
POR Carlos Intriago Macías
La prensa puede ser grito libertario o silencio totalitario. Si está, como estuvo en la época de Alfaro, ligada a la banca, oligarquía y los poderes fácticos, es obvio que sea enemiga de quien encarna el cambio y la justicia social.
Desde 1905, la prensa estuvo casi sin excepción, en contra del General Alfaro. Y no fueron pocos los que planteaban abiertamente la traicionera sedición armada. Hasta el propio Leonidas Plaza Gutiérrez, principal adversario político de Alfaro, se amuralló en El Telégrafo, con el seudónimo de “Corresponsal X”.
La prensa en manos de la oligarquía, fue un arma clave para el triunfo de los conservadores. La prensa golpeó diariamente a Alfaro por lo regular o lo sospechoso de su gobierno, pero ni un día se detuvo para apoyar o valorar la excelente conducción política, diplomática y militar del General Alfaro frente al Perú en 1910.
Así, el resentido periodista Miguel Valverde, echaba grotescos párrafos : “No queremos que la Convención Alfarista, decía, elija Presidente a otro hombre que Eloy Alfaro ni que éste dimita el usurpado mando en otro ciudadano. Nosotros queremos combatir con las armas al usurpador; derribarlo con las armas en la mano y, enseguida, no por venganza, sino por necesidad… juzgarle, sentenciarse, condenarle a muerte y fusilarle a medio día, en la plaza pública “…Hay medidas dolorosas que se imponen…triste, muy triste, pero indispensable para la vida misma de la nación ecuatoriana, será la ejecución del General Eloy Alfaro. Que la fiera se defienda y que sus zarpazos hieran de muerte a todo el que lo ataque, está bien: éste es el derecho de la fiera; pero los sobrevivientes tenemos, no el derecho, sino el deber imperioso de matarla”.
Y como si los actores de la destrucción nacional fueran pocos, aparecieron otros periódicos
como El Guante, estiércol de Manuel J. Calle, alcanzando la mentira y transgresión a niveles perversos, que no necesitaron del Internet para, universalizar la artimaña.
El Guante se sumó al coro mortífero de “La Patria”, “La Prensa”, “La Nación” y “La Dictadura”, “El Sol” y el placista “El Telégrafo” piden insistentemente la eliminación de Don Eloy y sus aliados, lo que sucedería en el fatídico año de 1912.
El 8 de enero, “El Tiempo” de Guayaquil reprodujo las alevosas sentencias de Octavio Díaz Ministro de Gobierno y hombre clave del presidente Carlos Freire Zaldumbide: “Los Alfaros son imposibles; si ellos intentan regresar, los liberales, radicales y conservadores nos uniríamos con el gran pueblo para rechazar o para incinerarlos si cayeran prisioneros”.
El diario “La Constitución” de Quito, decía el 10 de Enero : “Ayer lo decíamos y hoy reiteramos nuestra aseveración categórica: es imposible la vuelta del Alfarismo en el Ecuador. Y si él viene será para que el pueblo de Quito haga con esa gente lo que el pueblo de Lima hizo con Gutiérrez (asesinados, arrastrados y colgados de los faroles, en Lima en 1872)”.
Por su parte, el diario quiteño “La Prensa”, en su página editorial del día 11 de enero protervamente señalaba: “Con aire de soberano Congo viene a pacificar sus dominios, y dirige circulares y da órdenes hasta el Gobierno de Quito, olvidando el imbécil que no impunemente se ultraja la moral… Esta es la víbora que tenemos entre nosotros, oh ecuatorianos, y a esta víbora es preciso triturarla!!.
El quiteñísimo “El Comercio” de los hermanos Carlos y César Mantilla Jácome, en su editorial del mismo día 11, expresaba: “Será la llegada de Guayaquil de Alfaro un poderoso estímulo para acabar, de una vez para siempre, con todos esos elementos nocivos de la República. Tal vez la justicia haya unido a Montero con Alfaro para ejercer sobre ellos sus inexorables reivindicaciones”. (La Hoguera Bárbara).
