DIÁLOGO INTERCULTURAL MUNDIAL, respuesta al terrorismo
Washington Daniel Gorosito Pérez
e-mail: danielgorosito@prodigy.net.mx
Es una opinión tan extendida como equivocada, que el dinero puede gobernar al mundo. Si bien nadie podría, seriamente, ignorar la influencia de la economía en nuestra vida, a la luz de las profundas crisis, la política ha demostrado ser, una y otra vez, un factor indispensable, una instancia de mediación solicitada, una fuerza de configuración necesaria, más que nunca tras los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001.
El terrorismo internacional, motivado en el integrismo religioso, ha enfrentado a la política con una amplia gama de desafíos. En primer término hay que impedir que una minoría fanática que opera globalmente pueda seguir asesinando como lo ha hecho desde hace seis años. El terrorismo es la forma más extrema y perversa de un integrismo agresivo. A largo plazo, este fenómeno tan terrible no se puede vencer únicamente con medios militares.
Por supuesto que necesitamos implementar un combate internacional más eficiente contra el terrorismo, así como bloquear el acceso de estos a sus recursos económicos y logísticos. Y hoy más que nunca ha llegado la hora de dedicarse al diálogo intercultural, de forma concreta y no sólo en los discursos.
Samuel Huntington, catedrático de Harvard y autor del peligroso término del “choque de culturas”,dijo recientemente de forma muy acertada , que los terroristas quieren imponernos esa lucha, pero la civilización debe evitarla. Por tal motivo, creo que el segundo reto es no crear un enemigo donde no lo hay. No hay culturas enemigas, por ejemplo.
El conflicto no se puede reducir a una contienda religiosa, empezando porque el integrismo islamita se apropia, politiza e instrumentaliza la religión. Reducir el diálogo de las culturas a un debate entre las religiones significaría “caer en la trampa de los islamitas” como dice Mathias Rohe, un experto del Islam.
El tercer desafío, más difícil, es dilucidar cómo se puede implementar un adecuado “diálogo de las culturas y las religiones”. En mi opinión como lo citara Su Santidad Benedicto XVI, el diálogo interreligioso es urgentemente necesario, sobre todos con miras a la coexistencia pacífica en el seno de la sociedad mundial. La ignorancia de otras religiones es un caldo de cultivo para los prejuicios y ataques de extremistas de cualquier tipo.
Indudablemente la creciente globalización acarrea un intercambio más intenso de culturas disímiles, el que a menudo es bienvenido y fértil, pero que también muchas veces tiene un carácter obligatorio y está plagado de conflictos. Para alcanzar el objetivo mínimo y, a la vez principal, que es la coexistencia pacífica, debemos aprender a soportar y resistir las tensiones interculturales.
Me pregunto : ¿No es ese uno de los lados fuertes de nuestras sociedades democráticas? ¿Encontrar respuestas adecuadas a este desafío, mediante la disposición a comprender lo ajeno, lo extraño, lo contradictorio?.
Por cierto que la tolerancia es una virtud difícil y a veces amarga, y es el antónimo del sociológico “dejar hacer”, de la relativización de valores y de la laxitud de convicciones.
La tolerancia es la condición necesaria para un diálogo de las culturas únicamente si está basada en el respeto mutuo, no en la indiferencia. Estoy convencido que una tolerancia bien entendida es el intento permanente de sondear las diferentes actitudes morales, los fundamentos de decisiones y las expectativas que son causa de tantos conflictos.
La tarea principal del diálogo de las culturas es organizar los procesos de comunicación necesarios para ello. Como comparto con ustedes las palabras del ex Secretario General de la ONU, Kofi Annan quien sostenía “Hay una serie de valores comunes que comparte la humanidad. La organización de Naciones Unidas misma fue fundada sobre la convicción de que el diálogo es superior a la pugna, y que los pueblos están más unidos por su destino común que divididos por sus diferentes identidades”.
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