La ira: el mayor enemigo

POR Jairo Macías Arteaga
La causa de todos los problemas, confusión y torbellinos que acosan al hombre de hoy, radica en el hecho de que ha perdido el control de los sentidos de percepción. Sin control de los sentidos no se puede alcanzar felicidad en ninguna vocación o tarea, no podemos reflexionar adecuadamente ni pensar tranquila ni racionalmente. El verdadero significado de este proceso, no es evitar que los sentidos ejecuten sus funciones, sino dirigirlos, regularlos y canalizarlos adecuadamente. Cuando se actúa así, seremos capaces de gozar de la verdadera delicia de la mente y del placer real del espíritu.
La ira es una pasión que reduce y degrada al hombre al nivel de un animal. Es causada por la debilidad, no del cuerpo, sino de la mente. Si conseguimos desapegarnos de ella, habremos alcanzado uno de los mayores logros en el camino espiritual. De todas las pasiones humanas, la ira es la que está siempre disponible, no es preciso que cumplamos ningún requisito previo para obtenerla. Hasta la envidia requiere una cierta preparación, porque debes conocer algo acerca del otro para poder envidiarlo. Con la ira no ocurre eso, puedes enojarte con alguien sin saber nada sobre él, sin conocerlo siquiera. Puedes no haber estado enojado en absoluto un minuto antes; te acomete, está siempre allí, esperando ser convocada.
Contrariamente a lo que la mayoría supone, la ira no cambia nada, no aclara, no resuelve, no propicia nada, no evita ningún hecho o circunstancia. Sólo sirve para pasar un mal rato y desperdiciar tu energía. Cuando la gente se enoja, sus nervios se debilitan, se hacen frágiles y se pierde el control de sí mismo. Un momento de ira puede incluso drenar la energía acumulada durante tres meses mediante una buena alimentación. Cuando te enojas, pierdes los estribos, ya no eres dueño de manejar las riendas de la situación. Quedas a merced de una parte de ti mucho más pobre, que sin embargo te domina y te lleva a donde luego te arrepentirás de haber llegado.
Sai Baba dice que al enojarte dejas escapar el antepasado violento que fue huésped de ti en épocas pretéritas. Que alguna vez utilizaste tu furia para ahuyentar alguna fiera o para defender tu territorio. Pero lo que tú no sabes, es que cuando te llenas de ira, tú mismo te estás transformando en una fiera. Cuando la ira hace presa de ti, el único impulso que te guía es la agresión, quieres dañar, romper, desquiciar. Pero además, te dañas a ti mismo desde el momento en que dejas crecer en ti la furia destructiva.
Desde el momento en que decidas dar rienda suelta a tu enojo, toda tu biología te acompañará. Tu cerebro que no conoce de valores, que no discrimina entre el bien y el mal, dará las ordenes precisas para volcar en tu sangre todas las sustancias que necesitas para tener un magnifico ataque de ira; si lo deseas, llegarás hasta el agotamiento, la inconciencia o la locura. En este punto quiero llamar tu atención: La ira comienza como una emoción que es apenas una señal de alarma, y se transforma luego en una respuesta global muy compleja y de muy difícil manejo. La opción es clara: o la cambias cuando apenas se inicia, o la ira hará presa de ti ya sin remedio. En una situación así, el desastre es lo más probable. Si no te haces cargo de controlar tus emociones, retrocederás en lugar de avanzar en el sendero espiritual. Quien no se gobierna así mismo, no puede comprometerse en ningún logro trascendental ya no es capaz de controlar el timón del barco que transporta sus cargas.
Ahora, cuando adviertas que la ira está a punto de hacer presa de ti, pregúntate para que te enojas. Acaso te enojas porque dijeron o hicieron algo que te molestó o que no apruebas, que te hirió, ofendió, ridiculizó, no importa. El tema es, para qué usas la respuesta del enojo. ¿Lo haces para asustar y promover así un cambio por el temor? Pregúntate, en ese caso, si el cambio será genuino. ¿Te enojas para que el otro calle? Podrá callar, pero eso no cambiará sus ideas. ¿Eliges la ira para arruinarle el día a otros?. Te la arruinarás tu mismo.
Cuando te aflora la ira la medicina es la siguiente: no le des cabida ni un momento, afloja el cuerpo, cambia el ritmo de tu respiración, traga saliva, fórjate una imagen que te ayude a demorar tu respuesta, desvía la mirada de aquello que te provocó el enojo, cambia de posición, cierra los ojos, repite un mantra o una oración o invoca a tu maestro espiritual. No te esfuerces, aflójate y déjate llevar por el nuevo estímulo. Luego puedes elegir, responder o marcharte, ya no importa. Lo esencial es que aprendas a transformar tu ira en una respuesta no lesiva para ti, de la que puedas obtener una creciente sensación de poder y gobierno sobre tus emociones.
Así poco a poco irás notando que puedes mirar desafectadamente aquello que antes te ponía furioso y advertir que el enojo es en realidad una alternativa poco sabia que bloquea tu comprensión y tu conocimiento, y en cambio aprenderás a desarrollar el buen humor, la ecuanimidad y la compasión. Dejarás de sentirte ofendido por la opinión de los demás, de sus equivocaciones, sus conductas. Dejarás que cada uno sea como es, sin pretender que nadie se acomode a tu persona, con ello ganarás en paz interior, en armonía y en salud.
Cuando te indico que no cedas a la ira dice Sal Baba, no te estoy proponiendo que te reprimas o te engañes sobre ti mismo. Di lo tuyo, defiende tu lugar, reclama tus derechos, expresa tus ideas, opina, defiende, disiente. Pero no te enojes. La expresión de la ira no se da solo hacia fuera, sino que también actúa hacia adentro. El enojo te llena de enojo, te lo das a ti tanto como se lo das a los demás. Por eso te digo, no te enojes; nada en el mundo justifica que te trates así.
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