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POR Emilio Palacio
epalacio@eluniverso.com
A SOLICITUD DE MILES DE MANABITAS Y ECUATORIANOS SE REPRODUCE EL SIGUIENTE ARTÍCULO:
Se ha dicho que el fracaso de los partidos tradicionales el domingo fue porque no dieron paso a nuevos dirigentes, y cuando lo hicieron ya era tarde; pero yo no comparto ese punto de vista. Creo que hubo causas mucho más profundas. Se los quiero mostrar con un ejemplo práctico, aunque para eso debo dar un pequeño rodeo.
La empresa Marzam, de Manabí, importó de China hace dos años un buque tanque de 88 metros de eslora con exoneración de impuestos y aranceles. El ahorro fue de más de 300.000 dólares.
Para obtener este beneficio, las normas legales exigen que el importador presente el “registro de calificación”, un certificado que conceden algunas empresas (afiliadas a un organismo internacional que se llama IACS) que garantiza que la nave cumple ciertas normas de seguridad para evitar accidentes y proteger el medio. Marzam no presentó dicho documento. Aún así la Digmer (Dirección General de la Marina Mercante), en un acto como mínimo irregular de su parte, la autorizó para que continúe con la importación a cambio de la promesa de que en muy poco tiempo se entregaría el certificado. Pero eso nunca ocurrió.
El año pasado, el asunto llegó a la Justicia. Los abogados de la Aduana -durante la gestión anterior- hicieron el peor trabajo posible, con torpezas como la de presentar un oficio sin firma. De tal modo que Marzam ganó el juicio.
La nueva administración de la Aduana ha apelado y ofrece dar la pelea con todo. Así lo espero. Pero aun si Marzam pierde habrá importado un barco sin aranceles, lo habrá puesto a trabajar, y ya con las utilidades pagará (quizás) los aranceles. Mañana cualquiera podrá hacer lo mismo y la aduana se habrá convertido en un banco para financiar inversiones privadas.
Asimismo, los abogados de la aduana y funcionarios de la Digmer involucrados en el asunto continuarán disponibles para esta clase de negocios.
Marzam no es cualquier empresa. Participa de un conglomerado de firmas que compra, vende y transporta combustibles, es armador de buques, distribuye lubricantes, provee de vituallas a buques nacionales e internacionales, vende cupos de carga de exportación y tramita importaciones y exportaciones.
Su dueño es Mariano Zambrano, prefecto de Manabí por el Partido Social Cristiano.
Acabo de leer su biografía, De la montaña al poder, donde se cuenta cómo este hombre vivió una infancia muy pobre y gracias a su esfuerzo llegó a las cumbres del poder. Vean ustedes cómo lo logró.
El PSC le permitió al ex alcalde de Chone que se aferre al cargo a pesar de las denuncias abrumadoras sobre su gestión; y sigue defendiendo a la alcaldesa de Durán, contra la que pesan gravísimas acusaciones de la Comisión de Control Cívico de la Corrupción y la Contraloría. Son estas cosas las que hundieron a los viejos partidos, no la falta de líderes ni de propaganda electoral ni ocho cuartos.
La pregunta es: ¿El PSC también defenderá a Zambrano? ¿Sus nuevas figuras, como Cristina Reyes, hablarán o se quedarán calladas?


También recuerda el terremoto de mayo de 1942, pero “no me asusté mucho, siempre he estado en mi casa y han pasado varios acontecimientos pero, he sabido ser fuerte y mantener siempre la calma”, relata. 


