EDITORIAL
CORREA, ACOSTA, FALCONÍ
A quiénes de esta Santísima Trinidad Política del actual gobierno de la autodenominada “revolución ciudadana”, echaremos la culpa cuando en la nueva Constitución de Montecristi, no aparezcan “las autonomías provinciales” como la nueva forma de administrar el Estado.
Quién o quiénes son los culpables para que en la nueva Constitución, no desaparezca el centralismo, como se ofreció en campaña, sino que al contrario de lo esperado, el centralismo aparecerá reforzado y con pretensiones de prolongarse por largo tiempo…el tiempo que dure este ensayo político-administrativo, que se lo enmascara con el ampuloso nombre de “socialismo del siglo XXI”.
Es que los autonomistas manabitas que somos la mayoría de la población de la provincia, estamos decepcionados y rabiosos. Nunca imaginamos que este gobierno se convertiría en la “quinta esencia” del centralismo y que en vez de avanzar en el proceso autonómico, solidario y libertario, estamos retrocediendo a la “edad de piedra” del perjudicial, excluyente y absorbente “centralismo”.
¿Quiénes son los culpables?. ¿El presidente Correa y su equipo de Carondelet?, ¿el economista Alberto Acosta y sus “muchachos obedientes” de la Asamblea de Montecristi?, o “el “inefable”, Fander Falconí y su abusivo y presuntamente todo poderoso Senplades?.
Quién o quiénes, son los gestores de este retroceso histórico del gobierno qué levantó tantas esperanzas de cambio, pero que ahora nos saca las uñas para convertirse en más centralista que todo lo que ocurrió en el pasado.
Se presume que el Eco. Rafael Correa es rehén del centralismo quiteño, ciudad que lo acoge con halagos, y lo convirtió en Presidente de la República. Por eso, no puede traicionar al “quiteñismo”, ciudad próspera y académica, donde lo convirtieron en “estrella”, y que por eso don Rafa, lo que hace con su gobierno, es consolidar el centralismo.
De Alberto Acosta, ni se diga. Por más que se disfrace de “revolucionario” y suelte en sus discursos de ocasión, la frase: “viva Alfaro, carajo”… el pueblo sabe que su origen de clase, su extracción social, lo convierte en un centralista, de “tomo y lomo”; y que con él, la autonomía no puede esperar nada, o casi nada.
Y con don Fander… solo podríamos parafrasear el dicho: “es más centralista que el centralismo”. Más papista que el Papa.
Ante tan adversa realidad, sólo nos quedan los Asambleístas manabitas, para que logren incorporar en el nuevo texto constitucional, el modelo de administración de las autonomías provinciales, en vez de la simple descentralización. ¿Podrán Tatiana, Trajano, Félix, Teresa, Ricardo, María Soledad, Humberto, Tito Nilton, unirse para llevar adelante esta aspiración histórica de Manabí?. Si no lo logran, será una derrota cívica y el pueblo manabita los sancionará…¡Amanecerá y veremos!




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