El Autonomista.com

Junio 25, 2007

CINE

Clasificado bajo: Edición 220 — El Autonomista @ 2:26 pm

Augusto San Miguel

POR Carlos Intriago Zambrano


Al hacer un recuento por la historia de nuestro cine nacional, aparece un nombre, un nombre que ha sido olvidado a través de la misma historia, y que en los últimos años ha salido a la luz gracias a una serie de investigaciones entre ellas la más reluciente es la de la investigadora Wilma Granda, quien nos expresa por qué lo hemos olvidado y nos subraya por qué tenemos que recordarlo.

En la revista nacional de cultura “encuentros” No. 10 de este año en aproximadamente 80 paginas varios investigadores y expertos del cine nacional relatan todos los puntos referente con nuestro cine y precisamente Wilma Granda es la que empieza relatando a este gran hombre precursor de nuestro cine.

Augusto San Miguel Reese pionero del cine argumental, nacido en Guayaquil el 2 de diciembre de 1905, y nos dejó para siempre recordarlo un 7 de noviembre de 1937.
El 7 de agosto de 1924 estrena su primer argumental llamado “El tesoro de Atahualpa”, y el mismo año apenas 3 meses después su segundo film “se necesita una guagua”, y en 1925 su tercera película de ficción “un abismo y dos almas”, y por si fuera poco también tubo a su haber tres documentales.

En tan solo 10 años de su vida un solo hombre se convirtió en el principal partícipe de esta pequeña época de oro de nuestro cine. Siempre con una mirada de protesta social, se convirtió en un defensor de la causa india al defenderlos de los terribles terratenientes.

San Miguel cuando no estaba haciendo cine, se montaba a una tarima de un teatro y con humor satirizaba las políticas de la época. Fundador del Teatro del Silencio de Guayaquil, gerente y propietario de la empresa productora Ecuador Films Co. Aliado a una política liberal y revolucionaria, establecía contactos con grandes precursores del socialismo como César Sandino jefe de la guerrilla nicaragüense, entre otros grandes hombres.

Entonces parece increíble que un cineasta, poeta, dramaturgo, escritor, y actor de tanta trascendencia en nuestro país apenas muy pocos lo conozcan. Es por esto que el ministerio de cultura de este gobierno se vio obligado a crear el premio Augusto San Miguel para perennizar a este insigne cineasta ecuatoriano.

Ahora la tarea de todos es ahondar en el tema y descubrir todos los misterios que encierra este gran hombre y revelar por completo la historia del cine ecuatoriano que cada vez busca más oxigeno para poder exponerse al mundo por completo y decirles aquí estamos, aquí esta nuestro cine, y aquí está nuestra historia, aquí un día estuvo Augusto San Miguel nuestro paradigma a seguir.

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Borat,
ese humor que atrapa y espanta

POR Alexis Cuzme
Poeta, periodista cultural y cronista de cine.

Borat: el segundo mejor reportero del glorioso país Kazajistán viaja a América (2006) de Larry Charles, es un film estadounidense que resulta ser en esencia más anti estadounidense de lo debido -mas no de lo permitido si no ¿dónde quedaría Michael Moore y sus producciones?-, por darle justo en los lados flacos a este país y su política. Se trata de una película donde el humor negro es suelto a borbotones y el personaje (junto con los otros que cumplen un propósito específico) transgrede, en medio de su ignorancia por las costumbres occidentales, el espacio y toda la política que sostiene al país que lo acoge.

Se trata de un recorrido a las entrañas de un país prejuicioso y alarmado por la menor rareza -ver escena cuando el personaje va por la calle e intenta saludar con besos a los transeúntes y estos huyen, o al defecar en el jardín de un hotel-, donde Borat (Sacha Baron Cohen) es un atentado andante: a las costumbres, a esa delimitación de clases sociales (invitar a la cena, de una familia adinerada y conservadora, a una amiga prostituta no es lo más acertado), normas de higiene, cuestionamientos a la política de terror que Estados Unidos mantiene a nivel internacional y lo peor intentar poseer a los símbolos sexuales de este país (quien se mete con Pamela Anderson es persona no grata), lo vuelven al personaje un peligro.

Y es que el film trata de centrarse en ello: en lo peligroso que pueden llegar a ser quienes desconocen las normas de metrópolis imponentes y a la vez enloquecedoras, donde las palabras y acciones pueden, hasta dichas y hechos de buenas intenciones, convertirse en alarmantes advertencias donde el odio y la repulsión quedan próximos.

Juegos secretos:
entre el amor estéril y lo estéril de una historia

¿Qué vuelve a un pervertido sexual un interesante personaje dentro de un film saturado de ligereza y personajes cansinos? ¿un romance compuesto de adulterio? ¿la exposición de personajes cuyas vidas patéticas resultan lugares comunes de consumir? Pues la verdad poco, muy poco para ser más precisos, salvo el aparecimiento de Richard (Gregg Edelman) como personaje secundario, gracias al cual la trama cobra mayor interés, y su cuadro psicológico capaz de causar pánico entre los habitantes de su comunidad, nos encontramos con un film tedioso, repetitivamente recurrente en la historia de la madre hostigada de su matrimonio, de un esposo que ha perdido el interés en ella, lo que hace que encuentre en un amante su escape momentáneo.

Si bien Kate Winslet logra en su personaje Sarah mayor exposición erótica como en ningún otro film haya presentado, también es cierto que la historia no le ayuda mucho para que su personaje logre mayor atractivo. Puesto que Richard y los hechos a su alrededor componen una historia paralela que bien podría haber sido desarrollada desde su perspectiva sin tanto relleno de promiscuidad y amores estériles. Así Juegos secretos (2006) de Todd Field se vuelve una película de historia central ligera, pero compuesta de una historia alterna que si no es la mejor por lo menos resulta ser la más dramática. Alexis Cuzme

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