El Autonomista.com

July 24, 2009

HISTORIA

Filed under: Edicion 259,Historia — El Autonomista @ 11:55 am

 

 

 

Los grillos de Vargas Torres

Gastón De Janòn Giler
 

Nadie ignora la tragedia desarrollada en Cuenca el 20 de marzo de 1887.
Un alto jefe del Ejército ecuatoriano, valiente, ilustrado, pundonoroso; pleno de vida, de entusiasmo, de aspiraciones y de juventud (sólo contaba entonces 31 años de edad fue inmolado por la pasión política y por venganzas de orden personal, con escándalo de la ciudadanía y con palmaria violación de las garantías y los derechos consagrados en la carta fundamental del Estado.

Luis Vargas Torres, vástago de una familia atávicamente honorable y patriota, inicio su carrera militar en la campaña contra la dictadura del General Ignacio de Veintimilla, contribuyendo con sus personas y bienes, hasta obtener el triunfo definitivo de la causa democrática, en la gloriosa jornada del 9 de julio de 1883. Pudo haber surgido entonces la República próspera y floreciente, sobre bases firmes e inconmovible contando con la buena voluntad de todos los Ecuatorianos que habían concurrido conjuntamente al derrocamiento de la ominosa Dictadura, inspirados en el único ideal de la salvación de la Patria. Egoísmos de partido, intereses de círculo ambicioso personales, primaron sobre las exigencias del patriotismo que es abnegación y es sacrificio, y renació, como era natural, la discordia intestina.

Las huestes acaudilladas por el General don Eloy Alfaro se aprestaron a la nueva lucha. Vargas Torres, que contaba ya con el prestigio de su valor y su talento, plenamente comprobados en la anterior contienda, se apresuró a secundar los proyectos de su jefe: la invasión de las provincias de Esmeraldas y Manabí, que tuvo por desenlace el histórico combate de Jaramijò, y el posterior avance a las provincias del Sur.

El Coronel don Luis Vargas Torres, Director y Jefe de Operaciones de esta última expedición bélica, cayó prisionero junto con su estado mayor en el combate librado en la ciudad de Loja el 7 de diciembre de 1886. Testigos presenciales afirman que tan pronto como el coronel don Antonio Vega Muñoz, Comandante en Jefe del Ejercito Constitucional, se informó de este hecho, acudió en busca de este amigo y antiguo camarada en la campaña restauradora de 1883, y quien tan luego como se aproximó le dirigió este saludo: “¡Coronel Vega! Tiene usted aquí una víctima “. El arrogante jefe del Ejército vencedor en contestación le abrió los brazos, lo estrechó entre ellos y le dijo emocionado: “Coronel Vargas Torres, mientras penda esta espada de mi mano y conserve el comando de estas fuerzas, su vida y su persona están plenamente aseguradas”. (Hermoso episodio, digno de pasar a la historia como ejemplo de caballerosidad).

Trasladados los prisioneros a la ciudad de Cuenca, se ordenó el inmediato juzgamiento en consejo de guerra. Instalado este para juzgar a los prisioneros, el 4 de enero de 1887, no se hizo esperar el fallo prevaricador y clamoroso. Vocales designados expresamente para secundar la voluntad del Gobierno, cumplieron la consigna sin pudor y sin vergüenza. El Coronel Vargas Torres y cuatro de sus compañeros de armas fueron condenados a muerte.

“No los condeno a muerte “, dijo el íntegro jefe al razonar su voto, “porque el Articulo 14 de la constitución vigente no lo establece sino para parricidio y para asesinato. La misma disposición prohíbe que se aplique dicha pena por crímenes políticos “. Parece que el Coronel Vega Muñoz, al darse cuenta de la forma apasionada, incorrecta e ilegal con que se trataba de proceder, elevó sin tardanza al Supremo Gobierno su renuncia como Comandante General del Distrito de Azuay, y se ausentó a su hacienda situada en el cantón Gualaquisa, hacia la entrada del entonces íntegro e intangible Oriente ecuatoriano.

Los demás condenados imploraron gracias y obtuvieron la conmutación de la pena. Vargas Torres, hombre digno y soldado de honor, asumió las consecuencias de su situación, resuelto y valeroso. La eliminación de Vargas Torres fue cuestión resuelta e irrevocable. El 19 de marzo se presentó la comitiva que iba a notificarle la orden de fusilamiento para el día siguiente por la mañana. Vargas recibió la noticia sereno e imperturbable. En las primeras horas de la noche, a la luz fluctuante de un candil y sobre la endeble mesa de la prisión, escribió la última carta a su madre.

 
Carta del Coronel a doña Delfina

Señora
Delfina Torres viuda de Concha

Comprendo muy bien, madre mía, que este, mi último adiós, te hará sufrir mucho, muchísimo. Pero, cómo irme a la eternidad sin despedirme de los seres más queridos que tengo en este mundo; de ti, madre querida, de María de Esther, de Teresa y Delfina.

¡Ah!, mucho sufrirás con mi partida. Yo también sufro al dejarte. Pero allá libre de la ferocidad de los hombres y en unión de nuestro querido Clemente, te esperaré para darte el abrazo de que me privan aquí en la tierra los hombres inhumanos, separándome de ti.

Después de pocas horas dejaré de existir, derramando mi sangre en un patíbulo. Muy bien sabes que ningún crimen he cometido y que solo por ser honrado ciudadano amante del progreso de mi patria, voy a recibir esta muerte. Pero ¡ah, sí, soy un criminal! ¡Mucho has llorado, mucho has sufrido!

Aquellos insensatos que me matan, por satisfacer una ruin venganza, creen contener el vuelo de la revolución con este crimen y no saben esos infelices que lo que hacen es darle más aire y más espacio.

Quiera Dios, madre mía, que sea yo la última víctima que presencien los pueblos.

Algunos días hace que no veo a Jorge, pero creo que está en esta ciudad.

No puedo verlo, pues estoy absolutamente incomunicado, y ojalá que no lo vea para que mi corazón no flaquee y no asomen lágrimas a mis ojos, pues si asoman creerían mis enemigos que la cobardía dominaba mi corazón. Con él les dejo algunos recuerdos.

No puedo más, las lágrimas brotan a mis ojos sin cesar y mi corazón desfallece. Adios, madre querida. Adiós, no desesperes. Tus hijos necesitan de tu apoyo, y tus sufrimientos te abren el camino de la resignación.

Adiós…adiós.

Luis.

Cuenca, en mi prisión, marzo 19 de 1887.

One Response to “HISTORIA”

  1. carlos Holmes Says:

    si tiene la bonda y me colaboran:

    Cuando llego la noticia del crimen a Ecuador del Mariscal Sucre.
    Cuando Llego la noticia a la marqueza de Solanda.
    Cuando llegaron los restos del mariscal Sucre en secreto a la hacienda El Dean.
    Cuando llegaron los que traian su cuerpo a berruecos.
    Cuando fue la exhumacion de sus restos en berruecos.
    cuando fueron trasladados al convento del carmen de abajo.
    muy agradecido de su parte.

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