Los militares en la democracia

POR Carlos Intriago Macías
El rol que ejerce las fuerzas armadas en la sociedad es discutido y analizado por diferentes sectores académicos y del Estado, lo cual no necesariamente ha significado una mejor comprensión de la sociedad hacia el ámbito militar y eso se ha reflejado en la Carta Magna que nos rige.
Por lo general, para los civiles los temas de Defensa son grandes mitos y sabemos muy poco de los miembros de las Fuerzas Armadas. Suponemos que se trata de ecuatorianos y ecuatorianas que consideran el valor, el heroísmo, la defensa de la Patria y la estabilidad personal como sus paradigmas.
Personas de buena condición física y que disfrutan de eficientes servicios de salud, educación, vivienda, ISSFA, comisariato, club de fútbol en la Serie A, sueldo estable, fuero especial frente a los civiles, preparación profesional para el uso de la fuerza armada, a cambio de estar prestos para conservar la soberanía nacional, defensa e independencia del Estado y la vida de todos los ecuatorianos, sin excepción.
No es posible conocer cuánto le cuesta al Estado, es decir, a nosotros los contribuyentes, mantener la Defensa Nacional. Los militares no solamente reciben dinero del Presupuesto General del Estado, sino por un sinnúmero de otros ingresos provenientes de empresas a su cargo, venta de servicios, multas por no hacer el servicio militar y el famoso permiso de salida del país. Asuntos Internos y Seguridad no conoce de austeridad ni de disminución de personal, al año 2005 la plantilla era más de 110.000 funcionarios.
Todos ellos se deben a la Nación, no pueden ser deliberantes. Su espacio natural son los cuarteles; la Política corresponde a los políticos y a los civiles, quienes organizan partidos políticos y movimientos para convertirse en mandatarios por encargo del mandante. La voz del pueblo y no el ruido de los sables es la voz de Dios. Decir lo contrario, es culto al militarismo, al autoritarismo, a la dictadura. No olvidemos que los propios militares, concientes que las condiciones propias de la vida militar y de su disciplina autómata, plantearon en la Constitución de 1978, su naturaleza nacionalista y voluntad de defender la Patria de amenazas externas e internas, sin que esto signifique arbitrio político.
La participación de los militares en política partidista y electoral podría convertirse en un factor de desestabilización de nuestra frágil democracia. La democracia supone relaciones civil-militares respetuosas. Las Fuerzas Armadas no son un poder por sí mismas, sino un instrumento del Estado. Por tanto, los militares deben subordinarse al poder civil.
Ciertamente, cuanto más tiempo pasa más extrañamos a la socialista Guadalupe Larriva quien tuvo claro que la misión de un Ministro de Defensa tiene que ver con la profesionalización y no con la politización de los militares. Larriva habló del Libro Blanco, de revisar la intervención en actividades productivas no inherentes a su actividad militar específica, la presencia de los Mandos en tareas político-administrativas, entre otras medidas que permitirían modernizar y armonizar el rol de los militares en una sociedad democrática .
Los militares son ciudadanos uniformados, quienes por someterse a la Ley, ceden una atribución ciudadana (el derecho de elegir y ser elegido) para convertirse en sujetos idóneos para defender la Nación. Pregunto, ¿acaso deja de ser persona el hombre que acepta los votos de castidad para convertirse en sacerdote?. No. La sociedad lo entiende y por eso recompensa a quienes le prestan un servicio especial.
Cuando los militares pasan a retiro, recuperan su condición de electores sin condición alguna, aún más, el pueblo los recibe con alfombra roja como uno de los suyos, gozan de prestigio y la comunidad civil prefiere seguir identificándolos por el grado alcanzado en su carrera militar. Llama la atención que en estos días de tanta convulsión política, cuando en las discusiones abunda el criticismo personal y se dice tan poco de ideas y doctrinas, al ciudadano alcalde de Quito se le llame General Paco Moncayo y al ex presidente Lucio Gutiérrez, Coronel.
Apelar a favor del voto de los militares, jamás se le ocurrió a Ministro de Defensa alguno. Talvez la experiencia, el amor al Arma, el rechazo a los caudillismos, la mirada diaria al Altar Patrio y el sentido común incidieron para mantener libre de peligro de la politización a sus dignos compañeros.
Los militares no son un segmento electoral, ni cuerpo represor de la delincuencia y mucho menos una brigada de auxiliares para cubrir la negligencia política administrativa. Su rol es la defensa externa y contribución subsidiaria del Estado en los rincones más remotos del país. La Ofrenda del militar está en el Campo de Marte, en los campos de batalla, allá en el aire, el mar y el sagrado territorio de lucha. En caso de guerra, el civil que desee convertirse en soldado debe ir al cuartel. En democracia, el militar que desee convertirse en sujeto político debe hacerse civil.




Agosto 11th, 2007 at 2:49 am
Apreciado amigo.
He leído tu comentario, y como siempre tu postura es clara y definida, me llena de orgullo el saber que pese a los años, sigues manteniendo tus ideales.
Desde hace muchos años vivo en Barcelona-España. y gracias a ti estoy informado de lo que sucede en mi provincia y mi país.
Felicitación por mantener esa altura y grandeza,ejemplo que deberíamos de seguir, yo por lo menos tome la medida mas fácil, abandonar el Ecuador.
Saludos.
Benito