La patología del poder…

POR Marco Arteaga Calderón
artecal185@yahoo.com
De todos es conocido que, al margen de una formación ideológica seria, el poder corrompe. Pero cuando más allá de sacar ventaja para los intereses personales, quien detenta la autoridad, potencializa el mando, con la práctica de sus acciones, hacia la negación de los valores sociales de la comunidad en que vive, la patología del poder hace presencia. Ahora, entonces, todo es posible, porque nada es respetable. Y cuando nada es respetable, la ostentación del ego emerge en un insano e incontrolable quemeimportismo, capaz de superar la instancia de sentirse, creerse y proponerse más allá del bien y del mal. “¿Qué importa, por lo tanto, que me odien? ¿Acaso lo importante no es que me teman?”. Política de Estado de Tiberio que mantuvo en duermevela a Roma mientras gobernó. En general, por definición, el autoritarismo confundiendo, sicopáticamente, la función de mandatario con la de mandante rechaza la fuente de elección, de procedencia y busca destruirla, volviéndose una especie de nacido de sí mismo. De repente el poder, el hacer o deshacer, ha llegado de fuera del contexto humano, fuera de toda realidad social. Es que para el autócrata, para el déspota, para el tiranuelo toda arbitrariedad suya, todo abuso, todo desafuero no pasa de ser un resultado legítimo del poder. ¿Razón de su sinrazón?
El mandatario, en circunstancias participativas y solidarias de gobierno, pretende ser estadista, hombre de derecho, de justicia y de consensos… El trauma del apoderamiento de la gestión de la cosa pública como propia, en cambio, trastoca el ordenamiento del mando en el aislamiento de solo entender, comprender y atribuirse el proceso de las relaciones sociales, como extensión de sí mismo. Todo queda sintetizado, por concentración sicológica aberrante, en una fórmula casi esotérica y mágica… ¡YO SOY! Después de esta autodecisión los demás ya no son… Y cuando los otros, los que realmente necesitan un gobierno de gran sanidad mental, ya no son cualquier suceso puede ocurrir. Algo válido, aunque sea catastrófico para la sociedad, si viene del poder ensimismado en su prepotencia, en su arrogancia, en su impertinente necedad. En caso contrario, la mínima discrepancia es oposición. “Los que no están conmigo están contra mí”. Pero como “YO SOY” la vida y quien la dispensa, los que están contra mí están contra el Estado. La conspiración es señalada por todas partes. En cada rincón hay enemigos. Y, por supuesto, enemigos de la patria… ¿Qué hacer, entonces, con los enemigos de la patria? Exterminarlos! De cualquier forma… A como de lugar! La ideología del garrote es, ahora, en semejante circunstancia, el derecho de autocrítica ciudadana…y, además, la única permitida.
Al tomar lo patológico el liderazgo, los disfraces y el afeite ganan terreno y como bien dice Erasmo “son los que mantienen la atención de los espectadores”. O sea, el marketing de la imagen igual al doble discurso juega a favor de la estupidez, de la torpeza, de la intolerancia que viene a ser lo mismo que la trituradora orden del autarca. Verdad absoluta sin posibilidad a ser desmentida. Atreverse es entrar en una rueda de molino sin fin, en donde la dignidad y la honra del opositor cuando no son destruidas quedan fuertemente disminuidas. No por gusto expresa Albert Camus que de un hombre que pretende tener la verdad y con ella acallar al contrincante, lo mejor es dejarlo solo, retirarse. ¿Cómo olvidar que un insano mental con el poder en sus manos, cuando alguien aclara reflexivamente su posición, igual que Goering, el “filósofo” del fascismo, está siempre dispuesto a expresar “si hay quien me dice que piensa y con ese pensamiento busca detenerme, de inmediato saco el revolver”? ¿Pueden acaso los pueblos mantenerse a la sombra de tanta impudicia, esta sí miseria humana, fuente viva de la patología del poder? Ciertamente que no. Cuando escogemos vivir, y disfrutar en justicia y creativamente la vida, condicionamos nuestra vivencia a la libertad.
Y si vivir es ser libres, por razón y derecho, no podemos permitir ningún obstáculo a su desarrollo por imposiciones opresivas. Sería, al aceptarlo, dejar que el látigo caiga sobre nuestras espaldas, sabiendo, que el látigo es el derecho exclusivo de las bestias! O somos o no somos humanos…




Febrero 24th, 2006 at 6:32 pm
He recibido un ejemplar de su periodico y me he interesado en el tema de las autonomías. creo que usted escribe excelente.Siga adelante. Gracias.
Ing. Roberto Roca
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