Alfaro y el laicismo

POR Carlos Intriago Macías
Ecuador vive un cambio de época, los orígenes de este fenómeno los encontramos en las corrientes ideológicas que impulsó Don Eloy con el propósito de convertir algún día a esta patria en un Estado progresista, secular y democrático.
Laico (del griego ëáúãüò, laikós - alguien del pueblo de la raíz ëáüò, laós pueblo), concepto escolástico, que según nos señala la historia no debe ser dividido, sino entendido con la dinámica de los tiempos, que lo enriqueció con la solidez del medioevo, la iluminación de la ilustración, la fuerza de las revoluciones europeas, el misticismo estadounidense, la honestidad intelectual liberal, el ecumenismo del Vaticano II y la inmensidad de la era del conocimiento.
La honestidad intelectual liberal del anticuado, disperso y confundido Ecuador del siglo XIX, no fue por sí rupturista, violento y anticlerical, menos etnocentrista y clasista, pero puede parecerlo, no porque su convicción le obligó intentar la construcción de un nuevo Ecuador, sino porque el clero monopolista del saber y los latifundistas del oligopolio absoluto, reaccionaron al ver que sus privilegios e intereses corrían el riesgo de perderse.
La honestidad intelectual liberal, se hizo praxis extraordinaria en la persona común, don José Eloy Alfaro Delgado. Pensamiento y acción se conjugaron en el Alfarismo Liberal, aquel que estaba decidido a convertir al Ecuador en una prestigiosa República moderna, unida y decidida. En una Patria que sea para todos los ecuatorianos. Una Tierra de salud, progreso e inteligencia.
Ante la excomunión, el desprestigio, el odio y la violencia, la política y la guerra civil, obligaron al radicalismo a muchos liberales. No les dejaron alternativa, el campo de combate sería la fragua no sólo para conquistar la modernidad, la justicia y la libertad, sino el propio honor, el derecho a la vida y a pensar.
Ante el testimonio de la historia, se descarta que el laicismo ecuatoriano nació ateo, marxista y anticlerical. Decir que el laicismo es ateo es como afirmar que el patriotismo nació antipatriótico o que podemos renovar el catolicismo latinoamericano, imponiendo misas en latín.
Otros testimonios de la historia son que el laicismo ecuatoriano tuvo influencia del marxismo, cuando éste toma forma en el Ecuador, después de la Revolución Conchista y no guarda relación con ésta; y que si bien es cierto, la religión no fue impuesta por el Estado, éste se alió con la religión, aprovechando su influencia sedante de las masas populares.
El Alfarismo Liberal es sinónimo de laicismo ecuatoriano, que como cualquier laicismo, busca abrazar la libertad de credo y de conciencia, con un sentido de respeto en un nivel superior.
A principio del siglo XXI, algunas cosas han cambiado desde fines del siglo XIX. Ecuador es un estado laico y democrático, podemos tratar sobre laicismo sin que un obispo “Schumacher” nos haga caza, no quemarán los ejemplares de El Autonomista en una pila, ni destruirán la imprenta, símbolo de la libertad del pensamiento. Otras no han cambiado, como la construcción y reparación de iglesias con dineros municipales, aulas en recintos religiosos por parte de entes provinciales, la jerarquía episcopal sigue siendo un actor político y muchos alcaldes y autoridades tratan de convertir en un confesionario a sus despachos y en un altar al salón de la ciudad. No ha faltado algún candidato a la presidencia, que haya convertido en romería a sus concentraciones políticas.
El Alfarismo Liberal, pese a que pudo serlo, se negó a ser un secularismo salvaje. En el ejercicio gubernamental no tuvo dogmas. No sólo respetó a la iglesia tradicional, sino que permitió la libertad de culto, porque así se multiplicaban los valores humanos, se fortalecía la igualdad desde la diversidad y el pueblo encontraba la fortaleza frente a los avatares de la reforma interna y la amenaza militar externa.
Alfaro y los suyos, con la honestidad intelectual liberal que los caracterizaba, profundizó en el concepto y los contenidos del laicismo, y los aplicó en la construcción de la democracia y la educación popular. Eloy Alfaro aún siendo Gran Maestro, no impuso a nadie la condición de adherirse a la masonería. Para él, laicismo significaba respeto al otro y a todos, su gobierno fue como una tenida blanca en la pluralidad de la ciudadanía, que después de él, hizo por él y con él, la lucha contra la imposición de cualquier tiranía, venga ésta del poder económico, del poder político, del poder religioso, por eso no sólo estará presente con un mural y dos monumentos en la próxima Asamblea Constituyente, sino por su vida, pensamiento y obra que probó la necesidad de evitar que el manejo de la sociedad, a través del Estado, quedara sumido bajo arbitrio religioso o fundamentalista.
Sin embargo, como ya se dijo, entre nosotros están políticos-religiosos y religiosos-políticos, que atraídos por la riqueza, la influencia y el poder, creen también poseer la verdad e imponerla a la sociedad, misma que siendo privada del conocimiento y la información queda sometida. Bien ha dicho la voz de la fraternidad, igualdad y libertad: ‘Hemos sostenido que no puede haber igualdad cuando unos pocos lo tienen todo y tantos no tienen nada. Pensamos que no puede haber fraternidad cuando la explotación del hombre por el hombre es la característica de un régimen o de un sistema. Porque la libertad abstracta debe dar paso a la libertad concreta. Por eso hemos luchado…”
Verdades y desafíos para un laico de hoy, que unido a millones de hombres y mujeres ecuatorianos, avanzarán hacia nuestra autonomía nacional, libertad de pensamiento y el respeto a la opinión ajena, tolerancia política y religiosa, metas que pueden alcanzarse si probamos en los hechos, nuestro deseo, voluntad y convicción.

