El Autonomista.com

Abril 13, 2008

Opinión

Clasificado bajo: Opinión, Edición 236 — El Autonomista @ 1:30 am

El hombre es alma


POR Jairo Macías Arteaga

Los Vedas (Libros sagrados de la India) contienen y enseñan que el hombre es una mezcla de cuerpo y Alma; la casa y el que mora en la casa. Sin la encamación del Alma no puede haber cuerpo. El cuerpo tiene vida mientras resida en él la encarnación del Alma.

Todo lo que emana del cuerpo nos da la impresión de ser algo muy importante: los ojos tienen la capacidad de ver, los oídos para escuchar, la mente para experimentar, la lengua para pronunciar palabras. Pero todos estos órganos están vinculados al Alma o Energía Latente Interior, que es la que permite que todos estos órganos puedan hacer su función. En un cadáver, los ojos los oídos, la mente, la lengua están allí, pero ninguno de ellos es capaz de realizar su tarea. Aquella Energía que permitía su accionar ha desaparecido, de modo que ahora como cadáver han quedado inutilizados.

De modo que esta Energía Interior que nos hace pensar, hablar y actuar es el Alma que se encuentra presente en todas partes y en toda circunstancia. Es aquello que si lo sabemos, hará que lo sepamos todo, y si no lo sabemos, hará que no sepamos nada. Y bajo este contexto debemos meditar en el hecho que el hombre es Alma, y que el Alma no está sujeta a limitaciones o leyes materiales. Ella es libre por su propia naturaleza, es ilimitada, es pureza, es plenitud. Cuando hablamos del Alma la muerte no existe. La muerte no la toca. El Alma no ha nacido; ni morirá. No tiene historia, sólo es. Es inteligencia perenne, bienaventuranza sin fin. Así lo dictan Los Vedas.

Por otra parte, consideramos a la muerte como algo que hay que temer, como algo de lo que no hay que hablar cuando experimentamos momentos felices. Pero en realidad la muerte es una transición de un estado de vida a otro estado de vida. La muerte significa que un individuo termina con un estado evolutivo y comienza con otro. Pero en si, la muerte no es buena ni mala. No viene antes aunque le demos la bienvenida, y no la podemos evitar así la espantemos. Es una consumación inevitable. Aquello que ha nacido tiene que morir. Llegar implica partir.

La mayoría de nosotros nos entristecemos por el cuerpo físico, que es lo Único que se deteriora con la muerte: el infante desapareció en el niño, el niño se desvaneció en el joven, el joven se perdió en el adulto, el adulto se extravió en el anciano, y el anciano se extinguió en la muerte. El cuerpo es el templo donde reside Dios en forma de Alma individual. Tan lleno de habilidades y capaz de grandes aventuras, por ello, debemos cuidarlo como cuidamos nuestro automóvil. En definitiva, el cuerpo es un vehículo valioso, limitado y transitorio. Un día no servirá más, terminará su vida útil y será descartado. Pero el viaje del hombre continuará. Su destino es Dios.

Es de allí de donde vino y es allá a donde va. De Dios hacia Dios. El hombre es Alma, el hombre es Dios.

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