El Autonomista.com

March 28, 2009

IDEAS Y DESTINOS

Filed under: Edición 255,Opinión — El Autonomista @ 12:31 am

¿Absolutismo en democracia?


POR Marco Arteaga Calderón
artecal85@yahoo.com

Peor que un arroz con mango o una fanesca mal preparada dirían los “politicólogos” del barrio… ¿O un simple “chispoteo” de acuerdo al comentario, tan falto de análisis, de Alberto Acosta? Pero si al país hay que tomarlo en serio, en tanto los millones de pobladores que esperan, hambreados, enfermos y sin trabajo permanente, mediante un liderazgo coherente obligado a satisfacer semejante necesidades, con un tratamiento responsable social, económica, y políticamente entonces estamos pisando en suelos movedizos. ¿Prueba? La pretensión de imponer una aberración ideológica para “impulsar” el desarrollo nacional. Al declarar el presidente Correa que sus funciones tienen carácter omnímodo, que su razón como mandatario está más allá de la segmentación del poder, definida constitucionalmente, está declarando, sin legitimidad alguna y violentando la carta magna de la nación, que es el nuevo amo…El nuevo capataz de la política ecuatoriana, y con capacidad de meter las manos en cualquier sitio de la república, por el simple pretexto de que así le viene en gana.

¿De qué otra manera entender, su descabellada expresión, que siendo el jefe de Estado puede mandar no sólo en lo ejecutivo del gobierno, sino en lo legislativo y en lo judicial? Al parecer esas primeras declaraciones de un tiempo atrás, en que este señor reclamaba la venia, la consideración y el respeto perruño hacia la majestad de la función presidencial, como que no han sido botadas al basurero de las ideas inservibles. Antes bien, tal cual puede ahora apreciarse, una patología política está tomando cuerpo desde las habitaciones de Carondelet. Algo peligroso. Muy peligroso para la democracia ecuatoriana y para la vida de cada ciudadano. Rafael Correa que ayer denunciaba, desde la tarima prestada por el populismo, a Febrescordero como el dueño del país y pedía su cabeza, hoy está desesperado por reencarnarlo. E incluso con pujos mayores. Pues declara que el Estado es él. Que todo lo que hay en este pedazo de tierra llamado Ecuador está supeditado a su voluntad. A su capricho. ¿Titiritero emergente de la nueva partidocracia, ahora ya sin máscaras?.

Para Jean Bodin, precursor de las ideas modernas del Estado frente a las ya desprestigiadas renacentistas, al finalizar el siglo XVI, el poder político como proceso del accionar de la soberanía del mandatario, exigía de éste la capacidad de crear leyes e imponerlas autoritariamente sin discusión. “El principal rasgo de la majestad soberana y del poder absoluto -escribió- es sobre todo el derecho de imponer leyes sobre los súbditos, en general sin su consentimiento, (pues) que la ley implica el mandato. La ley no es sino el mandato de un soberano en el ejercicio de su poder”. En Luis XIV, un siglo después, queda resumida semejante idea en la práctica de su ejercicio monárquico. Centralismo de actividades administrativas, concentración de decisiones, manejo irresponsable del flujo financiero económico, apología de la autoridad real en tanto veneración individual de su persona, nepotismo negociado según las circunstancias de clase… Enlace de componentes en una unidad de gestión de aparente poder que le hará exclamar, inflado de ínfulas que ya no dicen nada, “El Estado soy yo”.

Pero esto es en los inicios de los últimos tramos de la agonía del feudalismo en Francia, entrando, a golpes de carreta y mula, que empuja fuertemente la monarquía hacia el despeñadero y que por boca de Saint Just, al declarar que “nadie puede gobernar inocentemente y que el crimen es la monarquía”, caerá la cabeza de Luis XVI. Hoy estamos en el siglo XXI, presidente Correa. O alguien, algún asesor que insiste en emular su carácter, le entregó totalmente cambiado los contenidos históricos y criterios jurídico políticos, o en realidad, para que pueda leer bien necesita, con urgencia, un buen oftalmólogo. De todos modos, y sea cualquiera el caso y las circunstancias, la democracia exige respeto, para mantenerse en estabilidad, de todos los derechos sinónimo de libertades individuales y sociales, que le conciernen a un pueblo para una vida digna. El presidente Correa, olvidándose o metamorfoseando su función de ejecutivo, simple ciudadano mandado por el pueblo o mandante, desconoce a éste en sus derechos, declarándose omni presente!, e irrespetando a ese mismo pueblo que le permite, que le faculta para ostentar el cargo que hoy posee. ¡Todos a rechazar esta barbaridad política…! Que nadie tenga pereza para hacerlo!

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