El Autonomista.com

Enero 23, 2008

ENERO 15 DEL 2008

Clasificado bajo: Edición 232 — El Autonomista @ 7:16 am

Informe a la nación

Resumen del mensaje del Señor Presidente ante la Asamblea
Nacional Constituyente al Cumplirse el primer año de gobierno,
el pasado 15 de enero.

Queridos Compatriotas:

Hace 365 días, al tomar posesión del cargo de Presidente Constitucional de la República, dije que asumía esta responsabilidad con humildad, a nombre del pueblo ecuatoriano que, cansado de la injusticia y la mentira, había decidido cambiar el rumbo de la historia y así volver a tener Patria.

La Patria no es la tierra. Los hombres que la tierra nutre son la Patria, decía Tagore, y ese concepto ampara el ideario de la Revolución Ciudadana: buscamos la Patria de todas y de todos, la Patria para todas y para todos, la Patria en que la equidad y la igualdad de oportunidades no sea entelequia ni retórica, la Patria en que los Derechos Humanos y Civiles sean ejercidos por hombres y mujeres, niños y niñas, y, entre ellos, los más pobres, los olvidados y marginados de la historia y de la vida.

(…) Hasta los más desquiciados adversarios del Gobierno han reconocido nuestra consecuencia y fidelidad a los compromisos. Decíamos el pasado 15 de Enero que el mandato de la ciudadanía fue claro: queremos una transformación profunda, nuestras clases dirigentes han fracasado, queremos una democracia donde se oiga nuestra voz, donde nuestros representantes entiendan que son nuestros mandatarios, y que los ciudadanos somos sus mandantes.
Por ello, el primer eje de nuestra revolución ciudadana era la revolución constitucional y democrática, a través de una Asamblea Nacional Constituyente de plenos poderes, para sentar las bases de un nuevo pacto social, que permita la consecución del buen vivir para la mayoría de los ecuatorianos.

A pesar del boicot orquestado por la partidocracia enquistada en el Congreso y de la campaña en contra de los grupos de poder de siempre, logramos la convocatoria a la Consulta Popular para la conformación de la Asamblea, donde con un abrumador 82% el pueblo con firmeza dijo sí al futuro. No fue el gobierno el que logró la Asamblea, no fue el gobierno el que triunfó en la consulta, fue todo un pueblo decidido al cambio.

Posteriormente, el proceso electoral que supuso la conformación de la Asamblea se caracterizó por nuevas reglas de juego electoral, que permitieron el voto y candidatura de los hermanos migrantes, la participación igualitaria de los candidatos en franjas publicitarias financiadas por el Estado, y la exigencia de la incorporación de mujeres y hombres en igual número en las listas a elegir. Nuevamente en ese proceso, el pueblo ecuatoriano dio un rotundo respaldo a la propuesta de la revolución ciudadana, la cual venció en todas las regiones del país, incluida las regiones de migrantes, con cerca del 70% del voto popular. De esta forma, el país finalmente cuenta con un proyecto verdaderamente nacional, y con ello la oportunidad histórica y probablemente irrepetible de un cambio en paz y en democracia.

La Asamblea Nacional Constituyente permite avizorar un nuevo Estado, en el cual se superen las herencias del perverso modelo institucional y de desarrollo que corrompió el manejo de las entidades estatales y del sistema político, secuestró las Cortes de Justicia, supeditó las decisiones del Congreso Nacional al arbitrio de los propietarios de los partidos políticos, y condenó la supuesta independencia de los organismos de control a las mafias políticas.
De esta forma, transcurrido apenas un año, que por la vorágine de los acontecimientos parecen ser muchos más, asistimos, con júbilo y prudencia, con esperanza y cordura, a contar con una Constitución popular, justa, democrática, digna, soberana y, por sobretodo, profundamente humana, que no dudamos será ratificada por nuestro pueblo, (…) “Tú eres pueblo, y por eso vales más que tus opresores”, señalaba Juan Montalvo hace más de un siglo, y hoy esa sentencia tiene más vigencia que nunca.

