Avanzar al Cambio

POR Juan Ramón Cevallos Viteri
El mundo avanza, la técnica y la ciencia corren. La civilización pluralista se globaliza y el hombre universal es el eterno luchador, único mérito que no se mide con el título profesional ni con el conocimiento de los clásicos de la literatura.
Este es el hombre que se caracteriza universal, que entiende y no se despega de la realidad y sigue en ella con triunfos y reveces sin enredarse en los hilos intelectuales porque en la sangre bullen las ansias de combatir y servir.
El intelectual sigue su vida muelle cuando afectado de timidez anuncia el futuro porque su vocación de escribir lo relega de la acción que exige presencia física en las calles, en la barricada, en la tribuna como requisitos para el combate del hombre del tercer milenio.
El pensamiento en unidad con la acción hace falta para las grandes realizaciones con mentalidad abierta a los hechos y circunstancias que se presentan. Hay que recoger las lecciones de la historia para sacar enseñanzas y ordenar a los países del mundo, víctima del seudo intelectualismo frustrante de pueblos y naciones.
El Hombre seducido por honores, títulos e ideas que de a poco las abandonan porque no hay la convicción ni la lucha permanente y combativa para seguir liberando al Hombre hacia objetivos superiores, canalizando las inquietudes de mejoramiento y bienestar a lo que debemos entregarnos con sangre y hueso.
La crisis económica que vivimos, grave de por sí, se agudiza cuando comienza a incidir notoriamente en los principios de la ética y la moral, y es aquí cuando surge la imperiosa exigencia del cambio con revolución blanco roja pero en todo caso hay que hacerla, y ya.
La revolución obedece a un proceso que tiene que operar, primeramente con un cambio de actitud, de mentalidad de los políticos, de los líderes, de los gobernantes, del profesional, del hombre en general, dejando de lado las propias conveniencias sin prestarse a la solidaridad oligárquica ni con la bancocracia que ha terminado con las cumbres más altas de los valores políticos y profesional, por lo que hasta hace poco podíamos enorgullecernos no como ahora que nos encontramos descabezados políticamente, sin líderes que orienten y arrastren una poderosa corriente de opinión favoreciendo a fondo el cambio y no lo hemos hecho en estos últimos gobiernos, dando soluciones a medias a los problemas socio-económicos, copiando leyes e instituciones que no encajan en nuestra compleja realidad.
No necesitamos nuevas leyes porque tenemos en exceso para Administrar Justicia y sancionar a los corruptos, mas lo que necesitamos es un gobierno con voluntad política, jueces y magistrados para aplicarlas. No hay que enredarse con la cantaleta de aprovechar las coyunturas. Esta no es la solución al problema de ahora, es el hombre que tiene que cambiar de aptitud, de mentalidad y los gobernantes tener voluntad política para el cambio y actuar sin necesidad de sacrificar al pueblo con impuestos porque éstos lentamente van “matando” a los sectores más pobres y necesitados del país que ya no aguantan más.
Vaya un ejemplo. El Consejo de Judicatura procede a sancionar a Jueces o Magistrados comprobada la irregularidad o la corrupción, suspendiéndolo por pocos días o en algunos casos, uno o dos meses sin sueldo y cumplida la sanción regresan a someter los mismos actos de corrupción pero a ninguno se lo destituye cuando son reincidentes, y así ¿Para qué Consejo de Judicatura?… ¿Para qué los concursos de oposición y merecimientos si los que ganan, en mayoría de los casos, son los que menos merecimientos tienen?… En este país en que todos nos conocemos es cuestión de poner en conocimiento de la opinión pública los nombres de los candidatos a Jueces y Magistrados y con su pronunciamiento es suficiente porque de otra manera, tal como se los lleva ahora, gana el que más títulos comprados tiene, certificados falsos presenta, se inscriben en seminarios y no asisten y si asisten no asimilan; en cambio con la opinión ciudadana es suficiente y sobra para elegir a los mejores, comprobado el acto de corrupción se lo cancela y según la gravedad se le retira el título. En esta forma el profesional se ve obligado a cuidar el puesto y defender su profesión con capacidad y probidad.




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