El Autonomista.com

June 1, 2007

Lincoln Verduga Loor

Filed under: Edición 219,Opinión — El Autonomista @ 1:01 pm


POR Juan Ramón Cevallos Viteri

Después de conversar, comentar con varios amigos y escuchar opiniones diversas, unas favorables y otras adversas sobre el comportamiento de Lincoln Verduga Loor y con ocasión de las discusiones sobre la libertad de expresión que se ventilan en estos días, tomé la decisión de escribir estas notas para relievar una virtud que quiero destacar porque la viví y porque en estos tiempos no es común encontrarla aun en los que se presentan alardeando ser amigos.

Por estos lares llegó un profesional de la serranía, y como nuestra gente suele decir, comiéndose la camisa, y como nuestro pueblo es hospitalario le brindó oportunidades de trabajo, otorgándole además, con mucha largueza, amistad y aprecio, por estas circunstancias en alguna reunión nos presentaron y quedamos “amigos”. Me dispensan los lectores que no diga su nombre porque ya falleció y es preferible que descanse en la paz de los sepulcros por lo que nos referiremos a él llamándolo Quispi.

Frecuentemente nos reuníamos por las noches varios amigos para comentar diversos tópicos, especialmente sobre la seguridad social y jurídica de la vida citadina. Quispi se daba el tono de panelista. Con su audacia y la indiferencia de sus colegas había conseguido una “clientelita” con la que ufano, ante sus incautos, alardeaba su calidad de fatuo penalista.

Un buen día, me honraron los señores de la Corte Superior de Justicia de Portoviejo, designándome Juez de lo Penal de Manta, por tal motivo Quispi de broma en broma se pidió una botella de wiski para celebrar el nombramiento. No encontré nada malo en aquello y lo celebramos en unión de varios amigos. Con el pasar de los días lo que fue un acto social espontáneo por esa ocasión, se intentó hacerlo una obligación semanal, pretensión que además de insolente atentaba a los nobles sentimientos de la amistad.

Ante mi rechazo, Quispi comenzó a sacar las uñas y a presentarse tal cual en verdad fue, un vulgar chantajista, era la época de la Izquierda Democrática y se jactaba de ser afiliado y tener muy buenos amigos e influencias en la Corte Suprema de Justicia por lo que me amenazó con hacerme separar de la Función Judicial, intención que mereció mi más rotundo rechazo y desprecio.

Abiertos los fuegos comenzó su labor de intriga, campo en el que fue, ahí sí, especialista, y como Quispi, fue miembro de un Tribunal Penal, aprovechó de un recurso de apelación que cayó en este Tribunal para pretender amedrentarme violando la Ley pero su fama de penalista no pasaba del consumo “trinquero” y mi fallo fue ratificado por la mayoría del Tribunal. Después tomó más fuerza el problema y Quispi publicó un comentario tratando de sorprender a los lectores lo que dio lugar a mi aclaración, pero como mi escrito resultó extenso, se dificultó la publicación, y aquí aparece Lincoln Verduga a esa fecha director del Diario El Popular (tercera época) con quien somos amigos desde mi época de muchacho con Edmundo Izaguirre, los hermanos Jaime José, Luis Linzán Wittong, los hermanos Miguel, Jorge Atilio Briones, Luis Gómez, Alfonso Romero Bravo, Venancio Larrea, Ulbio Cevallos, cuando andábamos enamorados, en la época de oro de la calle Colón, y me dijo: ¿Por qué no le contestas? A lo que le respondí lo que había ocurrido, a lo que me replicó -tráeme el escrito para publicarlo, no importa la extensión-, y así lo hizo. El escrito se llevó una página y parte de la siguiente pero en la publicación se deslizaron varios errores por lo que me acerqué al día siguiente para hacerle notar los errores, y Lincoln, todo parsimonioso me dijo: “no te preocupes los publicaremos nuevamente sin errores”.

La aclaración le quitó la máscara a Quispi que no tuvo el valor de replicar pero en cambio buscó un gurupié para mandarle a ofrecer dinero a Lincoln para que no me publicara ningún escrito que se refiera a él, lo que no sólo fue rechazado de plano por Lincoln, sino que me pidió que siguiera escribiendo. Aquí resalta su gesto de lealtad y amistad que me motiva a escribir estas líneas en homenaje a esta amistad que quiero destacar narrándola ahora cuando la neblina del tiempo comienza a cubrir nuestras vidas y no queda más del recuerdo que no se borrará, quedando el hecho que trasciende con la manifestación de una sincera amistad que la llevo hasta el fin de mis días.

One Response to “Lincoln Verduga Loor”

  1. pedro prieto Says:

    Por favor, me gustaría tener noticias y la dirección de un amigo- Ulbio cevallos- nos conocimos hace muchos años en Quito y durante años mantuvimos correspondencia. Me gustaría saber como está y poder de nuevo tener noticias suyas, a pesar del tiempo sin hablarnos, perdí su dirección, guardo gratos recuedos de esa amistad. cuando nos conocimos Ulbio hacía una céramica preciosa y trabajaba para Olga Fisch en Quito. Si sabeis algo, por favor, contestar este mensaje. Muchas gracias.mi correo es el de arriba y os dejo otro. lacasabar.zafra@hotmail.com

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