Decía el general Alfaro: “Ha llegado el momento ardientemente deseado de convocar a una Asamblea Constituyente, que reunida en la cuna de Olmedo y Rocafuerte, dicte una Constituyente que normalice la marcha administrativa de la república y en armonía con el progreso moderno, abra nuevos horizontes al porvenir de nuestra querida Patria”.
Nos sentimos orgullosos, mi General, de seguir sus pasos, y, como usted, y humildemente, aquí, en su lugar natal, Montecristi, asumimos su herencia de libertad, igualdad y justicia, y, como lo hizo el Compañero Alberto Acosta, hacemos nuestras sus palabras: “Nada soy, nada valgo, nada pretendo, nada quiero para mí: todo para vosotros que sois el pueblo que se ha hecho digno de ser libre”.

Hoy se quiere negar los plenos poderes de la Asamblea, pese a que el pueblo ecuatoriano votó expresa y abrumadoramente por ellos. Hoy se quiere negar su capacidad de legislar, cuando es lo elemental en un proceso constituyente. Hoy satanizan la coordinación entre gobierno y asamblea, cuando antes se rasgaban las vestiduras por las pugnas de poderes. Hoy nos quieren dividir, encasillarnos entre supuestos correístas y acostistas. En todo caso, si esto fuera cierto, mi querido Alberto, que no te quede la menor duda de que yo soy el más ferviente acostista, convencido de que la conducción de la Asamblea Nacional Constituyente está en las manos de uno de los mejores hijos de la Patria, compañero, hermano y maestro.

Señores de siempre: no pierdan su tiempo, no lograrán dividirnos. Gobierno y Asamblea son instancias diferentes, pero parte de un mismo proyecto, proyecto por el cual abrumadoramente el pueblo se pronunció, convirtiéndolo en sagrado mandato, el cual cumpliremos sin importar el sacrificio que esto implique. Y habrá sacrificios. Todo cambio implica resistencias, más aún cuando son cambios revolucionarios. Hasta ahora, hemos gobernado con manos limpias, mentes lúcidas y corazones ardientes el sistema vigente. En el 2008, con la Asamblea, se dará el cambio definitivo de este sistema nefasto, que tanto tiempo nos ha acompañado y tanto daño nos ha causado. Los poderes de antaño, en su desesperación, harán lo imposible por detener el cambio, por desprestigiar a un gobierno honesto, a una Asamblea patriota.

Desde el poder ejecutivo, dentro de nuestras atribuciones y en lo que nos corresponde, ya hemos comenzado el cambio del sistema, con la profunda reforma del poder ejecutivo y del sistema de administración central.

Estimados Compañeros:
Las políticas impulsadas en este año por el Gobierno de la Revolución Ciudadana han cambiado radicalmente los principios y orientaciones, privilegiando al ser humano por sobre el capital, la aventura de la dignidad a la nefasta solvencia del servilismo, la minga a la competencia.

Una vez más, y bajo las sombras tutelares de Simón Bolívar y Eloy Alfaro, ratificamos nuestro compromiso y nuestro juramento de jamás fallarle al país, jamás traicionar nuestros principios, jamás romper la promesa de luchar porque el país sea de todos y todas, y, entre ellos, de los más pobres, los más humildes y olvidados, porque nuestra convicción es: con la Patria, todo, contra la Patria, nada.

Ha sido un año extraordinario, verdaderamente mágico, como alguna vez lo mencioné. Con gigantescos obstáculos, pero también con impresionantes éxitos. Sabemos que falta mucho por hacer, que recién empezamos, pero al menos ya hemos comenzado.

