EDUCACIÓN
Evaluación de la calidad

Vicenta Aveiga De Santana | DOCENTE-JEFA ACADÉMICA DE LA ESPAM
Desde su propia concepción, el ser humano se ha preocupado por analizar, juzgar y reflexionar, sobre todo, lo que forma parte de su realidad y gracias a ello ha podido alcanzar el actual desarrollo social científico. El simple juicio “me gusta o no me gusta”, “es bueno o es malo”, “sirve o no me sirve”, “es lo que busco o no lo es”, “es mediocre”, “tiene calidad o no la tiene” y así un sin fin de expresiones que se utilizan en la cotidianidad para referirse a personas, sentimientos, actos, objetos, no es más que una forma de valorar el mundo circundante.
En el propio vocabulario humano se encuentran palabras como valorar, apreciar, calcular, tasar, estimar, entre otras, con las cuales se puede identificar o relacionar aquello que es objeto de interés con un juicio sobre las características, virtudes o defectos. Por tanto se puede decir que existe un proceso continuo constante de análisis y de evaluación donde interactúan agentes y factores tanto internos como externos.
Es precisamente la evaluación de la calidad para la educación superior, el que será motivo de este artículo, para evidenciar las contradicciones que se dan en el sector educativo, en lo social, en lo económico y en lo político, en donde se pretende formar profesionales que vayan al mercado laboral u ocupacional a competir con eficacia, eficiencia y efectividad, en un sistema esencialmente repetitivo, que premia la sumisión, que castiga la libertad de expresión y que corta el pensamiento divergente que fluye del ingenio, de la creatividad de los estudiantes universitarios. ¿Bajo ese contexto, se debe hablar sobre la evaluación de la calidad para la educación superior?….. a mi modo de ver, la razón es muy clara, ya que el objetivo de la educación es el alumno, quien es considerado potencialmente como un agente de cambio, como un ser creativo e innovador que puede y debe influir sobre su medio ambiente para transformarlo y mejorarlo.
La evaluación entonces, dentro del proceso de enseñanza, seguirá siendo una tarea de gran complejidad, porque le exige al docente analizar este proceso y enfrentarse a una serie de contenidos y en algunos casos difíciles de abordar, de carácter psicopedagógico, técnico, práctico y administrativo-institucional.
En la evaluación el profesor asume un rol protagónico y para ejercerlo debe tener una cierta concepción explícita del modo en que se aprende y se enseña, así como una cierta concepción coherente con esta, sobre cómo, cuándo, porqué y para qué evaluar, todo ello, con el fin de poder asegurarse de que las experiencias educativas que proponga en el acto de enseñanza produzcan resultados satisfactorios.
Al mismo tiempo el docente, debe poseer conocimientos teóricos y prácticos más o menos precisos, de todo un profuso depósito de instrumentos y técnicas para evaluar el aprendizaje de los alumnos en los momentos pertinentes en que decida hacerlo, sea porque él lo considere así, o porque la institución o el currículum lo demanden.
No cabe duda que el proceso educativo necesita una actitud distinta del docente: no basta confeccionar los contenidos y dejar al estudiante perdido con información, sin procesar la misma. El maestro debe cambiar su rol de “informante” al rol del facilitador y potencializador del aprendizaje de los estudiantes, por lo tanto hay que evaluar entrada, proceso y salida, considerando lo instructivo y formativo como pares dialécticos que conllevan a una evaluación integral (de lo sistémico a lo holístico en perspectiva de generar procesos de desarrollo sustentable y sostenible de seres humanos y organizaciones).
Hay que señalar que la evaluación es parte integral de una buena enseñanza, de hecho, se puede decir sin ningún menoscabo, que no es posible conseguir la calidad de la enseñanza sin la evaluación.
Cuando se evalúa se mide la calidad de los procesos: la valoración no es un resultado de la calidad del alumno, en exclusivo, es una constatación de la calidad de los procesos en su conjunto.
Un proceso educativo de calidad proporciona y alimenta el placer de aprender, estimula el deseo de investigar, de crear, y de escalar a niveles superiores en busca de la excelencia, motivado aquello por el interés entusiasta del docente por su materia, la buena convivencia del equipo de alumnos, el marco agradable de los espacios de trabajo, que se le anime calurosamente ante las dificultades que aparezcan, el atractivo del material pedagógico, el aspecto lúdico de la investigación.
El producto de la acción pedagógica debe ser en sí mismo expresivo y por tanto debe generar satisfacción.
De igual forma, la acción pedagógica debe procurar un grado de satisfacción que vaya más allá del poder responder satisfactoriamente un cuestionario y que ubique al alumno en la complacencia íntima de descubrir el valor, la utilidad del conocimiento que ha construido durante un proceso y la aplicabilidad del mismo.
Se conoce que aprender es apremiante y que bastantes de las vías pedagógicas no son fáciles, pero es necesario ayudar a que el alumno descubra que el propio esfuerzo puede ser atractivo, así como ocurre en otras disciplinas del saber. Esa es la tarea que los docentes deben asumir con un sentido de pertenencia para formar al futuro profesional que la sociedad lo exige.
Para lograr la calidad educativa y considerar a la Politécnica como un verdadero laboratorio de aprendizaje, es necesario considerar lo que expresa Galo Naranjo sobre la evaluación entendiéndosela como un proceso de investigación participativa, autorreflexión, potenciadora de las capacidades humano sociales y transformadora, orientada por marcos ideológicos, teóricos, metodológicos y técnicos, que conduce a establecer juicios valorativos desde el conjunto de factores socialmente significativos que inciden en la vida de las personas y de las instituciones, que permiten construir comunitariamente conocimientos de la realidad analizada, a fin de tomar decisiones que contribuyan al mejoramiento de los seres humanos y organizaciones, ante lo cual se requiere de un trabajo compartido entre Docentes y Alumnos quienes son gestores de la excelencia académica, basados en la filosofía y política institucional.
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