ANÁLISIS INTERNACIONAL
Tolerancia
y Reforma Religiosa

Washington Daniel Gorosito Pérez
e-mail: danielgorosito@prodigy.net.mx
Desde México D.F.
Parece apropiado en tiempos en que la religión aparece involucrada como fuente de justificación de la violencia y de conflictos nacionales o internacionales, y donde la libertad religiosa está en entredicho en muchos países, recordarlo que los sabios de otros tiempos escribieron acerca de estos asuntos.
En Europa en los siglos XVI y XVII, luego de la época de las guerras religiosas entre católicos y protestantes, muchos reflexionaron desde su fe religiosa acerca de la necesidad de la mayor libertad religiosa posible, sosteniendo que la creencia religiosa no puede imponerse por la fuerza. Otros lo hicieron con un espíritu más escéptico hacia la religión y sus instituciones, las iglesias cristianas, aunque no ateo.
En el libro “El historiador y la religión”, de Arnold Toynbee, resultado de una serie de conferencias que el dictó luego de la Segunda Guerra Mundial en la Universidad de Edimburgo, el historiador inglés hace una serie de apreciaciones que a la luz de los años pueden ser catalogadas de proféticas.
En la obra referida, el historiador señala que “en la vida de las religiones superiores la tarea de las selección es permanente, pues su cosecha histórica no está compuesta de grano en estado puro. En la herencia de cada una de las religiones superiores advertimos la presencia de dos tipos de ingredientes. Hay verdades y dictados esenciales y hay prácticas y proposiciones no esenciales”.
Toynbee ve en las primeras “verdades y valores esenciales que son válidos en todos los tiempos y lugares…” y agrega que “cuando estudiamos los documentos de la epifanía de las religiones superiores encontramos ya allí la luz de estas verdades y dictados, aunque su brillo sea tenue”.
Advierte por igual que “si imagináramos un mundo futuro en el que se hayan extinguido las religiones superiores hoy vivas, sería difícil imaginar la vida del hombre sin esos mismos dictados y verdades que iluminarán su senda y guiarán sus pasos como en el pasado”. Confirmando aquello de que la religión es un medio y no un fin en sí mismo, Toynbee señala: “En efecto, las verdades y dictados contenidos en las religiones superiores parecerían tener vidas aún más largas que las de las propias religiones superiores”.
No obstante, reconoce que “si es riesgoso procurar establecer lo esencial de las religiones superiores, más riesgoso aún es tratar de discernir en ellas los aditamentos no esenciales que pueden y deberían ser descartados” y sabe que aún el retirar las “capas más exteriores” de esos aditamentos no esenciales” no pueden hacerse sin causar dolor y sin causar resentimientos.
Por eso, parece apropiada su reflexión de que “todos los seres humanos que buscan aproximarse al misterio para dirigir sus vidas de acuerdo con la naturaleza y el espíritu de la Realidad Absoluta o , dicho en términos teístas, con la voluntad de Dios, todos esos compañeros están empeñados en una idéntica búsqueda. Deberían reconocer que son espiritualmente hermanos, tratarse como tales y abrigar los unos por los otros sentimientos fraternales.” Y concluye: “La tolerancia no es perfecta mientras no se haya transfigurado en amor”. Atento a todo lo anterior en el anexo de su obra, titulado “La reacción de occidente en el siglo XVII contra la intolerancia religiosa”, Toynbee basándose en citas de la obra de P.Bayle, “Dictonnaire historique et critique”, editado en Rótterdam en l720 y en la “Carta concerniente a la “Tolerancia” de John Locke, señala varios principios que deberíamos tener en cuenta, todos en cualquier lugar del mundo, a la hora de buscar la paz mediante el camino de la concordia interreligiosa.
El primero es que recurrir a la fuerza para imponer sus designios religiosos provoca un rechazo que se vuelve contra el agresor u opresor. La búsqueda de la libertad religiosa fue un poderoso motor para el logro de las libertades públicas, como lo muestran la Revolución Gloriosa en Inglaterra y la Emancipación de los Estados Unidos.
Segundo, el conflicto religioso es una calamidad pública que fácilmente se convierte en peligro público. O sea, es una calamidad que la gente sea discriminada y perseguida por motivos religiosos y eso se convierte a corto plazo en un peligro público, porque ocasiona violencia.
Tercero, el conflicto religioso es pecado porque excita la maldad humana y cuando se usa a Dios y la religión para el odio, es un pecado contra Dios, es un mal uso del nombre de Dios.
Cuarto, la persecución religiosa es un pecado, porque nadie tiene el derecho de colocarse entre otra alma humana y Dios. Locke decía: “En materia de religión, nadie puede ser obligado, ni por la ley, ni por la fuerza”.
En quinto orden, las religiones no pueden inculcarse por la fuerza. No puede hablarse de fe si esta no se sostiene voluntariamente. Nuevamente Locke nos dice: “Toda la vida y poder de la verdadera religión consiste en la convicción plena e íntima del espíritu, y la fe no es fe sin esto…”.
En penúltimo lugar, cita al principio que dice que Dios es un misterio que puede abordarse por más de un camino. Podemos estar subiendo a la misma montaña por distintas laderas y viendo distintos paisajes y vías de acceder a la cima. Pero estamos en la misma montaña y buscando la misma cima, solo lo hacemos por distintos puntos.
Podrá decirse que algunos han llegado más alto, pero eso no invalida que los otros también buscan con afán lo mismo según su propio corazón y conciencia.
En último término, todos los que buscan a Dios o la realidad absoluta son hermanos o compañeros de ruta en el logro de la meta más preciada de la vida humana, que es la comunión íntima con su creador.
Las reflexiones hechas por Toynbee hace 50 años siguen siendo válidas hoy en día y en especial cuando afirman que la “Reforma Religiosa” no es un acontecimiento particular del pasado, sino una “Incitación permanente que en cualquier momento se le presenta a todas las religiones superiores por igual, y que ninguna religión puede ignorar ni un instante sin traicionar la confianza depositada en ella”.


El 22 de marzo de 1884, en la presidencia del Dr. José María Plácido Caamaño, dando cumplimiento a la propuesta y pedido del parlamentario Padre Dr. Julio María Matovelle, se adoptó el SUCRE COMO MONEDA NACIONAL, en lugar del PESO. El sucre como unidad monetaria quedó dividido en 100 centavos, reemplazando al peso de 8 reales, de acuerdo a la primera ley de monedas dictadas por la Convención Nacional.

Bogotá, quien estuvo a cargo del Módulo “Formación de Comunicadores” en los Talleres de Capacitación para Docentes de Facultades de Comunicación, que viene realizando la FELAFACS en El Salvador, Ecuador y Bolivia, el entrevistado respondió lo siguiente:
/> Nacido en Colombia, Magíster en Comunicación y Licenciado en lenguas, actualmente adelanta estudios de Doctorado en Historia en la Universidad Nacional de Colombia. Investigador y catedrático universitario. Ha publicado “Comprender la Comprensión”, más de 30 artículos y reseñas en libros colectivos y revistas especiales. Es representante para Colombia del Proyecto Discovery en la Escuela, actualmente coordina el trabajo de Comunicación desde la Escuela con instituciones educativas de la localidad de Usaquen en Bogotá para el Programa de Estudios en Periodismo de la Universidad Javeriana. 
Los protagonistas
Anarcoturismo 