Medio, organización quiteña pionera en salas de cine arte en el Ecuador, rescindió el contrato establecido con el BCE y dejó de administrar el MAAC Cine de Manta y Guayaquil. Al salir Ocho y Medio nos desprendimos de esa verdadera esencia del cine arte, y nos despedimos de una serie de ventajas que sólo podíamos obtener de la capacidad y responsabilidad que expresaba Ocho y Medio, y salimos perdiendo.

Los mantenses a diferencia de los guayaquileños no lo sintieron mucho, (no me incluyo porque era el pueblo de Manta que tenía que hacerlo) no opinaron, y me atrevo a decir que pocos lo sabían o les interesó nada el asunto, sin saber que la programación iba a cambiar, y que los festivales se volvían a convertir en una quimera, entiendo yo, que quizás el motivo debió ser que a pesar del primer y único año que Ocho y Medio estuvo en Manta los mantenses recién se empezaban a acomodar, todavía no veían al MAAC Cine como parte suya, sino como algo material que alguien de otra parte lo puso ahí, y si está, bien, y si no, también. Mientras que en el otro puerto ecuatoriano muchas voces se alzaban al unísono en protesta e inconformidad por la salida del Ocho y Medio, reprochando al único culpable: el Banco Central del Ecuador que no supo manejarse con responsabilidad en el cumplimiento del contrato establecido con la organización quiteña, los reproches siguieron a lo largo de los primeros meses del presente año, y todos miraban con mala cara al nuevo integrante del MAAC para Guayaquil y Manta, la Escuela Politécnica del Litoral (ESPOL), que no tenía, (en ese tiempo) para nada experiencia en el manejo sostenido de una sala de cine, y que si no fuera por que se apoya en la Cinemateca Nacional, estaría caminando por terreno fangoso a punto de hundirse, y aunque ya salió del terreno aún sigue caminando con los pies enlodados.

Pero eso pasó, a regañadientes los guayaquileños aceptaron la nueva administración y otros le dieron la espalda, y acá los mantenses como si no hubiese pasado nada, pero pasó, y lo podemos ver hoy, la séptima edición de los EDOC es el más claro ejemplo, ya manta no lo tiene, solo Quito y Guayaquil, esta última porque Ocho y Medio consiguió un convenio con Supercines y ahora presenta su programación en una sala de las tantas en esa ciudad y Guayaquil volvió a sonreír y nosotros (ahí sí me incluyo, como manabita y como visitador infrecuente del MAAC) nos quedamos tristes, y quizás se repita con otros festivales, pero quiera Dios (o la ESPOL), y eso no pase, y para eso debemos copiar lo bueno que hizo Guayaquil, su gente se unió, opinó y al final salió victorioso pues ahora su historia cinematográfica se enriquecerá más, y nosotros tenemos que hacer lo mismo, los mantenses por recuperar lo que así como rápido apareció así de rápido se fue, los portovejenses por tener otra sala de cine, mejor aún si es de cine arte, y los otros cantones por lo que aún no tienen.

No nos podemos quedar de brazos cruzados, tenemos que recuperar la historia, que por falta de visión hemos perdido. Una ciudad que no considera el arte no se puede sostenerse como tal, así que tenemos que fortalecer nuestra identidad cinematográfica, revivir las historias que nuestros padres nos contaron y volver a ser lo que siempre hemos sido, una potencia cultural, una provincia de arte, una provincia de cine.

Deje un Comentario