El Autonomista.com

Julio 24, 2009

Clasificado bajo: Opinión, Edicion 259 — El Autonomista @ 11:59 am

   

 

 

El hermano Miller

 
Douglas Vaca Vera
 

Llega un guerrero. Un luchador. Un científico. Un ser humano que supo recorrer desde el Alfa hasta el Omega. Un manabita que ha puesto muy en lato el nombre de nuestra tierra. Que ha recorrido el planeta con sus propios recursos (sin ser burócrata o dependiente). Un rebelde. Constructor de utopías. Ecuatoriano Ejemplo para nuestra juventud y senectud.

Llega un ser entrañable. Sangre de nuestra sangre. Acero y arcilla. Cóndor y colibrí. Nuestro hermano, el Doctor en Medicina y Cirugía MILLER VACA VERA. Graduado Ecuador (Universidad Central) y en los Estados Unidos de América. Llega con su hija mayor (Elizabeth), su esposo y varios de sus nietos. Vienen a visitar las tumbas de nuestros padres, en el cementerio de Portoviejo. A reunirse con la familia y los recuerdos. Nuestra Madre Juanita, nos espera en el cielo. Nuestro Padre Aurelio, también está en su trono.

Y tú regresas, hermano Miller. Una vez más desde siempre y hasta siempre. Aquí estamos tus hermanos y esta gran familia, que ya tiene proyecciones en los cinco continentes: la sobrina Lucy Mendoza Vaca, vive en Suiza. La nieta Ana Paula Vaca Cedeño, es la mejor alumna en la clase de su escuela en Florida, ha ganado la distinción de visitar la Casa Blanca. Al presidente Obama, junto con otros niños norteamericanos, en premio a su aprovechamiento excelente.

Aquí estamos los hermanos, cumpliendo activamente con la vida y el trabajo. Doña Letty, Gladys, María, Elizabeth. Los varones: Walter, Luis y este escribidor: todos con la sangre rebelde de Pintag y Alfaro.

Que disculpen mis lectores esta efusión de hermandad. Son cosas que salen del alma. Porque somos seres humanos, con virtudes y defectos. Con sueños y realizaciones. Con ideales y esperanzas.

Hermano Miller, habrá que pensar también en lo ineluctable. Allá donde nos esperan nuestros Padres. “Tierra somos y a la tierra volveremos”. Quisiéramos que te quedaras entre nosotros. En la tierra manabita, que es la mejor arcilla de nuestras vivencias. Aquí nuestro pueblo, razón de nuestra existencia.

Si decides retornar… nos encontraremos en el Cosmos… en la galaxia Andrómeda… para repetir estos versos de Amado Nervo: “Amé, fui amado. / el sol iluminó mi faz. / ¡Vida nada me debes! / ¡Vida… estamos en paz.”

 
 
 
   
Mucho carro para poco seso
Lcdo. Ángel Bello Saldarreaga
 

Realmente este es uno de los artículos que me ha hecho sudar la “Gota Gorda” para su inicio; por lo que empiezo pidiendo vuestra comprensión si hay algún error en su contenido.

Se hace necesario en muchas ocasiones hablar con claridad, decir la realidad y dar a cada cosa su verdadero nombre.

En los actuales tiempos hay tantos, pero tantos accidentes de tránsito que han matado y siguen matando más seres humanos que el sida, el cáncer y la gripe porcina o (AH1N1) juntas: pero ¿cuál es la verdadera causa para esto? Las leyes de tránsito son muy buenas, actualmente duras y costosas (hablando de las sanciones económicas) pero aun así no disminuye el índice o la cantidad de accidentes de tránsito que se dan a cada instante, sí, sin exagerar a cada instante; unos más fatales que otros, y si no preguntemos a los señores del Cuerpo de Bomberos, que más acuden a levantar heridos y muertos en calles, avenidas y carreteras, que a apagar los incendios.

Entonces ¿qué está pasando? No será que los carros son demasiado sofisticados para conductores con poco seso o cerebro; pues hay muchos ejemplos por aplicar y aquí sí al que le caiga el guante que se lo chante, reza un conocido refrán.

Los vehículos, actualmente alcanzan velocidades descomunales a tal punto que ni bien se aplasta el acelerador salen prácticamente “volando”; aquí en Manta el que se atreva a cruzar la calle (9) de norte a sur o de sur a norte, pobre de aquel peatón que ande despistado, encomiéndese a Dios, porque de seguro lo mandan al cementerio que es la antesala del cielo o el infierno.

Si te vas de viaje, antes de hacerlo, reza el Santo Rosario porque esos bárbaros de las cooperativas intercantonales e interprovinciales te dejarán sin aliento y si eres cardíaco no le grites al conductor: “¡pare!”, porque lo único que se parará será tu corazón; así que agárrate bien de tu siento, cierra los ojos y ponte a rezar, porque la velocidad que imprimen estos bárbaros, especialmente cuando van disputándose la delantera es una velocidad de infarto.

Muchos señores taxistas, parece que se han tomado muy a pecho eso de la “fuerza amarilla” porque manejan con tal vehemencia que ponen los pelos de punta hasta a los calvos.

Y los pelucones y no pelucones manejan como que si han comprado las calles de la ciudad y muchos hasta se dan el “lujo” de invadir vías o carriles, irrespetar semáforos y discos “pare”, virar o girar en una esquina sin encender la luz de guía, de tal suerte que los peatones tenemos que convertirnos en adivinos para saber en qué momento van a virar o girar los carros.

Señores conductores o choferes, los vehículos no piensan por ustedes; son ustedes los que tienen que pensar y estar conscientes de que manejar un carro es algo muy serio, y que este medio de transporte si no se lo maneja con prudencia, con responsabilidad, respetando las leyes de tránsito, éstos se convierten en herramientas de destrucción para peatones y para ustedes mismos, conductores o choferes.

Y en lo que se viene más adelante, nosotros los peatones o transeúntes a poner las “barbas en remojo” porque también será sancionada y castigada la imprudencia de los peatones.

Señores choferes respeten las cebras (los pasos) aunque no estamos en África.

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