OPINIÓN
Males de la democracia

POR Juan Ramón Cevallos Viteri
Podemos sostener que la democracia es un buen sistema de gobierno porque permite el ejercicio de los derechos con libertad, porque un sistema de gobierno que garantice la vida y el patrimonio de las personas es un buen sistema para el desarrollo de las iniciativas y libertades manteniendo la dignidad en el desarrollo económico y social a satisfacción de la ciudadanía, lo que implica un desarrollo político avanzado donde el mayor aporte para su ejercicio estriba en el desenvolvimiento intelectual y cultural de las personas.
En nuestros países nos enorgullecemos de vivir en régimen democrático. Está bien que nos sintamos así, pero de ahí, o decir que vivimos en democracia hay una distancia que estudiada la realidad deja mucho que pensar que así sea. Una cosa es vivir en democracia y otra distinta es vivir la democracia.
Nuestros políticos están conscientes de esta realidad, lo grave está cuando teniendo la oportunidad de trabajar para alcanzar la plena democracia no lo hacen y hasta pareciese que se aprovechan de sus falencias y dejan que descienda para mantener sus hegemonías que les permiten apoderarse del gobierno, de las instituciones, de los partidos y movimientos políticos, burlando las justas aspiraciones ciudadanas porque el sistema colapsa y permite la coima, la concusión y en general la corrupción que hace tambalear las estructuras democráticas alcanzadas con sangre y sacrificio del pueblo. Ante esta real situación es preocupante para unos el ver que la crisis va de mal en peor, y para otros, los radicales, hay que tomar medidas de hecho para terminar de un solo tajo con el estado corrupto, con la inmoralidad galopante de la que no se escapa ni la Iglesia. Si nos guiamos por la sana lógica y el sentido común, concluimos que sí la democracia es el gobierno de las mayorías, y si éstas están corruptas, el resultado por lógica, es el triunfo de los corruptos, por tanto, antes de que sea demasiado tarde es preferible que los buenos que son pocos, se unan y adopten una medida de hecho para hacer lo que se debe hacer con miras al bien común hasta superar la crisis.
Al proceso electoral vigente hay que saltarlo y elegir funcionarios y jueces que se encuentren identificados con la opinión pública como personas honorables, capaces, dinámicas, eficientes, y que las mafias los tienen relegados por los intereses que manipulan tras los poderes de los medios de comunicación y las falsas encuestadoras que funcionan con la apariencia de la democracia decadente como si el pueblo fuese un gran rebaño. De esta manera la democracia podría ser rescatada aunque parezca contradictorio con la acción de un gobernante de carácter que justifique sus actitudes autoritarias con resultados tendientes a volver a los auténticos cauces de la democracia, y ahí sí, proclamar que vivimos los servicios y beneficios de una democracia acorde con las exigencias de nuestro siglo, de lo contrario sería, seguir en crisis viviendo una falsa democracia que de prolongarse, daría auge a la violencia que ya azota a nuestros países hermanos de Perú y Colombia, entonces la reacción será tarde porque los daños causados serán cuantiosos y de impredecible duración.
Así, el ciudadano, el hombre del milenio está obligado a trabajar por el gobierno del pueblo en régimen democrático donde se den profundos cambios, especialmente en el campo de la educación, en el área de la salud, robusteciendo la solidaridad que se traduce en el cambio, derivado al campo de la economía, de lo social, de lo político, de lo cultural, impidiendo la formación de las cadenas de los humillados por la corrupción reinante y despampanante.
El reto que se enfrenta es difícil, complejo pero hay que comenzar por vencer el escepticismo, el desaliento, como base de sustentación para una férrea voluntad política que ayude a seguir adelante hasta vencer, alcanzando la dimensión humana donde el hombre pueda realizarse como persona.
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