El conocimiento humano
POR Felicia Mendoza Vaca
Est. 1er. Semestre de Jurisprudencia
Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí - Ext. Chone
El conocimiento humano es todo el saber que a través de la historia el hombre ha logrado atrapar en su conciencia y plasmarlo en una acción (entablillar una mano, construir un rascacielos, idear la Teoría de las especies) y comunicarlo de diferentes maneras en la sociedad.
Dentro de este amplio concepto, se distingue por sus características que le son propias, un sub tipo al que conocemos como conocimiento científico, diferente al conocimiento humano en general, el cual fue primero obviamente. Se le llama conocimiento vulgar, o conocimiento común y se caracteriza, sobre todo, por ser formado por una combinación de curiosidad instintiva del hombre y la urgencia de satisfacción de sus necesidades.
Se sigue discutiendo mucho, cuán cierto y posible es lograr conocimientos. Esta discusión surge cuando se relaciona el conocimiento con el concepto de verdad fáctica, ya que toda impresión que el hombre puede tener del mundo, no necesariamente se corresponde objetivamente con el referente empírico que le dio motivo para sus ideas. Incluso, los mismos referentes se encuentran muchas veces en discusión en cuanto a sus características, propiedades y límites.
En los últimos años, “todos los días” se han estado descubriendo nuevas partículas elementales que componen la estructura del átomo, pero también, se suscitan discusiones al respecto dilucidando sus propiedades y, de acuerdo a ellas, ubicarlas en el terreno de la materia o de la energía pura.
Discusiones de este tipo han dado origen a corrientes filosóficas que, de acuerdo a la posición que mantienen al respecto, se les han llamado; dogmáticas, escépticas, pragmáticas, subjetivistas, realistas, etc. Es conveniente decir que muchas de estas discusiones se han quedado en el campo de la filosofía y la ciencia moderna avanza hacia sus objetivos con cierta displicencia por estas discusiones. Sin embargo, el tema es complejo y sería una superficialidad inaceptable tratar de dilucidarlo en tan cortas líneas.
La humanidad evoluciona espiritual y materialmente, cuando su banco de conocimientos se expande a través de las contribuciones de los nuevos pensamientos confiables que le sirven para algún propósito éticamente responsable.
Sin embargo, es necesario reconocerlo, no es necesario que exista tal propósito de aplicación inmediata y también en lo relativo a lo éticamente responsable. A la humanidad le sobran pruebas en contrario en cuanto a este ideal de principios morales, pero existe actualmente una fuerte presión para que las investigaciones científicas no se salgan de su cauce ético y se cuide de producir efectos negativos que después no está en capacidad de controlar.
Muchos conocimientos de amplísimas aplicaciones actuales, surgieron de lo que solemos llamar investigación básica. Por ejemplo, el vasto campo de aplicaciones que hoy le reconocemos al láser (astronomía, medicina, electrodomésticos, etc.) tiene sus orígenes en especulaciones teóricas de Albert Einstein por los años 40 del siglo XX, acerca de la “incidencia de un fotón en una molécula y la modificación del nivel energético de ésta”. Aunque lo anterior parecía extremadamente alejado de toda aplicación práctica, Charles Hard Townes (1953) encontró la manera de aplicar esta teoría, y construyó el primer dispositivo de micro ondas llamado entonces como máser (maser: microwave amplification by stimulated emission of radiation).
Más tarde, Theodore Harold Maiman en 1960, se preguntó si se podría hacer lo mismo con cualquier longitud de ondas incluida la luz visible, y creó un dispositivo al que llamó láser (laser: ligh amplification by estimulated emission of radiation), lo demás es historia que todos conocemos y vivimos en nuestras casas a través de los CDs y los hornos de micro ondas. En síntesis, tanto los conocimientos teóricos obtenidos de investigaciones científicas como los conocimientos prácticos obtenidos de igual forma son altamente estimables dentro del campo de la ciencia.
El ser humano, para quién concedemos la licencia de decir que es el único que aprende a tal nivel que puede construir grandes teorías, se basa para ello, en su gran cerebro capaz de realizar una infinita gama de acciones tanto mentales como físicas, combinando ambas y obteniendo impresionantes resultados. Estas capacidades se resumen en cuatro momentos claramente distinguibles del proceso cognitivo.
· La primera corresponde a la percepción basada en la observación objetiva de la realidad que proporciona datos, caracterísitca y propiedades del objeto.
· La segunda, la intuición, basada en una gama de facultades inferenciales mentales y experiencias acumuladas, nos proporciona recursos alternativos para decidir cursos de acciones que son posteriormente evaluados y decididos. Se transforman en metodología.
· La tercera, igualmente reflexiva, corresponde al análisis, etapa en la cual el sujeto descompone el todo en su parte para posteriormente reconstruirlo con un nuevo nivel de comprensión, utilizando para ello, herramientas de conocimientos previamente adquiridos. Se prueban hipótesis. Normalmente se recurre a la estadística.
· La cuarta es de síntesis, momento en el cual se resume la “esencia” del fenómeno. Se concluye. Se comunican los resultados ya depurados. (El informe).
Cuando se ponen en acción de manera ordenada y sistemática estos complejos proceso cognitivos, a través de un plan de investigación que respeta los cánones de la ciencia y del método científico, entonces, normalmente, se obtienen nuevos, confiables y útiles conocimientos.






