El Autonomista.com

February 24, 2009

Filed under: Edición 254,Opinión — El Autonomista @ 11:57 am

Caimanes


Juan Ramón Cevallos Viteri

Los caimanes que vivían en las humedades de la Segua del cantón Chone habían desaparecido, según los moradores del lugar hace unos 50 años, hoy reaparecen en su propio medio protegidos por los defensores de la biodiversidad del ecosistema lo que nos parece bien, desde luego con las protecciones y medidas que aconseja la ciencia para que en lugar de constituirse en una amenaza para la vida y la destrucción de sembríos convivan con asistencia técnica para un mejor desarrollo del turismo a todo nivel.

Mientras este fenómeno se presenta en la naturaleza y es motivo de estudio, en nuestra sociedad, aparecen los caimanes de dos patas amenazando la convivencia civilizada y solidaria, donde caimanes que se multiplican y aparecen con voracidad llevándose todo mientras los hombres honestos, se esfuerzan por eliminarlos antes que ellos terminen con la sociedad que además está acosada por las enfermedades y vicios de la época como el cáncer, el sida, la diabetes, las drogas, la sexualidad comercial y desnaturalizada por un mercantilismo corrupto-inmoral con peligro de extenderse por toda la faz de la tierra dando lugar a otros peligros en donde correrá sangre hasta de inocentes, esto es, las reacciones populares que pueden terminar en una confragación mundial tratando de extirpar las raíces del mal.

El caimán de la Segua es un reptil que merece protección y cuidado en su hábitat pero el caimán de sociedad es un “reptil” devorador del bienestar, del progreso, de la armonía, de la paz, del trabajo de la comunidad cuya voracidad es cada vez más agresiva extendiendo sus garras hasta las instituciones de beneficencia.

Todavía estamos a tiempo para detener este avance que se presenta generalizado e incontenible contra la sociedad solidaria, trabajadora y progresista; cada vez se pierden más los valores de la verdad, la justicia, la dignidad, el honor, la decencia en la democracia patoja que vivimos, culpable de la decadencia porque los malos son mayoría, y en democracia se imponen las mayorías, lo que significa que tenemos que hacer un decidido alto para una revisión de las instituciones, de la educación, de la política, de la conducta del hombre sino queremos contribuir a un cataclismo mundial donde todo desaparezca y convertir a la tierra en un desierto como se ha convertido otros planetas, no olvidemos que el calentamiento mundial y la contaminación ambiental más los tsunamis son síntomas peligrosísimos de lo que vendrá si seguimos indiferentes y engreídos de los privilegios con lo que nos dotó la naturaleza. En este nivel tenemos que unirnos con nuestros propios pensamientos y gobernantes para cumplir a cabalidad con los deberes, para luchar unidos ciudadanos y trabajadores, guardando los aperos y los frutos del trabajo honrado y responsable sin permitir que la maniobra artera, audaz y cínica acapare y viva enriqueciéndose con y en la corrupción.

Si el avance de la corrupción es incontenible, el pueblo tiene que organizarse y hacerse justicia con sus propias manos. ¡No queda más!… ¿de quien es la culpa de lo que vendrá?…Los políticos no comenzaron por transformar y cambiar la sociedad para que devengan en bienestar. Profesionales que parecieran que estudiaron para la corrupción, que tras una aparente educación y elegancia en el hablar, ya en el terreno de la acción muestran el comportamiento que señala la abundancia de bienes mal habidos que en muchos casos, ni producen ni dejan producir por lo que este Gobierno de Correa bien ha hecho, disponer que la tierra improductiva se la entreguen a los que la trabajan. El profesional de ayer, modesto en el vivir, incursiona en la política y a poco entra en la opulencia alardeando después de los bienes mal habidos que merecen una sanción por el Gobierno del Cambio para no convertirse en biombo en donde todo es igual y tal vez, peor que antes. Mucho cuidado Señor Presidente con el colaborador fingidor, artero, simulador o desleal que desinforma, tergiversa o esconde. El Gobernante sin apartar los ojos de los objetivos de la Patria debe tener una sana desconfianza porque en política hasta los santos traicionan.

La actuación del Gobierno tiene que ser ya y sin contemplaciones antes que la corrupción complete su invasión dejando desolación en donde ayer había progreso, bienestar, y la moral, era garantía del trabajo responsable, la justicia brillaba con los conocimientos de letrados sin seminarios, pasantías, maestrías comerciales que adoban de aparentes conocimientos otorgados con títulos y diplomas pagados por una falsa educación comercializada.

Busquemos los valores de las personas para servir con justicia y equidad a los demás o caeremos derrotados por la corrupción que siempre ha estado presente en la humanidad. No olvidemos que nosotros somos los artífices de nuestro destino. Somos lo que queremos. No perdamos el optimismo y luchemos por el cambio que todavía late en los pechos y en la mente de los patriotas profesionales y la mayoría de los ecuatorianos.

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