El Autonomista.com

Septiembre 28, 2005

CULTURA MANABITA

Clasificado bajo: Reportaje, Edición 176 — El Autonomista @ 6:40 pm

Prácticas periodísticas en

Agua Blanca


POR Gelitza Robles Briones
Est. 1er. Curso - Periodismo ULEAM

La mañana del sábado 17 de septiembre del presente año los estudiantes del Primer Año “A” de la Facultad Ciencias de la Comunicación (FACCO), nos encaminamos a una aventura, sin imaginar que el lugar al cual nos dirigíamos era un paraíso cultural escondido en las Costas centrales del Ecuador (Puerto López - Manabí).

Eran las 08h20 cuando el bus se puso en marcha hacia nuestro destino. Tras dos horas de viaje, llegamos a Agua Blanca.

Agua Blanca es una aldea situada en el corazón del Parque Nacional Machalilla, una comunidad perdida en el tiempo, ya que sus tierras y recursos arqueológicos describen a la perfección nuestras raíces, la forma de vida de nuestros antepasados y sus métodos de supervivencia, algunos que nos han sido trasmitidos de generación en generación.

Los estudios arqueológicos realizados en estas tierras muestran restos del período Formativo hasta el período de Integración (etapas que describen las culturas de las costas manabitas).

Los deseos de aprender no llevaron al Museo de la aldea, donde José, así se llama el guía, nos dio una cálida bienvenida y procedió a enseñarnos las riquezas de Agua Blanca.

Primero el guía hizo una reseña histórica de la localidad. Luego, fue impresionante para nosotros observar la diversidad de utensilios antiguos y rústicos, pero tan útiles para los habitantes de estas tierras. Algunos de estos en perfecto estado, y otros un poco maltratados por las agresiones físicas (cuando los españoles estaban en búsqueda de tesoros), el traslado y la manipulación. Entre estos objetos tenemos recipientes elaborados en barro que servían como funerarias (urnas donde se colocaban los cadáveres) lo cual formaba arte de sus tradiciones mortuorias. En estos recipientes es muy común encontrar esqueletos humanos en perfecto estado, con prendas de rituales valiosos, etc.

Otros de estos objetos eran vasijas donde ponían el agua y los alimentos, además de utensilios de cocina, como rayos, molinos, e incluso piedras para hacer fuego.

Por otra parte también vimos una infinidad de adornos, collares, aretes, piedras talladas con formas de animales, sillas ceremoniales de algunos shamanes e incluso, conchas que sirven como medios de comunicación. José nos mostró cómo lo hacían y el Sub-Director de este semanario, Ernesto Intriago, intentó comunicarse también, fue un momento muy agradable.

También nos explicó sobre la concha “Spondylus”, el principal producto de intercambio entre la sociedad Manteña y el resto de comunidades de esa época. Esta concha se utilizaba como moneda y como símbolo religioso.

En fin, un sin número de implementos sorprendentes.

Al salir del museo, iniciamos un recorrido de 2 Km. y visitamos lo siguientes lugares de la comunidad:
LAS URNAS FUNERARIAS IN SITU, que son una especie de cementerios donde se enterraban las urnas con los cadáveres y algunas pertenencias.

EL VALLE DEL RÍO BUENA VISTA, donde disfrutamos de una diversidad muy extensa de flora y fauna en el bosque seco-tropical que nos ofrece el Parque Nacional de Machalilla y en donde nos topamos cara a cara con la naturaleza.

ÁREA ARQUEOLÓGICA, donde apreciamos restos de construcciones de casas, templos, centros ceremoniales y plazas que pertenecieron a la cultura Manteña.

LAS LAGUNAS SULFUROSAS, las cuales son la característica principal de la localidad y es la causa del nombre “Agua Blanca”, ya que por su alto contenido de sulfuro, sus aguas amanecen con una capa de espuma blanca en su superficie, la cual desaparece en el transcurso del día. También es conocida por sus propiedades curativas. Algunos de nuestros compañeros tomaron un baño en esas aguas refrescantes ya que dicen son fuente de juventud.

EL MIRADOR, ya de regreso José nos guió a la parte más alta para poder apreciar en todo su esplendor el paisaje del valle y del río Buena Vista. Fue una colina que valió la pena escalar, porque la recompensa para la vista fue alucinante.

Y así se cerró con broche de oro ese día, después de habernos regocijado con el encanto y misterio de nuestras tierras, que ustedes no deben dejar de visitar, para que viva esta inigualable vivencia, así como lo hicimos nosotros.

La mejor forma de recordar esta experiencia, es adquiriendo una de las artesanías del lugar, elaboradas por los propios habitantes.

Le estamos muy agradecidos a los moradores de Agua Blanca por la hospitalidad con la que nos atendieron, y por la calidez que los tipifica. Además nos hicieron sentir cada vez más ORGULLOSAMENTE MANABITAS.

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