El Autonomista.com

Febrero 23, 2008

ANÁLISIS INTERNACIONAL

Clasificado bajo: Opinión, Edición 233 — El Autonomista @ 2:14 pm

Los jóvenes y el futuro

de América Latina


Washington Daniel Gorosito Pérez
e-mail: danielgorosito@prodigy.net.mx
Desde México D.F.

Tendemos a decir que los jóvenes son el futuro.
Según el informe titulado Trabajo decente y juventud en América Latina, elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) organismo de las Naciones Unidas, en América Latina y el Caribe, 22 millones de jóvenes no estudian ni trabajan.

Esto quiere decir que el 21% de la población de 16 a 29 años de la región, o sea uno de cada cinco jóvenes no se dedica a nada. Es importante tener en cuenta que la población juvenil de América Latina asciende a 106 millones. De acuerdo al documento el desempleo juvenil es un “importante problema” para los países de la región.

Estos millones de jóvenes representan una posibilidad de crecimiento económico siempre y cuando se les den oportunidades.

La Organización Internacional del Trabajo alerta que un sector fundamental de la población no encuentra las vías para integrarse al proceso productivo en sus países, y por tanto “quedan excluidos o en la periferia del desarrollo social y económico”.

Por ende esto genera una “esquizofrenia social”, ya que se les pide a los jóvenes decidir el destino de su país, “pero no se les brinda la oportunidad de ser útiles con un trabajo digno y decente, lo que podría estar en la raíz de gran parte de la inconformidad que hemos visto surgir en los últimos años”.
Agreguemos a esto las tasas de drogadicción, consumo de alcohol y suicidios que se han incrementado entre los jóvenes de América Latina.
El estudio señala que la situación de “desánimo” que enfrentan los jóvenes es un “despilfarro” de energía creativa y un obstáculo para competir con éxito en la globalización.
Tengamos presente que las repercusiones sobre este importante grupo poblacional, sobre el que deberíamos descansar las opciones de futuro, pueden ser devastadoras tanto en lo sicológico como en lo social.

El informe también señala que la credibilidad en las instituciones democráticas “puede resentirse ya que se da la situación de quienes por primera vez salen a buscar empleo también votan por primera vez”.

A ello se suma que millones de estos jóvenes que no estudian ni trabajan, enfrentan el hecho de que la pertenencia a un género o raza pueden dificultar el acceso a trayectorias de trabajo “decente”.

En el informe destaca que cada país debe construir y revisar periódicamente, con el concurso de los mismos interesados, una institucionalidad adecuada para la promoción de trayectorias de trabajo decente de sus jóvenes.

Esto supone una mejor articulación con la evolución que va teniendo el mundo productivo, lo cual hace necesario un inteligente marco regulador que combine protección y promoción de los trabajadores, sin excluir a los jóvenes, por lo que la educación y formación para el trabajo es esencial.

Es imprescindible señala la Organización Internacional del Trabajo (OIT), desarrollar la capacidad emprendedora de los jóvenes y orientarlos a la iniciativa empresarial, “no por falta de trabajo sino como una manera de contribuir a la creación de mejores empresas y empleos”.

Por ello, afirma es necesario proteger los derechos laborales de los jóvenes empleados para integrarlos a una cultura digna de trabajo, pues la promoción de la mejor inclusión social de ciertos grupos de mujeres jóvenes, así como de la juventud rural e indígena, es importante para que América Latina y el Caribe “aprovechen la totalidad de la laboriosidad y creatividad de los jóvenes en la construcción del desarrollo humano”.

Si los gobiernos de la región no actúan de manera rápida y si como al principio de este artículo, seguimos pensando que los jóvenes son el futuro, entonces el mismo no se presenta nada promisorio para América Latina, excepto que ya empecemos a hacer algo por ellos.

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