OPINION
Alfaro otra vez asesinado
Douglas Vaca Vera
Don Eloy…tu pueblo manabita está rabioso. Es que los mismos, o sus descendientes, de los que te asesinaron en 1912, han vuelto a inmolarte y ahora…en tu propia tierra. ¡Qué sarcasmo tan repulsivo!.

Primero te levantaron un mausoleo suntuoso. Trajeron dizque tus cenizas y te volvieron a sacrificar…como para que no te levantes más. Homenajes mentirosos y falsarios, porque, de qué vale tanta ceremonia, si al final han ofendido a tu pueblo, negándole el derecho a ser autónomo y tener a tu suelo, como hogar permanente de la función legislativa.
El presidente dice que es tu pariente y maneja la mayoría de la Asamblea Constituyente…pero no dispone, como lo hace en otros asuntos, que atiendan favorablemente los pedidos del pueblo de Alfaro. Llega muchas tardes hasta Manta…habla de todo lo imaginable…pero no se pronuncia enfáticamente sobre las autonomías provinciales, que es el camino de libertad que tú nos enseñaste.
Tampoco dice nada, de que sea Montecristi, el nuevo hogar del poder legislativo, como merecido reconocimiento a lo que Alfaro hizo para cambiar las caducas estructuras del Ecuador feudal.
Don Eloy…por todas estas decepcionantes realidades…tu pueblo está a punto de estallar. Si tú estuvieras vivo, ya habrías levantado una guerrilla, una montonera, una revuelta, para expulsar del templo a tanto cobarde y pusilánime. Porque nuestros asambleístas manabitas, los del sector oficial, la mayoría está pensando en candidaturas, en ministerios, en canonjías, para después que termine la Asamblea…como pago a su obediencia y sumisión partidaria…porque Alfaro les importa un carajo!.
Y los asambleístas de Quito y Guayaquil deben tener vergüenza y sangre en la cara, para no seguir ofendiendo al pueblo manabita. Ellos saben que fueron “forajidos” y que insultaron a Don Eloy, en las últimas revueltas, donde tumbaron presidentes. Limpien el honor de esas dos ciudades, que fueron el itinerario para el asesinato de Don Eloy y sus Tenientes. En Guayaquil apresaron a Alfaro, en 1912. Allí quemaron y arrastraron a Pedro J. Montero, “el tigre de Bulubulu”, gran soldado de Alfaro, en presencia del “cóndor de Montecristi”. Luego, embarcaron a Don Eloy, en el ferrocarril que él había construido, para mandarlo a Quito, prisionero y humillado, para que lo inmolaran en la “hoguera bárbara” de El Ejido.
Quito y Guayaquil no han pagado esta deuda histórica, con el pueblo manabita. Háganlo ahora, en la Asamblea Constituyente, votando a favor de las propuestas básicas del “mandato de Manabí”.
De lo contrario…no los queremos más en tierra manabita. Y los Asambleístas manabitas lo mejor que pueden hacer es renunciar a esas funciones en la Asamblea. Para que nuestro pueblo los siga mirando con respeto y admiración. Faltan pocos días para que termine la Constituyente. Es preferible que la clausuren y se la lleven a Quito… para que siga “la larga noche del centralismo”. ¡Muy pronto resucitará Don Eloy!




