El Autonomista.com

Octubre 18, 2008

Esas no son penas… son historias escondidas

Clasificado bajo: Opinión, Edición 248 — El Autonomista @ 12:05 am


Carlos Fidel Intriago Z. | faidel.corporation@gmail.com

Andas por los treinta años, te levantas así como todos los días, y sigues con tu monótona y ordinaria vida, y en esa monotonía tienes secretos, muy tuyos, no puedes contárselo a tus amigos, ¿amigos? No tienes, ¿desde cuándo? entonces te pones a recordar, das la vuelta y ves que los años se han desaparecido sin darte cuenta, hace 14 años que no ves a tus amigos, a los verdaderos, los panas del cole, los de guerrilla. Luego te enteras que uno de ellos tiene cáncer, quieres visitarlo, esa intención la conviertes en excusa para reunirte con esos amigos. Los llamas y lo haces, estás reunido con ellos luego de años, no pueden creer cómo el tiempo ha pasado, y empieza la nostalgia, los recuerdos, las risas, las lágrimas.

Pues de eso trata la Ópera Prima de Anahí Hoeneisen y Daniel Andrade, pero del punto de vista feminista, ‘Esas no son penas’, que llega a Manabí porque no podría ser de otra manera, en los momentos cinematográficos en que nos encontramos, ver nuestro cine ya no es una quimera, tenemos que verlo porque tenemos que verlo, llegan así sea tarde y las salas estén vacías.

La primera imagen nos sitúa en la ciudad de Quito, donde se desarrolla la historia, y en seguida vemos las panorámicas sentimos ese frío tan de esa ciudad, ese clima como inhibido. La mañana se anuncia y poco a poco nos adentramos en la vida de cuatro mujeres, Marina, Diana, Tamara y Elena, y mientras se desarrolla el día descubrimos su soledad, sus deseos, culpas y temores. Marina le es infiel a su esposo, le gusta pero la asecha la carga en la conciencia de engañar a un hombre tan bueno como es su marido. Diana sufrió la desdicha de quedar viuda demasiado pronto, aunque tiene una hija de 15 años la ataña la soledad. Elena se separó de su marido, tiene un hijo de unos 9 años y está esperando otro, además cuida de su hermano que tiene un problema mental no muy grave. Luego viene Tamara, ella no perteneció al grupo de amigas sin embargo es hermana menor de Marina, y de igual forma la conocen, ella le da el toque de juventud al film. Al final del día van a visitar a Tamara, ahí es donde las protagonistas se desatan, no literalmente sino que a cuenta gota van sacando algo de si mismas. Ese encuentro se podría decir que es el clímax de la película, digo se podría decir porque en si no se siente, apenas se logra percibir, esto no quiere decir que la película sea aburrida, mas bien es pasiva, y sin rodeos ni exageraciones.

La película en sí es un relato revelador, intimista, desde la mirada de estas cuatro mujeres y sus vidas ordinarias, nos muestran las conjeturas de la vida, que para unos se transmiten en penas. “Feliz feliz, uno no puede ser, sólo por momentos…” nos dice una de las protagonistas, a la vez que nos hace el llamado para repasar nuestra historia y ver cómo hemos estado llevando nuestras vidas.

‘Esas no son penas’, el último estreno ecuatoriano, es una película que no podemos dejar de ver, soy muy creyente de que sólo el hecho que sea ecuatoriana hace que vallamos al cine a mirarla, aunque esto no sea un determinante. Porque en Manabí aún nos falta aprender a mirarnos, tampoco hay que tachar de localistas aquellos films que son hablados por “serranos”, es un error que debemos corregir, y aunque lo sean, la historia y el mensaje está sobre todas las cosas. Y precisamente en Esas no son penas, aunque sea una película ecuatoriana, la historia es universal, si se cambia Quito por Babahoyo o Ámsterdam, en nada la alteraría, es uno de los tantos méritos que se lleva esta película.

No dejen que se le escape de cartelera, dejen a Hollywood a un lado y por un momento mirémonos, tenemos que hacerlo, es necesario.

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