EDITORIAL
¿DICTADOR O CONSTRUCTOR?
El gran dilema del Ecuador actual es: tener en la primera magistratura del gobierno, un dictador o un constructor?
Para eso se ha convocado al pueblo al referéndum del próximo 28 de septiembre, que no es para aprobar un Proyecto de Constitución, como se anuncia en la publicidad oficial, sino para legitimar la presencia del actual presidente, por el lapso de 10 años más, en el poder de la república.
Qué dilema tan absurdo el que vive el pueblo ecuatoriano. Qué decisión tan preocupante para nuestro presente y el futuro de la patria.
Elegir entre un presidente dictador o un presidente constructor. Porque la realidad de estos dos años del gobierno correista, nos revela a un presidente que abusa de su jerarquía, insultando y ofendiendo la dignidad humana de mujeres, estudiantes, políticos, jóvenes, adultos, ricos, indígenas, montubios; en definitiva a toda la especie humana. Un presidente que sin ningún escrúpulo se considera el máximo exponente de la verdad, honestidad, decencia. El único, según su propio criterio, que está preparado para gobernar este país.
Este presidente que ha violado la constitución de la república, cientos de veces ha atropellado las leyes y se apodera de todas las funciones del Estado; que permite que asesores extranjeros cambien el texto del Proyecto Constitucional; que permite introducir textos que nunca se discutieron en la asamblea de Montecristi. Un presidente que combate la corrupción en sus adversarios políticos, pero en cambio, permite la corrupción en sus propias filas partidarias en vialidad y en millonarias construcciones, sin ningún control jurídico y bajo el pretexto de “emergencias” que no tienen razón de ser.
Y porque además, la lotería del petróleo es propiedad de todo el pueblo ecuatoriano y que el presidente derrocha, para impresionar a los ingenuos, repartiendo bonos de la miseria; subvenciones y préstamos emergentes, a los sectores desposeídos en la más depurada demagogia populista.
Ese es el presidente que el pueblo no requiere, porque demuestra su inclinación dictatorial y los aberrantes prejuicios sociales y psicológicos que emanan de sus actos. Es que, con la millonaria campaña electoral que realiza el presidente, utilizando a troche y moche el dinero del petróleo, tiene engañado a la mayoría de la población popular ecuatoriana; ya que él construye obras porque invierte el dinero del petróleo, para dar la imagen que es el gran constructor de la patria nueva.
Contra esa mentira y ese engaño tiene que reaccionar el pueblo ecuatoriano cerrándole el paso al dictador el próximo 28 de septiembre.
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