OPINIÓN
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Guayaquil es bastión |
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| Lenin Manuel Moreira Moreira | |||
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El puerto principal de Ecuador ha sido, es y será un referente de primer orden en la vida económica y política del país, que deviene de un requerimiento sociológico y acaso cultural que arranca, con mayor incidencia, en la vida republicana y, de manera especial, en el siglo pasada, donde la corriente migratoria de toda la nación, se asentó en la ciudad huancavilca como producto de la desatención y carencia de garantías en diversos órdenes que sus gobiernos provinciales y cantonales no les proporcionaron. Aparte de su representación política desde las guerras de la independencia que la ubicó como paradigma de libertad, dadas las circunstancias arriba referidas se constituyó en destino “obligado” de quienes vieron en ella la “tierra de promisión” por su condición de urbe cosmopolita que se abría al mundo y daba libre alternativa a opciones y oportunidades que el lugar natal provinciano no predisponía. Hoy su población supera los tres millones de habitantes y esa cifra la ubica en tener el 25 por ciento del total de la población del país, lo que, obviamente, es un espacio estadístico político apetecido en tiempo de elecciones. Es decir, su importancia está implícita por el beneficio electoral de ella, pero, paradójicamente esta ciudad no se beneficia porque la afluencia migratoria supera, inversamente proporcional, las rentas del cabildo porteño y a pesar del trabajo denodado del alcalde de turno, con la ejecutividad del actual, jamás podrá dotar de los servicios que requiere la población asentada en sectores periféricos y marginales que suman a su pauperización problemas de insalubridad, deforestación y sociales, entre ellos drogadicción y delincuencia. Con ese panorama, ningún Jaime Nebot con los 17 millones que reclama, ni ningún Rafael Correa que le entregue esa cifra o una superior, solucionarían, en su conjunto, el problema universo de Guayaquil. Esta urbe no da más, y, respetando el punto de vista del burgomaestre huancavilca, el Gobierno está ejecutando una distribución racional a los demás municipios del país, el problema es el humano y cultural de estos migrantes, le toca al Gobierno diseñar una política de retorno a sus lugares de origen donde se les garantice ser rehabilitados con trabajo y facilidad de vivienda y servicios básicos que los dignifique, los haga productivos y que a Guayaquil sólo vayan en condición de visita, como deben hacerlo a las demás capitales de provincia. Si los dos líderes referidos deponen actitudes y miran a Guayaquil con sentido de patria, se puede llegar a consensos que beneficie a la ciudad, pero sobre todo al hombre y mujer ecuatorianos que no tiene que buscar, en condiciones infrahumanas, lo que puede encontrar en las provincias de las que provienen. |
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| Entre la utopía y la realidad | |||
| Guillermo Navarro Jiménez | g_navarro_j@yahoo.com | |||
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El puerto principal de Ecuador ha sido, es y será un referente de primer orden en la vida económica y política del país, que deviene de un requerimiento sociológico y acaso cultural que arranca, con mayor incidencia, en la vida republicana y, de manera especial, en el siglo pasada, donde la corriente migratoria de toda la nación, se asentó en la ciudad huancavilca como producto de la desatención y carencia de garantías en diversos órdenes que sus gobiernos provinciales y cantonales no les proporcionaron. Aparte de su representación política desde las guerras de la independencia que la ubicó como paradigma de libertad, dadas las circunstancias arriba referidas se constituyó en destino “obligado” de quienes vieron en ella la “tierra de promisión” por su condición de urbe cosmopolita que se abría al mundo y daba libre alternativa a opciones y oportunidades que el lugar natal provinciano no predisponía. Hoy su población supera los tres millones de habitantes y esa cifra la ubica en tener el 25 por ciento del total de la población del país, lo que, obviamente, es un espacio estadístico político apetecido en tiempo de elecciones. Es decir, su importancia está implícita por el beneficio electoral de ella, pero, paradójicamente esta ciudad no se beneficia porque la afluencia migratoria supera, inversamente proporcional, las rentas del cabildo porteño y a pesar del trabajo denodado del alcalde de turno, con la ejecutividad del actual, jamás podrá dotar de los servicios que requiere la población asentada en sectores periféricos y marginales que suman a su pauperización problemas de insalubridad, deforestación y sociales, entre ellos drogadicción y delincuencia. Con ese panorama, ningún Jaime Nebot con los 17 millones que reclama, ni ningún Rafael Correa que le entregue esa cifra o una superior, solucionarían, en su conjunto, el problema universo de Guayaquil. Esta urbe no da más, y, respetando el punto de vista del burgomaestre huancavilca, el Gobierno está ejecutando una distribución racional a los demás municipios del país, el problema es el humano y cultural de estos migrantes, le toca al Gobierno diseñar una política de retorno a sus lugares de origen donde se les garantice ser rehabilitados con trabajo y facilidad de vivienda y servicios básicos que los dignifique, los haga productivos y que a Guayaquil sólo vayan en condición de visita, como deben hacerlo a las demás capitales de provincia. Si los dos líderes referidos deponen actitudes y miran a Guayaquil con sentido de patria, se puede llegar a consensos que beneficie a la ciudad, pero sobre todo al hombre y mujer ecuatorianos que no tiene que buscar, en condiciones infrahumanas, lo que puede encontrar en las provincias de las que provienen. |
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