El 15 de Enero pasado, les decía sinceramente que pidan al Señor que me dé un corazón grande para amar, pero también fuerte para luchar. En la dura empresa que hemos tenido que llevar, en nuestra pasión por la Patria, en nuestra urgencia por cambiar las cosas, seguramente hemos cometido errores, y muchos. No tengo ningún problema en pedir sinceramente excusas por cualquier exceso. En mi corazón no hay odio. Creo firmemente que la vida es muy corta para desperdiciarla odiando. Hoy debe ser tiempo de esperanza, de unión y de alegría.

Hemos actuado con mano firme frente a los paros y las medidas de hecho, siempre en estricto apego a la ley. Es necesario desterrar la anarquía del país, que tanto daño nos ha hecho. Pero, insisto, démonos una nueva oportunidad. Por ello le solicito humildemente a esta Asamblea Nacional Constituyente el perdón para las personas acusadas por la toma ilegal de los correos del Ecuador, por el bloqueo de las vías de Machachi y por el paro violento en Dayuma, con la excepción de aquellas cuatro personas cuya prueba de parafina resultó positiva. Liberar a estos últimos, constituiría un verdadero insulto para los soldados y policías que cayeron heridos por las balas asesinas.

Por favor, lleguemos a consensos mínimos, no por la lucha política socavemos los propios cimientos de la nación: no más paros, no más ilegales medidas de hecho, no más violencia. Con el gobierno de la Revolución Ciudadana, por el diálogo todo, por la fuerza… ¡nada!

De igual forma, Señor Presidente, no más perseguidos por la judicialización de la política, por el poder de la banca corrupta. Le solicito también humildemente que la Asamblea trate la amnistía de los ex gerentes de la AGD injustamente perseguidos, como son Luis Villacís, Wilma Salgado, Carlos Arboleda y Alejandra Cantos, junto a Pedro Votruba y Reynaldo Valarezo, así como la amnistía del ex presidente Gustavo Noboa Bejarano, víctima judicial de quien se creía dueño del país y lamentablemente lo es todavía de algunas cortes.

Finalmente, le pido a la Asamblea el indulto para los cientos de hombres y mujeres, aquellos seres humanos conocidos como “mulas”, absurdamente encarcelados por años en función de leyes impuestas desde el extranjero y donde el castigo no tiene ninguna relación con la infracción. Aquellas personas, lejos de ser delincuentes, frecuentemente son simples desempleados, madres solteras, hermanos y hermanas castigados por la pesada carga de la miseria.

En este primer año de labores quisiera agradecer a mi familia por su incondicional apoyo, sobretodo a mi esposa Anne y a mis hijos Sofía, Anne-Dominique y Miguel, que comparten conmigo el sacrificio, pero también la satisfacción de servir a los demás. Agradecer a mis compañeros de gabinete, por su tesonero trabajo día a día, y por muchas veces soportar con verdadero estoicismo mi impaciencia. A las Fuerzas Armadas. Ellas saben que no están apoyando a un gobierno, sino a la Patria. A las autoridades seccionales, que tanto cariño y colaboración nos han prestado. A Uds. Señores asambleístas, por trabajar juntos para sacar adelante el país. A los miles de buenos funcionarios públicos, especialmente aquellos de Carondelet, que nos acompañan en esta utopía de tener una Patria Nueva. A aquellos que solo quisieron perjudicarnos, hacernos daño, porque como canta la Negra Sosa:
Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal, porque me mató tan mal, que seguí cantando.

Y, especial y finalmente, gracias a todo el pueblo ecuatoriano, nuestra razón de estar aquí: sin su apoyo, nada somos.

Ahora cumple un año el Gobierno de la Revolución Ciudadana.
Así como hasta ahora uniéndonos, como uno solo debemos seguir
si es así, nadie nos vencerá, nadie nos ganará, hermanas y hermanos de mi Ecuador, recuerden, La Patria ya es de todos!

Hasta siempre!

Por nuestra Patria, Tierra Sagrada

¡Hasta la victoria siempre!

Montecristi, 15 de enero de 2008

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