ENTREVISTA
Vinicio Obando Portilla | POR Carlos Intriago Macías
La nueva educación debe aceptar
el pensamiento crítico
En la Iglesia San Francisco de Quito, lugar donde se encuentra la Facultad de Teología y Filosofía de la Universidad Católica de Cuenca, se llevó a cabo una larga conversación con el Dr. Vinicio Obando Portilla donde trataron diferentes temas ligados a la educación.
Como profesor que es, vive a diario las falencias del sistema educativo ecuatoriano, pero eso no impide brindar cátedra a sus estudiantes porque su mayor motivación es la vocación de ser maestro.
El diálogo siguió profundizando en temas puntuales como la urgencia de una política de Estado en educación y una nueva visión crítica de ver el sistema educativo.
¿El Estado ecuatoriano demanda de maestros más de vocación que por un ingreso económico?
Muchos dicen que maestro no puede ser cualquiera. Maestro, desde el punto de vista pedagógico, es aquel que comparte sus experiencias y de igual forma vive con los estudiantes. Y en esta convivencia surge el interaprendizaje. El estudiante conoce muchas cosas, el problema es que no se ha afianzado un conocimiento, es decir, no ha desarrollado ciencia; no ha comprobado esa realidad del efecto, la causa y el fenómeno.
La vocación es la parte fundamental del maestro. Pero no debemos ver el dar educación para engrandecerse económicamente. Lo importante y positivo es mantener la vocación sin importar el sueldo. La satisfacción que tengo es de compartir mis experiencias con los estudiantes con los que vivo ese nivel de engrandecimiento como persona porque la mejor gratitud que uno tiene es que lo recuerden con gratitud.
Comparto con que la mejor forma de enseñar es con valores, es decir ser humilde, no engrandecerse en cuanto a sueldos y, claro está, compartir las experiencias tanto docentes como alumnos las tenemos. Porque este proceso de interaprendizaje nos va a permitir desarrollar una conciencia para compartir las profesiones. Así como un médico no puede dejar morir al paciente, el maestro no dejará morir a un estudiante en su desarrollo. Hay que darle las oportunidades al estudiante para que analice, piense, se desenvuelva en la sociedad y ayude a solucionar problemas. Así no será una carga para el Estado. (más…)



Un teatro para Portoviejo surge de una necesidad muy peculiar, pues resulta que en esta ciudad no hay un solo teatro. Entendiéndose como teatro aquel espacio construido que puede resolver la actividad propia de una obra de teatro clásica, la ejecución de una sinfonía de Bethoven, una ópera de Verdi, un drama musical de Broadway, un arreglo para danza de Nureyev, y otras formas musicales, corales etc. Cada vez que se necesita exponer este tipo de espectáculos en nuestra ciudad, incurrimos en la improvisación con la resultante de una pobre presentación y consecuente recepción por parte del auditorio.
Portoviejo…
El recorrido hacia el sur fue de Caráquez a Charapotó, Jipijapa, Paján y Daule. En Jipijapa encontró gran cantidad de oro y la calificaron como “el pueblo de oro”. De allí pasaron a Chonana y siguieron al oriente, descubrieron el río Daule y por él siguieron hasta Guayaquil. Esta expedición dejó asolada la provincia, por los robos y matanzas que hicieron. Alvarado decidió penetrar en la selva, para subir a la conquista del Reino de Quitus, pero antes de eso, en Paján, ordenó matar al cacique de Manta, Lligua Tohallí, a quien tenía prisionero. El 12 de marzo de 1535, Almagro ordenó a Francisco Pacheco fundar la ciudad de la Villa Nueva de San Gregorio de Portoviejo. El primordial objetivo era pacificar la provincia y tener un puerto seguro desde Manta, para proveerse de alimentos, agua, leña y transportar las riquezas quiteñas hacia España. La otra razón de haber fundado Portoviejo tuvo fines militares, en prevención de futuras incursiones de conquistadores europeos, y, sobre todo, para repeler las frecuentes y temibles invasiones de los piratas y bucaneros de mar. En 1541 fue incendiada la ciudad, por el levantamiento de las tribus Pichota y Ríochico. Con ayuda y protección del cacique Picoazá se fundó la ciudad seis leguas al interior. En 1598 una terrible peste asotó la comarca: de ellos quedaron con vida muy pocos españoles e indios, quienes huyeron a la selva, originando la comunidad de los Yungas Mangaches. 


