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July 24, 2009

OPINIÓN

Filed under: Edicion 259 — El Autonomista @ 11:57 am

 

 

El candidato lotería

Juan Ramón Cevallos Viteri
 
En épocas de elecciones los electores tienen la oportunidad de escoger los candidatos que van a ocupar diferentes dignidades en el gobierno nacional, provincial y cantonal, y de entre ellos, el número premiado porque todos tienen la oportunidad de ser elegidos, y con mayor responsabilidad cuando dicen preocuparse más por las necesidades básicas de la comunidad, luchar por el cambio, el progreso. Habrá que escucharlos y observar su trabajo para constatar si cumplen más tarde las ofertas de campaña. Atacan el pasado para llevar el nuevo proyecto político, dicen, y se rasgan las vestiduras para tratar de convencer a los electores. Todos venden ilusiones porque sus proyectos y programas de trabajo los consideran los mejores pero el elector que piensa, que dejó de ser ingenuo, salvo que sea adulón que busca un puesto en donde actuará de la misma manera que el pasado y que en campaña condenó, el pueblo no les cree sin ver resultados. En un proceso de ofertas y contraofertas, lo cierto es que elegir al mejor o a los mejores, es una lotería en el que el numero premiado no juega, volviendo a lo mismo, lo que significa que el proceso electoral debe ser cambiado a fondo porque más es lo que se pierde que lo que se gana en las elecciones.
Es un hecho cierto que la solución a los problemas de la sociedad no está en dictar leyes, reformas o contrarreformas sino en quienes las aplican y éstos son hombres y mujeres. Preguntamos ¿Qué hemos hecho para que el ser hunamo cambie su personalidad, su manera de actuar, de pensar, de sentir, su moral para llegar a ser justos, solidarios, humanistas, progresistas?…nada o casi nada.
Le cambian de nombre al Tribunal Electoral y designan los nuevos miembros con la misma estructura, ésto significa llegar a lo mismo como lo hemos visto en cada proceso electoral, por tanto, pensamos en la urgencia de un cambio del proceso mismo electoral que bien puede gustar o ser rechazado por los que se asustan con las innovaciones, este cambio puede hacerse designando una comisión de ciudadanos honorables en toda la extensión de la palabra, bien remunerados que escojan de entre todas las personas interesadas en la candidatura para que presenten las carpetas cuyo perfil sea bien analizado y estudiado por la comisión, y si la elección, por ejemplo es para Presidente de la República, escogido el candidato éste presentará su programa de trabajo y si es elegido, comenzará a ejercer sus funciones y luego de seis u ocho meses ya se conocerá sus ejecutorias, si es un estadista, y si se pierde en ofertas o demagogias se le retirará el nombramiento y se elegirá al que le siguió en votación como candidato, evitando así el gasto millonario que significa una elección, y el referéndum, dinero que serviría para invertirlo en educación, salud y obras materiales, evitando los compromisos políticos de los que aportan en una campaña electoral, y no seguir de tumbo en tumbo, de corrupción en corrupción, de impunidad en impunidad tal como se vive en la actualidad a la orden del día sin que las mayorías se hagan respetar por temor o por una capacidad conformista cada vez más alarmante, salvo un grupo minúsculo que pasan los años regañando o protestando sin ningún resultado.
Se jactan de ser “leídos”, de tener experiencias, ser intuitivos, activos sin embargo, desfallecen con la fantasía, con la pérdida de tiempo, haciéndose más dependientes, más explotados con la vana pretensión de ser soberanos con autoridad, sin conocimientos para crear y construir de acuerdo a nuestra idiosincrasia y a nuestra realidad con una naturaleza privilegiada que no hemos sabido aprovechar perdiéndose de consulta en consulta, con tantas leyes y reformas en una democracia decadente y de bastardos intereses que impide avanzar, y si se avanza, es tan lento que nos quedamos relegados ante el desarrollo de otros países. Es hora de no escuchar las canciones del adulo, las melodías del servilismo que se pierden en el laberinto de las ambiciones y que sin salir de él, crea la falsa imagen que nuestro destino está en repetir lo mismo: condenar el pasado y alabar el futuro.
No olvidemos que el Ecuador es nuestro y de nosotros depende escoger, a los gobernantes por su capacidad, por su inteligencia y por su voluntad para aprovechar el potencial humano y material con los que nos prodigó la naturaleza y saber recibir lo que ofrecen los países amigos para el mejor desarrollo de los proyectos.
Inteligencia, conocimiento, voluntad de trabajo y servicio a los demás es lo que se debe aprovechar. Importante es estar abierto a las circunstancias del momento, viviendo con libertad y exclamando que la grandeza está en avanzar con iniciativas y creatividad propias sin dejarse llevar por lo que otros hacen ni esperar que gane el “Candidato Lotería” para llenarse los bolsillos.

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