

POR Karla Intriago Zambrano
kainza84@yahoo.com
De naturaleza perfecta e intrínsicamente común, autonomía y ética son inicio y fin para los autonomistas de Manabí. Etimológicamente, Autonomía viene del griego autos (sí mismo) y nomos (Ley), capacidad de darse uno a sí mismo sus propias normas, conforme a las cuales orienta y construye su propia vida; mientras, ética proviene del griego, êthos, (la costumbre), y se define como la parte de la filosofía que trata de los actos éticos y morales, es decir, de los actos humanos considerados desde el punto de vista del bien.
La persona nace buena por excelencia, la maldad llega a ella por el ambiente social corrupto y la catequesis de la dominación, pese a éstos, la persona sabe dentro de sí que tiene necesidad de realizarse hacia sí misma, hacia la sociedad y hacia Dios. Siente en su ser que una de las principales necesidades es perfeccionarse y lograr la felicidad.
La persona joven aunque inexperta, vive llena de energía y ya ha aprendido algunas lecciones recibidas en sus hogares y comunidad inmediata (porque en un principio domina en ésta la heteronomía). El innato amor a la vida, se convierte en una entrega de amor a la naturaleza, su familia y prójimos.
Pronto, su conciencia moral es plenamente autónoma y está en capacidad de conocer y juzgar la bondad o maldad de las acciones propias y ajenas, sin afán de obtener un premio o evitar algún castigo.Las Personas poseemos un conocimiento trascendental, nuestro entendimiento, lejos de la religión, opta por tomar como propias las normas y principios morales que le parecen las correctas, lo cual prueba que la autonomía implica una elección, un avance de madurez en el desarrollo de la conciencia moral de los individuos.
Reitero, la autonomía es consubstancial a la naturaleza humana. Autonomía es emancipación y libertad. La libertad tiene que nacer de las mentes y voluntades más positivas que promuevan con su ejemplo el bien común. La autonomía es el fundamentalismo de la acción moral, por tanto, lucha por el civismo transparente hasta encontrar la victoria de la justicia social.
La conciencia moral no va en contra de Dios, pero tampoco -muy a pesar del discurso del clero tradicionalista- puede ser teónoma porque ya no sería auténtica ya que sólo la moralidad autónoma lo es. La persona que goza de autonomía de la voluntad y el entendimiento, tiene que darse la ley a sí misma ejerciendo la facultad autolegisladora. Ya lo dijo Emmanuel Kant “Una acción que puede compaginarse con la autonomía de la voluntad es lícita; la que no puede, es ilícita, “no es el concepto del bien, en cuanto objeto, el que determina y hace posible la ley moral, sino al revés, la ley moral determina y hace posible el concepto del bien, en cuanto merece simplemente este nombre”, la moral no es la doctrina de cómo hacernos felices, sino de cómo hemos de hacernos dignos de la felicidad”.




