El Autonomista.com

Diciembre 10, 2007

La inefable consulta escolar

Clasificado bajo: Opinión, Edición 231 — El Autonomista @ 6:42 am


POR Lenin Manuel Moreira Moreira

Resulta en verdad preocupante la actitud de ciertos profesores o debiera decir un significativo número de ellos , que en lugar de ser guías u orientadores de los alumnos se convierten en torturadores de éstos con consultas extra aula o clase con preguntas que exigen cierto tipo de asesoría y en el tiempo normal requerido, a fin de que no resulte un galimatías, para el estudiante que se ve en la necesidad de acudir, no siempre, a la biblioteca sino a padres y amigos para que le resuelva la tarea que el “moderno” maestro le ha dejado.

La consulta es una buena técnica, es una fase de la investigación y desde luego el profesor diligente debe servirse de ella para cumplir el proceso educativo, sin embargo, ella debe, tiene que ser aplicada en el interior del aula, convirtiendo a ésta en un taller de interaprendizaje con el material didáctico adecuado y con la guía y con la supervisión pedagógica del profesor que debe encaminar el desarrollo de la destreza del raciocinio y la pertinencia de la temática en un ambiente de familiaridad para que el alumno convierta, de suyo, un conocimiento significativo.

Algunos profesores confunden la consulta con la investigación que resulta improcedente, antipedagógica y torturante para niños en edad escolar a quienes les hacen preguntas de corte político y de opinión que los confunde porque determinadas áreas están fuera de su universo cognoscitivo. Naturalmente que las respuestas las “dan haciendo” adultos que tienen otro grado de instrucción y no siempre son los padres que están a ese nivel de educación y cultura.

La tradicional clase del maestro que enseña y del alumno pasivo que sólo aprende de aquél, es, debe ser, un referente del pasado, aunque todavía hay maestros que no han evolucionado en la técnica y siguen practicando esa metodología, que el pedagogo Paulo Freire la llamaba educación bancaria; no obstante, como contraparte, están aquellos que cómodamente sólo mandan a consultar al niño (a) en una interminable carrera contra el reloj, sin la orientación adecuada y con amenaza de la nota cuantitativa blandiendo sobre su cabeza como “espada de Damocles”.

La escuela, que líricamente tiene diversos significativos, entre ellos “templo del saber”, dejó de ser el recinto de cuatro paredes que sólo era el espacio de un solo protagonista, el adusto e inasible profesor que sólo emitirá órdenes y teoría con la consigna de que los alumnos sean el eco de sus conocimientos, para convertirse en un ambiente donde interactúan personas que buscan interpretar la naturaleza y la sociedad a partir del entorno de coexistencia, en su realidad circundante, donde prime la comprensión y el compartir de experiencias donde todos aprendan de todos.

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