El Autonomista.com

Octubre 1, 2009

OPINIÓN

Clasificado bajo: Opinión, Edición 261 — El Autonomista @ 7:10 am

   

¿Cuál es la función

del periodismo cultural?

Washington Daniel Gorosito Pérez | e-mail: danielgorosito@prodigy.net.mx
 
El periodismo cultural es el tipo de periodismo especializado que da cuenta y razón de los hechos, actividades y productos de la cultura de una comunidad, ciudad, región, país o del mundo. Sus manifestaciones, sus productos, son numerosos y variados, crónica, entrevista, nota, reseña, reportaje, ensayo y pueden plasmarse en muy diferentes medios: suplementos, culturales y secciones culturales de diarios, revistas de muy variada condición y naturaleza, páginas y blogs en Internet, etc.

Y, ¿cuál es la función o debería ser la función esencial del periodismo cultural? ¿Debe éste limitarse a reseñar, esto es, simplemente describir los hechos de la cultura y sus frutos, de manera fría y objetiva o, por el contrario, debe acometer con decisión y valentía la crítica, con la que ésta supone de serio y fundamentado juicio valorativo, manifestación y defensa de una determinada opinión o punto de vista?.
Ya lo decía más arriba. Los productos (o géneros si se quiere) del periodismo cultural son numerosos y variados, y entre estos desde luego se encuentran la nota cultural y la reseña, que tienen su derecho propio de existir y cumplen sin duda con una particular finalidad nada desdeñable y en extremo necesaria: relatar lo que ocurre o ha ocurrido, describir con más o menos detalle un evento o un acontecimiento o el contenido de una obra de cualquier naturaleza (pictórica, bibliográfica, musical, literaria o científica) y sus partes.

Pero a mi modesto entender es sin duda la crítica función esencial y vitalísima, la verdadera razón de ser, del periodismo cultural. Pues éste, como servicio a los lectores que es, debe ir más allá de la mera información.
Así, por ejemplo, debería ayudar a los ciudadanos a elegir entre el cada vez más abundante y heterogéneo material cultural (obras impresas, visuales, multimedia, etc ) así como jugar con respecto a sus lectores, un papel orientador e incluso educativo, claramente formativo, para lo cual, claro está, debería ser capaz de establecer una clara escala valorativa que permita separar (en la medida de lo posible) el trigo de la paja.

Esto es, explicitar de forma clara y precisa con razones y argumentos válidos, echando mano de los datos e informaciones pertinentes, qué vale la pena y qué no, cuál es una obra superficial y pasajera, nada perdurable y cuál es, por el contrario, una claramente valiosa, que supone e implica sustanciales aportaciones a su género.
El compromiso crítico del periodista cultural (elemento fundamental de su quehacer y actividad profesional) es con el arte y la cultura en general y con la sociedad en su conjunto, a la que se debe y de la que vive, y que es la razón de ser de su actividad profesional.

Aquí debemos incluir no solo al público que ya lee, sino también a los lectores potenciales, pues el periodismo cultural debería ser capaz de sumar, de incorporar y atraer cada vez más adeptos a la cultura. Así, el compromiso del periodismo cultural será, por una parte, con los creadores y con los artistas y por la otra, con el público en general.
Compromiso con los artistas porque el periodista cultural debe ser capaz de situar a éstos en el justo lugar que les corresponde, haciendo una adecuada valoración de sus obras, de lo que ésta verdaderamente supone en el desarrollo del arte nacional e internacional, Debe servir de acicate y de estímulo de su quehacer, estimular su talento y sus capacidades creativas.

Pero también debería ser capaz de hacer de renovador de conciencias dormidas y acomodaticias. Más aún, el periodista cultural debería tener el coraje y la valentía intelectual suficiente para desenmascarar a los impostores. Compromiso con el público con el cual deberá acometer una ardua labor informativa, pero asimismo formativa y de orientación clara, inteligente y precisa.

Deberá indicar y señalar en cada caso al público lo auténticamente valioso, orientarlo en esa selva confusa y densa de productos y subproductos del arte, ayudarlo a elegir, cooperando con su sensibilidad y su inteligencia de manera solidaria, amigable y cómplice, no con visión paternalista ni con visión mesiánica ni elitista.
Pero además el periodista cultural debe ser capaz de descubrir y señalar el surgimiento de nuevos talentos y de nuevos valores. Señalar sus aportaciones y revelar al público lo que éstas suponen y valen en sí mismas.
Y debe señalar lo novedoso no sólo individualmente, expresado a través del surgimiento de un nuevo artista, sino además del surgimiento de nuevas tendencias y orientaciones y con el nacimiento de una nueva sensibilidad y un nuevo modo de hacer y entender el arte.

Esta labor de descubrimiento es de capital importancia. Más aún, el periodismo cultural debe ser incluso capaz de marcar él mismo nuevas tendencias. Como lo expresa muy adecuadamente el teórico argentino B. Rivera (y con sus acertadas palabras concluyo) en su libro El Periodismo Cultural:

“La sagacidad para detectar las tendencias vigentes es una de las claves del periodismo cultural, pero podría decirse también que la capacidad para generar una tendencia es la forma superlativa de esa clave”.

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