OPINIÓN
Las inundaciones en las ciudades manabitas

Por Paúl Intriago Solórzano
paul_inso@hotmail.com
Arquitectura ULEAM
Las constantes precipitaciones han puesto en las primeras planas el tema de las inundaciones en las ciudades manabitas. El tema hay que tratarlo sin que parezca que lloverá sobre mojado.
Por tanto, no redundaremos en los efectos dramáticos de tantas crecidas y deslaves pese a que ninguna persona puede ignorarlos, pues nadie está libre del riesgo de mojarse los pies.
Hay que cambiar la idea que durante la época invernal, debemos aceptar los hechos con resignación, culpar a la naturaleza y suplicar a Dios por aquello que las autoridades no han ejecutado.
Es tiempo que los mandatarios miren las colinas, no para ver cómo se deshacen sus escalinatas, sino para idear sistemas de evacuación, con accesibilidad a los lugares más altos y seguros cuando las zonas bajas se sumerjan.
Se escucha a los alcaldes que siempre nos inundamos por las lluvias y cuando éstas cesan no dan importancia a los desenlaces, niegan la urgencia de créditos y de medidas de reparación.
Ahora es el momento de exhortar y comprometer a las autoridades e instituciones para no seguir repitiendo una problemática que puede controlarse con planificación y obviamente, considerando la realidad de cada ciudad manabita, con sus necesidades, su entorno natural y artificial, inventariando los sistemas de drenaje, alcantarillado y evaluando la cultura ambiental de la ciudadanía .
No se puede negar que el problema de las inundaciones en las ciudades manabitas sea histórico y que las poblaciones hayan buscado por su cuenta solucionar los múltiples males que significan. ¿Pero puede seguir esto así?
La ciudad de Chone ha cedido a la fuerza del río homónimo. Y por la altura, extensión y contaminación por el rebose de los pozos sépticos que provocan múltiples enfermedades; el suministro de agua potable es muy escaso, ya que colapsa el desarenado por exceso de sedimento, etc.
En Chone, los sectores urbanos más afectados son: La ciudadela los Almendros, Chequelandia, Yoyita, Andrés Macías, el Terminal y la san Rafael al sur de la ciudad, Ciudadela Bowen, Aray, Las Marías, Tachévere al sureste, ciudadela los Naranjos, Santa Martha al suroeste.
En los sectores rurales es considerable el daño por el arrastre del estero El Gualo y la pérdida de cultivos como: plátano, cacao, maíz, arroz, café y otros de ciclos cortos.
Esto sucede en pleno siglo XXI, cuando Manabí cuenta con profesionales idóneos, Proyecto Múltiple Chone, recursos financieros, técnicos y planificadores con soluciones preventivas eficaces.
Sin embargo, la falta de voluntad política y la negligencia de las autoridades han provocado que las inundaciones se vuelvan catastróficas. En relación con la situación actual, es evidente que faltan muchas obras, particularmente en las relativas a la capacidad de descarga de aguas.
El crecimiento urbano en Manabí, no han contado con la adecuada dotación de servicios, han ignorado la naturaleza de las lluvias en la región que se caracterizan por su gran intensidad, aunque son de corta duración y extensión, provocando inesperadas crecientes en los ríos.
El crecimiento espacial no planificado en las ciudades de Manta y Portoviejo, han provocado un aumento en la magnitud y la velocidad de los escurrimientos. La gente en su desesperación por solucionar el problema de la falta de vivienda ha ocupado colinas y espacios que no son adecuados para la construcción.
Aunque es práctica y económicamente imposible resolver definitivamente la problemática de las inundaciones, ya es tiempo que las autoridades tomen decisiones y actúen con diáfana rectitud frente a las otras “inundaciones” permanentes: corrupción, contratación civil no transparente, obras mal terminadas y mal uso de recursos públicos.




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