Finalmente, el 18 de enero inicia el martirio alfarista con el desastre de Yaguachi. El 20 de enero los liberales, irremediablemente capitulan, no ante hidalgos, sino verdugos. La masacre empieza ipso facto, la inapreciable humanidad del General Pedro J. Montero estalla en miles de pedazos, como si fuera la peor basura. A la vez, el papel y la tinta multiplicaban la noticia. Alboroto en los burdeles, mansiones y púlpitos quiteños.
El 24 de Enero, el periodista serrano Juan Benigno Vela le decía en carta al General Leonidas Plaza Gutiérrez: “Deje pasar la justicia de Dios, remita los presos a Quito, no se enajene la voluntad de los pueblos: su situación es delicadísima, corre peligro su inmenso prestigio y sería para lamentar que después de haberse coronado con tantas glorias, tenga la Patria una nueva calamidad separándose a Ud. del escenario político: sus deberes de capitán victorioso y su generosidad para con los vencidos están ya satisfechos. Por lo mismo, que caiga sobre ellos la Ley”
“El Guante”, decía el 26 de Enero: “con qué gusto habríamos visto que el noble gremio de cocheros de la Capital y los batallones de aquella guarnición, levantasen una horca más alta que la que levantaron los limeños para los Hermanos Gutiérrez en la torre de la Catedral de Lima”. (La Hoguera Bárbara).
El 28 de enero de 1912, los canallescos terratenientes pese a la inmensidad de su perversidad, pecaron de incautos al pretender, con el crimen más vil, sacar de la historia y arrebatar la inmortalidad a los magníficos del Ecuador: El estadista, periodista y militar Don Eloy Alfaro, a sus bizarros incondicionales sobrinos, generales Flavio y Medardo Alfaro. Y los valerosos Generales Belisario Torres, Ulpiano Páez, Manuel Serrano, y el gallardo Coronel Luciano Coral, dignísimo periodista liberal.
Después del embelesamiento delictivo, hasta el cielo se tiñó con la sangre liberal. Las imprentas también estaban manchadas, y con veloz enmascaramiento, lograron impunidad. Nadie decía nada…El silencio fue la falsa amnistía común.
Leonidas Plaza Gutiérrez, con el crimen del General Julio Andrade, despejaba aún más las dudas acerca de su ADN maligno. Sayón mayor, contó con la complicidad de los empresarios de medios y de los intelectuales de alquiler. Ya con el gobierno en sus manos, ofreció paz y olvido, pero no concedió otra cosa que tiranía. ¿Qué dijo entonces la prensa?. Nada. Pero después instó al sicario Plaza a que aplastara al digno Carlos Concha y sus montoneras esmeraldeñas y al vulcano escritor colombiano José Vargas Vila, firme alfarista.
Plaza, sin oposición interna, tuvo la oportunidad de probar su potestad y valentía cuando se presentó un desafío internacional, pero apenas capaz de matar al pueblo indefenso, cobardemente aceptó el tratado Muñoz Vernaza Suárez, con el que perdimos 180.000 kilómetros cuadrados. Décadas después, su hijo estadounidense Galo, avalaría la dilapidación territorial, cuando dijo: “El Oriente es un mito”
Los Plaza, Vela, Terán, Vásconez, Fernández, Cordovez, dizque periodistas, moralistas, militares, monaguillos antialfaristas de ayer, están presentes hoy con indignas esculturas del Viejo Luchador, repitiendo el engaño de que Manabí significa “tierra sin agua”, calumniando a Alfaro en el programa ‘Mejor Ecuatoriano de Todos los Tiempos’, etc. Familias y medios favorecidos por la burocracia dorada, la partidocracia y el centralismo, que no triunfaron antes, ni lo harán hoy, porque el pueblo ecuatoriano alza su voz rebelde para repetir incansablemente
¡Viva Alfaro, Carajo!