El Autonomista.com

Julio 24, 2008

Clasificado bajo: Opinión, Edicion 243 — El Autonomista @ 12:10 am

El niño y la falta de apetito

Carlos Intriago Solórzano | CarlosIntriago.medic@hotmail.com

Cuando los infantes están en ese período de crecimiento desde los seis meses en adelante, su sistema digestivo comienza a trabajar en la futura y real digestión de los nutrientes que le beneficie para su desarrollo físico e intelectual. Además de esto, hay muchas madres que prosiguen con la lactancia materna que le proporciona al bebe más protección y refuerzo a su sistema inmunitario.

Sin embargo, conforme el tiempo pasa, los niños van probando diferentes clases de alimentos cuyos sabores gustan y otros no; en cierta forma eso es normal en todos los pequeños, lo peligroso está cuando no tenemos cuidado a la hora de darle las comidas y que justo su programa de TV pase en ese instante y se distraiga fácilmente, olvidando comer. Otros efectos negativos para la falta del apetito surge con las clásicas recompensas por el comportamiento o alguna gracia que practiquen y les proporcionen dulces o glúcidos en exceso; lo que explica cuando muchas veces prefieren un chupete a una sopa de legumbres por ejemplo. Esto condiciona angustia en las madres, pues enseguida se piensa que el niño se va a desnutrir, que tiene parásitos o alguna enfermedad grave, lo cual causa una situación tensa en esta conexión madre-hijo, pues con el afán de que el niño coma con gran frecuencia se cometen excesos, que con mucha paciencia podrán ser corregidos a tiempo.

Desde luego que Las parasitosis son a menudo la explicación que todos los padres adjudican para justificar esta falta de apetito en su hijo y en nuestro medio, es muy común recurre en ocasiones a tratamientos indiscriminados de “desparasitación” en forma empírica con brebajes y preparados y sin supervisión médica; sin tener en cuenta que el uso de estos “limpiadores intestinales a la larga pueden destruir el epitelio del intestino; dando un efecto de rebote que cause más perjuicio que beneficio. Otras veces la automedicación farmacológica no se sigue como lo indica un médico sino como la vecina le aconsejó lo que le dieron a un amigo adulto, creyendo que la dosis es igual para infantes, incrementando entonces la aparición de efectos adversos en el paciente.

Si bien es cierto que las infecciones parasitarias son una causa importante de falta de apetito, no siendo la única de origen infeccioso, pues podemos encontrar patologías por virus o bacterias que están ocultas; allí entran los exámenes médicos como un hemograma, examen de heces y orina que nos ayude a buscar la solución a su problema de anorexia infantil, por ejemplo la infección de vías urinarias, para la cual contamos con pocos síntomas en niños pequeños, pero uno de los datos constantes es la falta de apetito, dichas infecciones deben de ser sospechadas o buscadas por un médico antes de que se intente iniciar un medicamento en forma empírica incluyendo la costumbre de desparasitar periódicamente a los niños sin previa valoración médica.

Algunas otras enfermedades crónicas o malignas tienen como antecedente haber iniciado con falta de apetito, fatiga, fiebre prolongada, entre otros síntomas, de tal forma que tampoco puede ser un dato que se pueda subestimar, es importante saber que la anorexia puede acompañar a enfermedades banales, severas o simplemente ser parte de los cambios de conducta de los niños.

Hecho el diagnóstico, el siguiente paso es el tratamiento específico para el mal con antibióticos, desparasitantes, y en ocasiones hidratación venosa u oral. En todo caso, el uso del hierro puede a más de corregir la anemia, estimular las ganas de alimentarse y complementar con vitaminas y una gama de comidas que poco a poco vaya degustando hasta proporcionarle el peso adecuado para la edad que le correspondería en su normal crecimiento.

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