AUTONOMÍA Y CULTURA
Mejorar el destino de los pueblos en la fase del subdesarrollo, requiere de un elemento que vaya directo a la mente de ese pueblo con el propósito de inyectarle a su conciencia el nuevo despertar que lo ponga en pie de lucha, en movilización constante y que llegue hasta el sacrificio conforme lo requieran las circunstancias.
El móvil fundamental para fortalecer este conocimiento es aquel que está vinculado con la cultura; si entendemos por cultura aquel proceso mental que genera el conocimiento en el espíritu del hombre, que orienta la conducta humana con nuevos derroteros y que requiere de la construcción de senderos para abrirse paso.
Sociedad que no se nutre de un nuevo despertar en los niveles de una educación para mejorar nuestra conducta, de una cultura ilustrada en las bases de ciertas normas fundamentales de sabiduría y respaldada en una organización social, económica, política y jurídica, como lo es el sistema autónomo socializador; está condenada a vivir de las viejas prácticas sociales que caracteriza a las formaciones humanas divididas en clases, en alto nivel de analfabetismo y de una injusta distribución de la riqueza nacional.
La nueva consigna sea la de los conductores de masas consagrados a formar este nuevo estado de conciencia, esta idea creadora del hombre nuevo, unificador de los pueblos, de masas insatisfechas y decididos a orientar a la sociedad inconforme sumidas en la desocupación, en el abandono y la explotación inmisericorde. Autonomía y Cultura sean las nuevas propuestas canalizadoras del hombre manabita en su lucha por hacer de esta Región la tercera vía o la tercera fuerza más importante del país.
Que de nuestra provincia salga el empuje vigoroso de organizarnos conforme a la Autonomía y a una nueva Cultura humanista que genere la fuerza impulsadora de una gran campaña en cada uno de los cantones y en cada uno de sus pueblos y habitantes; tanto en el sector urbano como en el sector rural, brecha en donde más se concentra la miseria humana.
Manabí está en pie de lucha y no dará un paso atrás en la propuesta de la Autonomía socializadora; insistirá aún en contra de los intereses de grupos económicos que no miran más allá de sus bolsillos y de sus conveniencias, bajo la consigna de un Manabí único, ejemplar y progresista: “Nada atrae tanto como la defensa de lo justo”.
Demandamos esta propuesta al gobierno para que tome el cauce prioritario de una política de Estado al margen de las conveniencias de ciertos círculos cercanos al poder, obsesionados por controlar el pulso del país en el área económica y en el control geopolítico nacional.
La tarea es ardua y difícil, exige el sacrificio de las grandes tesis y posiblemente, al abrirse paso, las posiciones nuevas contra las viejas pierdan la valiosísima fuerza que la sostenga en la lucha inexorable por despertar a una nueva aurora donde haya un poco de paz, un poco de justicia y un poco de libertad en cada uno de los habitantes del Ecuador.
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