El cascabel del gato

POR Karla Intriago Zambrano
kainza84@yahoo.com
Se dice a soto voces que las cosas en este país andan mal. A la hora de hablar de un problema social no faltan los diagnósticos y las críticas. Sin embargo, al momento de enfrentar un conflicto determinado, muy pocos quieren asumir la responsabilidad de ser parte de la solución.
Inclusive, resulta que el que sabe de un acto de corrupción, por ejemplo, no lo denuncia “porque no se quiere meter en líos”, o dicen simplemente “si aquí todo funciona al revés y mientras no sea conmigo, no me importa lo que suceda a mi alrededor”. Y así este desinterés producto de esquemas educativos caducos que, lejos de formar a un ser humano, pro-activo, que propenda a la solución de problemas, que sea solidario y ético en todos sus actos, han “fabricado”, a sujetos fríos, egoístas, con baja autoestima y con una visión muy pobre del futuro.
Es verdad, aquí no se trata de buscar culpables, no obstante, de la familia también depende el desarrollo de las sociedades, porque es en su seno donde se forma en valores y principios al que tiene, más temprano que tarde, la responsabilidad de hacer de su patria un lugar digno para vivir.
El primer paso para resolver un conflicto, es reconocerlo, es decir, saber que existe y tener la predisposición de cambiarlo. Ahora bien, la violencia en nuestra sociedad es tan común que la presenciamos desde el hogar hasta en instituciones donde se supone, se forma al profesional bajo principios sólidos de calidad total.
Y con toda sinceridad tenemos que decirlo, aun cuando no nos guste esta realidad. Es penoso que los tentáculos de la violencia y todas sus ramificaciones lleguen a las universidades, entes deportivos, colegios, etc., o ¿acaso no recuerdan ustedes lo que ocasionó las enfurecidas “barras bravas” en un estadio de Guayaquil, cuando lanzaron una bengala?, como resultado de esto, murió un niño manabita, cegando su vida y no alcanzó a volar su última cometa. ¿Acaso no recuerdan lo que ocurrió, hace muchos años, en la UTM cuando reinó la ley del más fuerte?, ¿Acaso no recuerdan cuando un estudiante de segundo año de un colegio de Georgia (EE.UU.) hirió a seis compañeros?
No podemos ser simples espectadores de lo que pasa, por tanto, es perentorio poner en alerta a las autoridades universitarias, especialmente, a las de nuestra querida Universidad Laica “Eloy Alfaro” de Manabí, al contar en una de sus Unidades Académicas, con un grupo que promueve “el relajo” como literalmente lo dicen en uno de los pasquines que últimamente han circulado, situación que deja mucho que pensar, y nos preocupa que “la manzana podrida”, contamine a las demás y, en el peor de los casos, cause el caos, la anarquía y el terrorismo.
Aquí nos preguntamos, a esta clase de “pandillas” ¿quién o quienes las patrocinan, las financian y las protegen? ¿Quiénes son los mentores o los padres nutricios? ¿O es que hay mecenas poderosos tras bastidores?
Maquillar la realidad, es igual que negarla, y hacerlo sería no cumplir con nuestro rol histórico, es por eso que lo más normal es exponer de manera sencilla y sin aspavientos lo que ocurre, y que por muchas razones, no nos atrevemos a decir. Entonces ¿quién se atreve a ponerle el cascabel al gato?




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